Me canso de leer (con recomendación final de lectura)

Nunca pensé hacer una afirmación de esta naturaleza desde que soy lector consciente. Consciente y dedicado, aunque nunca fundamentalista. Es decir, la lectura ha significado, y espero que lo siga siendo, un placer, además de parte de mi trabajo, pero ello no representa renegar de otras actividades que podrían ser consideradas banales.

Me canso de leer es una circunstancia, un hecho puntual producido por la pandemia y que pueden compartir otras personas. Incluso el “leer” podría ser sustituido por otro nombre debido al cambio de actividades y de vida que ha provocado un virus que será difícil que desaparezca de nuestras vidas, y nuestros futuros hábitos. Cansarse de algo, y en este caso de la lectura, representa el cuestionarse hacia dónde se dirigen nuestras acciones, por qué las hacemos o dejamos de realizar. Cualquiera responderá y contrarrestará sesudamente esta afirmación, no lo dudo, pero efectuarla es reconocer que la Covid-19 ha modificado la cotidianidad, trastornado nuestros planes, en definitiva, nos ha arrinconado a reflexionar sobre la propia vida que llevábamos y la que nos espera. No debe extrañar que, junto a las tristes y más numerosas muertes que las registradas en las cifras oficiales, el virus ha causado graves trastornos psicológicos. Alteraciones laboriosas de contar sociológicamente, pero que son detectables en las conversaciones con los entornos personales.

Cabe decir, que mi cansancio de leer no ha significado que dejara de hacerlo. Sigo leyendo, a veces con mucha fruición, otras no tanto, pero el cansarme de leer significa que puedo dedicar el tiempo que antes era ocupado por la lectura a otras actividades, seguramente menos productivas para nuestro sentido de la competencia laboral en el mundo actual. Esas actividades se las dejo a su imaginación, o cualquiera que lea este artículo las llenará con las que ustedes han hecho o hacen si siguen procurando el encierro preventivo en contra del posible contagio del coronavirus.

El próximo año 2021 está cercano. Muchas personas hacen propósitos cuando inicia un nuevo año, como si la ruptura, el cambio de ciclo temporal significara una real transformación de la vida. Hay personas que logran los propósitos que se ponen como meta, pero la mayoría no lo consigue. No tengo tal hábito y, por lo tanto, no diré que en el 2021 volveré al ritmo de lectura que casi siempre he mantenido. Lo que sí tengo claro es que esta pandemia ha cambiado, al menos para muchas personas, las rutinas consideradas inalterables.

Si la pandemia nos ha movido el tapete en muchos aspectos, habrá que darse el tiempo para reflexionar sobre ello y, por lo tanto, saber enfocar de nuevo nuestras actividades tras esos cambios. Llegar a un nuevo año es un buen tiempo para ello y, en especial, para creer que el 2021 tendrá alguna certeza que ahora cuesta observar y predecir. Si ustedes no se han cansado de leer y han arribado al final de este texto, y me han leído durante este año, quiero agradecérselo y les deseo muchas de esas certezas que queremos para el 2021. Me despido hasta ese próximo año con la recomendación de una lectura, la última novela de Leonardo Padura, Como polvo en el viento. Demasiado extensa, tal vez por las exigencias de los editores, y en la que se extraña al personaje de Mario Conde, el detective protagonista de muchas de sus narraciones. Sin embargo, los seguidores del novelista cubano reconocerán buena parte de las preocupaciones que giran en torno a la realidad de su país. Una buena lectura para estas navidades atípicas.

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