El qué hacer, pero no de Lenín, sino del encierro

Qué Hacer es un texto famoso muy difundido (no sé si leído) de Nicolás Lenín en el que expresa sus puntos de vista acerca del destino del socialismo en lo que fue la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas. Pero no me refiero a ese texto. Más bien, leyendo a Miguel Lisbona en Chiapas Paralelo, contar cómo pasaba el encierro, me vino a la memoria algo de lo que he disfrutado en esta difícil temporada. Además, Ajijic, el pueblo multilingüe en el que vivo, no ha guardado que digamos el encierro con la disciplina que debieran sus habitantes. Como además es un poblado situado a la orilla del Lago de Chapala, el antiguo “Mar Chapálico” que decían los castellanos en el siglo XVI, es visitado por los tapatíos, esto es, los habitantes de Guadalajara, la gran ciudad capital del estado de Jalisco. Los fines de semana se llenan todas las cantinas-restaurantes situadas, precisamente, a orillas del Lago por personas que son indiferentes al tapa bocas, la sana distancia y demás. En mi caso, si hemos guardado el encierro, por aquello de que mi esposa y yo somos “personas de riesgo”. En ese estar en la casa, pues decidí releer algunos libros. En efecto, repasé las páginas de Vergilio (así se escribe. Cuidado al pronunciar ese nombre) Ferreira, Pensar, un libro editado por Acantilado en Barcelona en 2006. El autor nació en un pueblo de Portugal llamado Melo en 1916 y murió en Lisboa en 1996. Fue escritor de novelas y de ensayos, además de docente universitario. Los que conocen su obra lo sitúan como un neorrealista decantado en existencialista. De sus varias novelas cito En Nombre de la Tierra (1992) y Para Siempre (2005), siendo también muy interesante una serie de apuntes varios que Vergilio Ferreira reunió con el título de Contra Corriente (1994). Ferreira se pregunta en Pensar cómo es posible que existan personas que a la hora de la muerte pronuncian frases plenas de belleza. Dice Vergilio que a la hora de la muerte uno debe estar callado. Pero agrega: Al hablar se establece que uno sigue vivo. La gran verdad de la vida es la muerte y por ello, cuando se deja de hablar, todo ha terminado. El ensayo citado es muy interesante por la tesis que sostiene: el lenguaje no es sólo comunicación sino pensamiento. Es decir, la lengua expresa una manera de ver al mundo, una concepción. En contraste Bertrand Russell escribe sobre El Poder, considerando que ese texto es quizá, el más importante de todos los que escribió. En efecto, en el texto de marras el gran filósofo inglés analiza a la sociedad a través de discutir el fenómeno del poder. Se atreve el buen Bertrand a afirmar que el poder es la meta que todo ser humano quiere alcanzar. Es, por lo tanto, según nuestro filósofo, el elemento esencial en el desarrollo de cualquier sociedad. No cabe duda que tales afirmaciones estimulan la reflexión, agitan el espíritu, lo introducen a uno en un contexto de dudas y rechazos, que al final, alientan la propia reflexión y nos lleva a, incluso, disentir de tan egregia figura. Pero eso es otra historia. Porque al revolver los anaqueles de la biblioteca casera, me encuentro con Adolfo Sánchez Vázquez, el gran filósofo español, refugiado en México a raíz de la llamada guerra civil de España. Don Adolfo era el padre de Fito Sánchez Rebolledo, quien fuera mi compañero de estudios en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, lo que me permitió hablar en más de una ocasión con su padre. El libro al que me refiero es un recuento biográfico del enorme ensayista que fue Adolfo Sánchez Vázquez, escrito por varios de sus discípulos: Gustavo Leyva Martínez, Sergio Pérez Cortés, Jorge Rendón Alarcón y Gabriel Vargas Lozano. El libro, breve, fue editado por la UAM y Ediciones ERA en 2013 y cumple el propósito de ofrecer un balance del pensamiento de Don Adolfo además de mostrar la gran influencia que ejerció entre varios pensadores mexicanos y latinoamericanos. De aquí, después de un respiro, pasé a leer de Claudio Magris, Microcrosmos, que es justo lo contrario de lo que este gran narrador nacido en Trieste, Italia, en 1939, nos cuenta en su gran libro El Danubio. Lo fascinante de Microcosmos es la detallada revelación de sitios muy concretos y reducidos que son a la vez, micromundos que conducen a la descripción de pasiones, de vicisitudes que marcan la vida, de destinos que se cuentan en una pequeña cafetería. Como lo dijo un crítico, este texto es una fiesta de los sentidos (Maurice Nadeu), un libro pleno de belleza y de ternura. Y una buena mañana, el correo me trajo un libro que me senté a leer de inmediato: Los enemigos de Dios del escritor chiapaneco Alfredo Palacios Espinosa, otra de las personas que sufrió en carne propia los atropellos de aquel sátrapa que gobernó a Chiapas. El libro escrito por quien fuera Secretario de Educación en el Gobierno de Pablo Salazar, es una novela histórica cuyo tema central es la vida en Chiapas del Obispo Jalisciense Francisco Orozco y Jiménez, conocido en su tierra natal como “El Chamula”. Valiente la escritura de Alfredo Palacios. Se atreve a revelar sucesos de la historia chiapaneca que lo hacen enrojecer a uno. La ambición desmedida de los círculos de poder chiapanecos en aquel período de 1902 a 1914 es descrita con maestría y sinceridad en estas páginas. Reconforta que un narrador de Chiapas alcance los niveles literarios de Alfredo Palacios con una temática histórica tan conmovedora. La complicidad del clero con crímenes de lesa humanidad se desnuda plenamente en Los enemigos de Dios, un libro que espero sea muy leído en Chiapas. En estos momentos estoy iniciando la lectura de una biografía apasionante: la de Truman Capote, el autor de A sangre fría, escrita por Gerald Clarke y publicada por EDICIONES B en Barcelona en 2006.

