El Tren Maya, aún no parte

Desde su anuncio oficial, el proyecto del Tren Maya ha enfrentado resistencias de pobladores y organizaciones civiles del sureste. El actor más visible es el EZLN, pero figuran también comunidades mayas asentadas en Campeche, Quintana Roo y Yucatán.

La oposición se debe a la alteración que sufrirá el ecosistema, principalmente en la zona de Calakmul, y a la negativa de ejidatarios a aceptar la indemnización del gobierno para convertir sus terrenos en vías del tren.

Diversas organizaciones argumentan que la consulta en donde ganó el “sí” con un 92.3 por ciento, fue “amañada” y poco incluyente. Por eso, indígenas de Campeche promovieron un amparo para suspender la construcción del tren, lo cual obtuvieron favorablemente hace unos días. Esto obliga al gobierno mexicano a realizar una nueva consulta, pero bajo “las formas de deliberación y toma de acuerdos de las comunidades” afectadas. Fonatur, coordinadora de los trabajos, rechazó la semana pasada, sin embargo, que exista tal suspensión.

La consulta, como documentó Chiapas Paralelo, tuvo poca afluencia. Ángeles Mariscal informó que en Estación Lacandón, Palenque, acudieron 189 personas, de las cuales 151 votaron a favor. En total, participaron poco más de cien mil personas.

El Tren Maya es el proyecto de la 4T que más resistencias ha registrado de ambientalistas y miembros de comunidades indígenas. Los primeros en alzar la voz fueron los zapatistas. Recién iniciado este año, en voz del subcomandante Moisés,criticaron al gobierno por mantener esa propuesta: “Hace un año, en diciembre de 2018, el capataz que ahora manda en el lugar que se llama México, hizo una simulación de que pidió permiso a la Madre Tierra para destruirla, entonces siguió a unas cuantas personas disfrazadas de indígenas y le pusieron a la Madre Tierra un pollo, trago y tortillas. Así cree el capataz que la Madre Tierra le da su permiso para matarla”.

Trazo del Tren Maya

Otras organizaciones, como la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar y Amigos de Calakmul, han alertado sobre la fragilidad a que se someterá el ecosistema de la región. Nadie duda, además, que el Tren Maya incrementará el número de visitantes a la zona arqueolóigca, que ahora registra 700 mil habitantes anuales, pero que desgastarán más el santuario de Pakal.

Por el lado de la inviabilidad financiera, el IMCO también ha sonado las alarmas al indicar que el proyecto, estimado entre 120 y 150 mil millones de pesos, podría incrementarse entre cuatro y diez veces más, como ha sucedido a menudo en este tipo de trabajo. Eso elevaría el costo a los 479 mil hasta el billón 600 mil pesos.

Otro aspecto que podría resultar perjudicial, es que el Tren Maya será financiado en un 90 por ciento por la iniciativa privada, pero el gobierno mexicano deberá pagar intereses, capital y mantenimiento durante 30 años a las empresas financiadoras.

Si bien el 66 por ciento en donde se desplazará el tren es propiedad del gobierno, el 34 por ciento deberá negociarse con más de 40 ejidos de Campeche, Quintana Roo y Mérida; incluso en Chiapas se tiene contemplado adquirir 200 hectáreas.

La extensión de las vías férreas en nuestro estado del Tren Maya serán realmente pocos, unos 42 kilómetros del tramo Palenque-Tenosique, es decir, apenas el 2.8 por ciento de los mil 452 kilómetros. El grueso de las vías se extenderán por Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

La importancia de Chiapas no es por su extensión en vías, sino porque en Palenque arrancará esa obra monumental, con la construcción de una estación modelo en Pakal-Na, colonia ubicada a un kilómetro del centro de la ciudad, y muy cerca del rancho La Chingada, propiedad del presidente de México.

 

 

Con estos datos, podemos considerar que más que el aeropuerto de la Ciudad de México, el verdadero símbolo en infraestructura de la 4T será el Tren Maya, pero por los problemas que se multiplican en los municipios y ejidos por donde se moverá la nueva bestia del sureste, amenaza con descarrilar.

Para concretar este proyecto, es necesario atender a los inconformes y repetir una consulta transparente y participativa, que refleje el verdadero sentir y deseo de los habitantes de la región. Ese es el reto.

 

 

 

 

 

 

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