…Y los sueños coitos son

Casa de citas/ 489

…Y los sueños coitos son

Héctor Cortés Mandujano

 

El azar, caminando por la calle, me regaló una imagen que me hizo creer en el futuro, sonreír, recordar mi pasado: una muchacha (jeans, pelo largo, 19-20 años) venía por la acera con un libro abierto, casi sin ver dónde caminaba, embebida en la lectura. No pude leer el título, pero no parecía un libro básico ni de lectura obligatoria. Era una jovencita gozando de la lectura. Para alguien como yo, a quien leer ha marcado tanto, ese fue como un regalo. Sigue así, muchacha anónima: verte me ha hecho feliz.

 

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Ilustración: HCM

Leo, veo, disfruto Toledo-Monsiváis (Conaculta, Era y otras editoriales, 2015), catálogo de la exposición que tuvo lugar en el Museo del Estanquillo, con textos de Monsiváis en torno a la obra de Toledo y con muestra de varios de sus trabajos conjuntos, además de otras aproximaciones a ambos artistas hechas por Rafael Barajas, Elena Poniatowska, Sergio Pitol…

El libro es una delicia y te comparto lector, lectora, algunas líneas que me gustaron.

Octavio Paz, a partir de la escritura y la multitud de temas deshebrados (películas, libros, cómics) por el gran Monsi, dijo, vale la pena recordarlo (p. 26): “Monsiváis, un nuevo género literario”. Juan Villoro escribió después un libro al que tituló así: El género Monsiváis.

Dice Monsiváis, en “Que le corten la cabeza a Toledo, dijo la iguana rajada”, que este enorme pintor juchiteco (p. 88) “ni cree en el respeto o en la falta de respeto al espectador”, y parodiando la línea icónica de Calderón de la Barca, a propósito de la sexualidad explícita de las imágenes que nos ha regalado Toledo, escribe: “Que toda la vida es coito y los sueños coitos son”.

En “Toledo y Borges: Las zoologías complementarias”, Monsiváis cuenta una de las mitologías oaxaqueñas (p. 122): “Si ves al zopilote montando a la zopilota, se muere tu familia”.

Escribe sobre el pintor en “Francisco Toledo: ‘Ni igual, ni semejante, ni distinto’ ” (p. 130): “Como todo artista de consideración, es un blasfemo”.

“Monsiváis catequista” llamó Sergio Pitol al texto donde escribe (p. 142): “Escribir es, pues, un resultado del azar, del instinto, un acto involuntario, de las miles de horas de lectura cada año, en fin, un fatalismo”.

Elena Poniatowska llamó a la entrevista que hizo al hombre de letras “Los pecados de Carlos Monsiváis” y en ésta él, zumbón, declara (p. 155): “El Chupacabras es folclor urbano que desapareció en cuanto lo identificaron con Carlos Salinas. No soportó la comparación”.

Entrevista Poniatowska a Toledo y éste le cuenta algo que yo no sabía (pp. 164-165):

“Toledo cuenta que la primera vez que llevó su obra al galerista Antonio Souza, éste le preguntó:

“—¿Cómo te llamas?

“—Benjamín López Toledo.

“—Te vas a llamar Francisco Toledo.

“A partir de ese día Toledo no volvió a responder al nombre de Benjamín.”

 

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Vi Colmillos (2009), del cineasta griego Yorgos Lanthimos, sobre un padre que mantiene encerrados por años a su mujer y a sus hijos, lo que me recordó El castillo de la pureza, dirigida en 1972 por Arturo Ripstein, con un guion, basado en la vida real, coescrito con José Emilio Pacheco, que contó con muchos años de diferencia la misma historia (está en Youtube). Las dos películas valen mucho la pena.

 

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En el sueño nada está quieto nunca:

mudar, mudar, ésa es la ley del sueño

Hiriart,

en Sobre la naturaleza de los sueños

Como soy un soñador pertinaz, no estoy de acuerdo con muchas de las cosas (que no se puede leer algo que no se haya leído en vigilia, que no se recuerda a detalle, etcétera) que dice Hugo Hiriart en Sobre la naturaleza de los sueños (Editorial Era, 1995). Pero él es honesto en su prólogo y evita cualquier discusión (p. 7): “No soy especialista ni experto en nada ni sé más que tú de nada”.

Me gusta una de sus citas (p. 53): “Ya lo dijo Flaubert: para que una cosa se vuelva interesante, basta contemplarla largo rato”.

Dice Hiriart aquí algo que ha dicho en otros libros. Me parece cierta (pp. 58-59): “La imaginación construye con lo que sea, con el menor fragmento”.

Escribe sobre la materia de su libro (p. 135): “Lo que es simultáneo en el sueño se hace sucesivo al contarlo. Pero si quitamos el tiempo (porque en sueños no hay tiempo) y si no lo contamos (porque el sueño no narra), si describimos el sueño, entonces aparece la gota imaginativa”.

Precisa (p. 140): “El sueño es resultado de la interacción de dos tipos de elementos diferentes: conjeturas sucesivas a partir de recuerdos azarosos, por un lado, y memoria por otro lado”.

Aborda Hiriart, por supuesto, a las pesadillas y reflexiona (p. 156): “Lo siniestro es ambiguo: una tarántula es una piedra que, de pronto, se mueve; inversamente un cadáver el algo que debería moverse, pero ya no se mueve. La parte primitiva de nuestra mente se inquieta ante esta zona de ambigüedad”.

En esto tampoco estoy de acuerdo con Hiriart, porque yo lo hago constantemente en lo que escribo (p. 165): “La actividad de soñar es remisa al discurso articulado, a su puesta en palabras”.

En el libro habla de una obra de teatro (Higinio o descripción de un animal dormido), que estaba ensayando cuando escribía el libro. Me gusta lo que dice del arte, creo en ello (p. 186): “El estilo nace del constreñimiento, de lo que no te permites hacer. Quien no ha aprendido a limitarse, todavía no es artista”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

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