Crónica de una felicidad compartida tras bambalinas, dos

Casa de citas/ 534

Trascripción, palimpsesto

Crónica de una felicidad compartida tras bambalinas

(Segunda y última de dos partes)

Héctor Cortés Mandujano

 

El estreno

 

Los teatros habían estado cerrados y no había actividad teatral. El semáforo verde, que suponía mayor apertura, llegó a Chiapas. Eso hizo que nuestro amigo Carlos Ariosto Alonso, propietario y director general de Telar Teatro, donde habíamos hecho temporada con La divinidad del monstruo, nos permitiera ensayar en su foro. Tan amable y generoso como es, incluso nos dio la llave para que pudiéramos entrar y salir en los días y horas que quisiéramos.

Antes hicimos la función en el Teatro de la Ciudad de La divinidad del monstruo, con el lleno del que hablábamos, y dos funciones de la misma obra en Patio Petul, de nuestra amiga Lupita Calvo, en San Cristóbal, donde para la segunda, en la mañana, vimos maravillados la buena noticia: “Boletos agotados”.

 

Decidimos estrenar Transcripción, palimpsesto el viernes 26 de febrero de 2021. No sabíamos, por supuesto, si el semáforo cambiaría de color, lo que significaría cancelar todo, pero la apuesta era que el azar se encargara de los colores y nosotros de nuestra obra.

Cuando el cartel que hizo Tito, y que nos encantó, fue dado a conocer al público recibí, en mi correo electrónico, un mensaje de Andrés Fábregas Puig –doctor en antropología, exrector de la Unicach y de la Unich, un intelectual reconocido y respetado en los ámbitos estatales, nacionales e internacionales– que pareció y fue un amuleto de la buena suerte. Me escribió Andrés, muy generosamente: “Estimado Héctor: felicidades por el estreno de tu obra de teatro. Que tengas éxito. Contribuyes de forma significativa a la vida cultural de Chiapas. Que estés muy bien en unión de tus seres queridos. Un abrazo grande.”

A los tres días de que salió nuestra publicidad, pudimos publicar también el feliz cartelito de “Boletos agotados”.

Ilustración: Juventino Sánchez

Un poco antes de estrenar, cuando ya teníamos el vestuario listo –la falda roja que usó Rox nos la dio prestada nuestra amiga Maricruz Aguilar– a Alfredo, creo, se le ocurrió, porque se hace alusión de ello en el texto, que pusiéramos ramas secas en el techo del teatro. Me pareció una gran idea y Nadia y Daniel lo hicieron a la perfección. A las ramas secas se agregaron ropa de niños (de los hijos de Nadia, mis nietos) y muñecas y muñecos que llevaron Nadia, Rox y Tere. La escena se volvió ominosa, mórbida, extraña, es decir, ideal para lo que queríamos provocar en la idea más epidérmica: miedo.

(Agregar las ramas, a sugerencia de Alfredo, es una muestra de lo que prefiero como parte activa de un montaje: todos cuentan, todos aportan, no debe existir la dictadura de nadie, porque el teatro es un ejercicio colectivo y es tan importante que suene un efecto de sonido, que entre una luz en el instante exacto, que los actores y actrices se muevan y hablen convincentemente, como que se acomoden las sillas, al final, por ejemplo, como sugirió Rox. Ni en un monólogo autodirigido el actor puede estar solo: necesita a varios, que ayudarán o entorpecerán –a veces ocurre– su tarea. Hacer teatro es confiar en los otros, lograr la comunión.)

Al estreno subimos, como suele ocurrir, con el corazón en la boca y los ojos sin casi pestañear. Se hizo el oscuro y salimos los cuatro a ocupar cada cual su lugar, y el primer foco se encendió con la exactitud del caso, cada uno de nosotros comenzó su texto con claridad y convicción, entró el efecto de sonido, la música… Transcurrimos ante un público silencioso, que recibió varios sustos que notamos, hasta el final que recibimos –actores y técnicos– el premio del aplauso y los primeros comentarios que nos hicieron saber que los espectadores fueron capaces de ir armando el rompecabezas que requería, también, su compromiso.

Telar Teatro no tiene camerinos y los actores tenemos que movernos, cambiarnos, hacer las varias cosas que se hacen fuera de escena en un pequeño espacio detrás de unas cortinas negras. Yo no tenía cambios de vestuario, pero mis tres compañeros sí y había que hacerlos muy rápidamente y en silencio. Mi hija dice que, en varias funciones en las que estuvo como espectadora, le asombraba la velocidad que teníamos en entrar y salir transformados. Detrás, entre nosotros, se respiraba la solidaridad: Alfredo ayudaba a Tere a salir con un dispositivo que le iluminaba la cara solamente y que ella no podía accionar: era una cabeza flotando y cantando en el escenario; Rox, la esperaba en su salida para apagar el dispositivo e inmediatamente, la misma Rox, me encendía un cigarro para que yo saliera a escena. Un montón de minucias tenían que hacerse a oscuras y en un espacio mínimo. Afuera, todo parecía fácil, mágico.

 

Foto: Nadia Carolina Cortés Vázquez

 

El público

 

Tuvimos mucha suerte con el público. Fue gente enterada y gente que por primera vez se acercaba al teatro. Los que saben se fijaron en las sutilezas del montaje, de la utilería; los que no, nos dijeron, en términos generales, que venían de su mundo y habían entrado al creado por nosotros, que se sintieron trasladados a otra vida.

Recibimos felicitaciones por todos los rubros de la puesta en escena y nunca nos faltó la presencia de la otra mitad del montaje, el público, para el cual se trabaja, para el cual está hecho todo. Sin ellos, como dice Jodorowsky, en Zaratustra, estaríamos actuando en la mayor soledad del mundo.

(Alfredo fue a cortarse el cabello, después de que terminamos la temporada, y la peluquera resultó haber sido a ver Trascripción… Le dijo que al principio pensó que había llegado a un grupo de culto satánico y sintió miedo; cuando comenzó a notar la trama tuvo un miedo diferente. Quedó tan contenta que le ofreció el corte gratis.)

Desde los ensayos y durante la temporada, hubo una gran espectadora: Jimena, la hija de Rox. Tiene 10 años y quiso ir a ver una y otra vez la obra. Le pidió a su mamá que le comprara el libro e hizo su propia visión en una plataforma electrónica. Qué maravilla tocar la inteligencia y el corazón de una niña. Sofía, la hija de Tere, días después, hizo también una nueva versión con el mismo lenguaje.

Foto: Nadia Carolina Cortés Vázquez

La última función de la temporada

Nuestra última función coincidió con el Día Mundial del Teatro y eso hizo que nos invitaran a varias celebraciones: Isabel Araujo hizo una entrevista colectiva al elenco que difundió en redes; Laura Jiménez nos invitó a Rox, a mí y a varias y varios dramaturgos a hacer un cadáver exquisito, que también se difundió por redes; una joven reportera, Nayelly Moreno, me hizo una entrevista para un diario electrónico rotativoenlinea.com y Tania Broissin, directora del Teatro de la Ciudad, me hizo una entrevista que se difundió en la plataforma institucional del Teatro.

Hacer lo que uno quiere es uno de los requisitos para alcanzar la felicidad. Trascripción, palimpsesto me hizo pasar una feliz temporada. Espero que lo mismo puedan decir mis compañeras y compañeros en escena. Y el público, claro.

            Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

 

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