Sabines y la consulta ciudadana

En la aprobación de la consulta para que sean juzgados “los actores políticos” del pasado, los ministros de la Suprema Corte de Justicia decidieron ampliar la facultad e incluir, no solo a expresidentes de la República, sino también a otros personajes que han desempeñado cargos políticos importantes en nuestro país.

Ahí se abre la posibilidad de juzgar, como se debiera, a exgobernadores tan oscuros y perversos como Juan Sabines Guerrero.

No hay ningún otro gobierno que tenga tantos rubros en contra: endeudamiento sin paralelo de la deuda pública, corrupción desmedida, desviación de recursos, represión a líderes sociales y amedrentamiento constante a los ciudadanos.

Esta pequeña lista, que podría ampliarse sin esfuerzo alguno, debería ser motivo “para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas” tomadas por Sabines y su grupo.

Ojalá el presidente Andrés Manuel López Obrador voltee hacia los estados, en donde tenemos a nuestros “actores políticos” de la maldad y de la corrupción, personajes que no debieran estar protegidos por la 4T, sino sometidos a un juicio apegado al marco constitucional y legal.

No basta que se someta a juicio a los expresidentes, lo verdadero interesante sería aterrizar en los estados y en los municipios el “proceso de esclarecimiento” de actos de corrupción y represión emergidos de los poderes locales.

Juan Sabines, quien en la pandemia volvió a tener sus 15 minutos de gloria con su padecimiento y la atención histriónica a algunos connacionales, hizo retroceder a Chiapas en registros de pobreza, desigualdad y manejo parcial de la justicia.

Juan Sabines Guerrero en la entrega de la medalla Fray Matias de Cordova a Salinas Pliego.

Su mandato fue una verdadera desgracia. Al final dejó como herencia una deuda de 42 mil 300 millones de pesos, suma de lo que se debía a proveedores, a bancos y a financiadoras.

Repartió, además, lo que no era suyo. Se deshizo del equipo Jaguares de Chiapas, sin que peso alguno ingresara en las finanzas del estado. Vendió lo que pudo, hasta nuestro futuro.

El gobierno, que recibió Manuel Velasco Coello, estaba hecho pedazos, con instituciones quebradas. Y no es que el Güero haya hecho mucho en su gestión, pero al menos no fue perverso como su antecesor.

No veo comparación, en maldad y corrupción, al gobierno de Juan Sabines con ningún otro. Implantó, además, un reinado del terror; empresarios, funcionarios, constructores y hasta ciudadanos comunes se sentían vigilados y amedrentados.

Algo de cierto había en esa sensación de Gran Hermano. Si se profundizan en la investigación de Pegasus, se encontrará a un buen cliente en estas tierras tropicales, generosa en crear hombres autoritarios y represores.

Si me dicen que Sabines será uno de “los actores políticos” que pasará por la picota del “esclarecimiento” público, con gusto votaré por la declaratoria constitucional sobre la consulta ciudadana; de lo contrario, quizás me abstenga.

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