Nuestros fieles difuntos


Foto: Isaín Mandujano

El tiempo va que vuela en su vertiginoso tic-tac. El cambio del clima, el olor que se esparce a través del viento, los colores en las flores de temporada, nos van indicando que se acerca noviembre. De las cosas que disfruto en esta época es el color que se observa en las flores silvestres que crecen en el campo. Si uno sale de viaje, en carretera, podrá contemplar cómo el amarillo y el verde se van convirtiendo en una especie de tapices que van decorando el paisaje y se van entremezclando. El tono amarillo cambia según el tipo de flor, desde el tono claro como las flores de candox o tronadora (como también se le conoce), otras que llamo girasoles silvestres, hasta algunas que tienen un tono amarillo más intenso como la flor de zorrito (así le llaman en mi familia) o las de cempasúchil en tono naranja. Y qué decir de los tonos diversos con los que decoran los dulces de temporada.

Noviembre es el mes en que desde la diversidad cultural de México recordamos, en un día especial, a las personas que han trascendido. No me refiero a que solo ese día se les recuerde, sino que esta fecha tiene significados en nuestras culturas y se torna en un sentido de fiesta, envuelto en aromas, colores, sabores y el compartir la memoria colectiva. Una tradición que se celebra desde hace muchas generaciones, que se ha modificado a través del tiempo pero que permanece.

Aunque desde hace más de un mes, algunos comercios han decorado con motivos alusivos al Día de Muertos, sabemos que la celebración del dos de noviembre de 2020 será distinta. En primer lugar porque muchas de las personas que son familiares o amistades han fallecido en lo que va de este año, estoy casi segura que a varias de ellas no imaginamos perderlas tan pronto y a algunas no tuvimos la oportunidad de despedirlas como acostumbramos en los velorios.

Y en segundo lugar, los panteones no tendrán el movimiento acostumbrado debido a la contingencia sanitaria en que permanecemos. Cada persona lo vivirá de manera distinta, no solo en la parte de los sentires, sino en la económica también. Muchas familias dependen de la venta de flores, de frutas de la temporada, de los alimentos que se preparan en esta festividad y que suelen ponerse afuera de los panteones.

Cada familia tendrá su propia manera de celebrar a sus fieles difuntos, a nuestros fieles difuntos. Honrar su memoria y recordarlos con amor  y respeto, es algo que podemos hacer desde casa. Desde la elaboración del altar, colocándoles la ofrenda, o también asistir a los panteones, de manera previa y respetando la sana distancia.

Ya que menciono los altares, les comparto que, me ha dado mucho gusto  hallar en los mercados locales los dulces de temporada, con figuras diversas, de calaveritas, coronas, flores, animales, elaborados a base de azúcar y pintados en tonos rosa y verde. No estoy segura si son tradicionales de Tuxtla Gutiérrez, pero  los conozco desde la infancia. También están los barquillos rellenos de dulces de coco, de camote y una diversidad de dulces de gomitas de grenetina con figuras de pan de muerto y calaveras. El apoyo al comercio local también es importante.

El 2 de noviembre será diferente, es parte de uno de los retos en este año que está por culminar, sin embargo, no pasará desapercibido mientras nuestros fieles difuntos permanezcan en nuestra memoria y corazones. Y la ofrenda o celebración que cada persona o familia realice será una de las diversas maneras de tenerles presentes.

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