Sociedad Psicótica busca bajista

Casa de citas/ 515

Sociedad Psicótica busca bajista

Héctor Cortés Mandujano

 

Leí y disfruté viendo dos libros de limpia manufactura, editados por el Gobierno del Distrito Federal que en aquel entonces presidía la ahora defenestrada Rosario Robles. El primero, sin fecha de edición y sin número de páginas, se llama Artes y oficios en las calles de la Ciudad de México. Hay fotos y declaraciones de oficiantes callejeros. Me llamó la atención lo que dice una joven fotógrafa: “Con un solo dedo se detiene el tiempo en una fotografía”.

En Mucho por ver. Breve muestra de gráfica popular en la Ciudad de México (editado en 2000, sin número de páginas), dice Conrado Tostado en “La morralla del sol”, la introducción: “Juan Pablo II dijo, en uno de sus viajes y tras un singular silencio, ante la masa que lo festejaba, ‘México sabe gritar’. Creo que es cierto. Ni bailó para su jefe religioso ni ondeó brillantes banderas de colores, ni cantó ni improvisó batucadas: gritó. Visto así, ¿no es curioso que la fiesta nacional se llame ‘el grito’? ¿Y que el primer verso del himno diga ‘Mexicanos al grito de guerra?’ ”.

También recuerda dos oraciones básicas en la idiosincrasia mexicana: “Viejo, pero no de todas”, y “Me ves y sufres”.

Un letrero en una cortina de hierro: “Estos locales no se rentan, están en pleito”.

Avisos: “Se solicita juguero activo”; “Sociedad Psicótica busca bajista (chava o chavo)”; “Se pinta el pelo de colores”.

Foto: Mario Robles

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Con todas las dudas sobre su calidad, compré, vi y leí Voy i vuelvo (Planeta, 2016), pasta dura, gran formato, de uno de los famosos músicos de Café Tacuba, Emmanuel del Real. Me chocan los títulos con faltas ortográficas, que pretenden una libertad boba, desinformada, pero estaba en oferta y me gustan los libros de fotografía al que, en este caso, Emmanuel agrega breves textos. En fin, el libro me gustó y lo recomiendo. No son fotografías magníficas, pero me parece que tienen sentido, emoción, alma, y sus textos creo que buscan y logran mostrar su humanidad.

No tiene número de páginas. En su dedicatoria habla de que ha tenido amores que se han ido y, escribe, “hoy día está conmigo quien le ha sacado los mejores pedazos al mármol”.

Las fotos corresponden a varios años y a distintos lugares del mundo; al lado de una foto en Nueva York, en 2009, escribió: “Voy creciendo, y voy pensando que he aprendido muchas cosas, imagino que sé más de lo que sabía antes. Y de a poco, comienzo a deducir que todas esas cosas se reducen a una sola, a una solo idea, a un solo sentimiento, a un solo deseo: el amor es todo”.

 

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También es cierto que el perro que barre con su cola el polvo,

sin saberlo, ilumina la tierra

Gabriel Orozco

 

Materia escrita (Ediciones Era, 2014), de Gabriel Orozco, contiene una selección de 19 cuadernos, con textos, fotografías, dibujos, collages, que este artista mexicano (Jalapa, 1962) ha desprendido de sus, dice la contraportada, cuatro mil páginas de notas.

En 1993, para su primera exposición en el MoMa, de Nueva York, Orozco “colocó naranjas en las ventanas de los edificios frente al museo”, dice la pestaña de interiores; en la Bienal de Venecia expuso “una caja de zapatos vacía” y en la Marian Goodman, también de NY, “colgó cuatro tapas de yogurt, una en cada muro de la galería. Estas obras se convirtieron casi de inmediato en íconos del arte contemporáneo”.

“Arte –dice en la página 9– no siempre es componer”; dice más adelante (p. 14): “Antes la gente caminaba y encontraba piedras y árboles en su camino. Eran parte de su naturaleza. Actuaban sobre ello. Ahora nosotros caminamos y encontramos cemento, fierros y basura. Son nuestra naturaleza. Actuamos sobre eso”.

Escribe sobre todo lo que le va pasando, sobre lo que va pensando y haciendo (el título de esta columna lo escribió en la página 227), son diarios bastante informales (p. 28): “Olvidar es orgánico. Recordar es artificio”.

El libro tiene muchas citas de Borges, a quien Orozco, parece, lee constantemente. Dice Borges en “La escritura de Dios” (p. 40): “Considere que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero: decir el tigre es decir los tigres que los engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaban los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra”.

También cita de Jorge Luis Borges (p. 106): “El escritor no debe invalidar con razones humanas la momentánea fe que exige de nosotros el arte”.

De nuevo Borges (p. 134): “Francis Bacon agrega que si aprender es recordar, ignorar es saber olvidar”.

El arte puede servir para banalizar tragedias (p. 314): “Cualquier cadáver en el pop art se convierte en nada”.

Escribe en la entrada del Cuaderno 14 (p. 303): “Después de todos estos años no he podido dejar de ser uno. He intentado ser muchos, variarme, descontarme. Olvidar mi técnica se ha convertido en mi técnica. […] Cuántos objetos olvidados he dejado, pretendiendo haberlos construido como si fuera otro, otro y otro, y fui yo mismo”.

Insiste en el tema (p. 315): “Mi desesperanza es que me caga que a pesar de que siempre soy yo, ni más ni menos que yo, siempre estoy en ceros, como volviendo a empezar. Es decir que soy nadie”.

Ya no (p. 317): “Antes el arte era como la magia y los artistas eran los magos”.

Borges, otra vez (p. 328): “Graves y eternas son las hondas trivialidades de enamorarse, de caminar, de morir”.

Una idea más (p. 347): “En México necesitamos más obras maestras y menos maestros de obra”.

            Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

 

 

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