Pero como bien apunta Miguel Lisbona, no todo es leer en la encerrona. Por fortuna la tecnología actual que nos dota de antenas satelitales por precios irrisorios, nos permite captar en la pantalla casera, a un sinfín de canales, tiras (streaming), programas, conferencias, etcétera, que lo pueden volver loco a uno. Así que recomiendo ver “La vida ante sí”, una magnífica película protagonizada por Sofía Loren quien a sus 86 años de edad sigue teniendo ese porte impresionante de mujer italiana, rebosante de belleza y talento. En esta película dirigida por su hijo Edouardo Ponti encarna a una mujer judía, sobreviviente de la barbarie nazi, que tiene que lidiar con un niño africano, inmigrante, ladronzuelo, pero de alma buena, que está actuado magistralmente por Ibrahim Gueye. Al lado de ellos, Renato Carpentieri completa un reparto de primer nivel que hace pasar una tarde inolvidable a quienes amamos el buen cine. No dejen de ver, también, el documental “Maradona en Sinaloa”, inspirado en textos del periodista de Los Ángeles Times, Kevin Baxter. Es una espléndida narración de cómo el genial futbolista acepta entrenar a un equipo mexicano de segunda división, situado en una tierra de amantes del béisbol, a quienes hace amar al futbol. Es oportuno ver este documental ahora que Maradona es ya un recuerdo.

En fin, estimados lectores y lectoras, aprovechemos el encierro, porque pronto volveremos a la vida cotidiana, las aulas, el trabajo, el cubículo, la oficina, la tienda, las carreras con las que vivimos la modernidad, el tráfico con choferes enloquecidos, los claxonazos, el humo, etcétera y etcétera.

Abur.

En Ajijic, Ribera del Lago de Chapala, a 7 de diciembre de 2020. 

 

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