El reino de la gracia

Casa de citas/ 537

El reino de la gracia

Héctor Cortés Mandujano

 

Leí como al pasar ¿Qué me hace ser yo? (SEP-Ediciones SM, 2005), del genetista Robert Winston. El libro está lleno de fotografías, ilustraciones, distintas tipografías y colores, porque forma parte del Programa Nacional de Lectura para niños y niñas en edad escolar.

Aunque no entra en honduras, el libro explica con palabras sencillas conceptos complejos (p. 7): “Tu cuerpo es una máquina increíblemente complicada hecha de 5 billones de billones de billones de átomos.

“Desde hace 4,000 años, por lo menos, la gente ha intentado descubrir cómo funciona su cuerpo., y aún hay misterios como el funcionamiento del cerebro y la causa del hipo.

“Lo que sí sabemos es de qué estamos hecho: sólo agua, carbón y un puñado de elementos químicos simples que puedes encontrar en cualquier lugar. De hecho, en el jardín puedes encontrar todos los átomos para crear un cuerpo humano.”

Cada página es bastante informativa e intenta ser amena (p. 21): “La superficie de tu piel consiste en hojuelas duras y secas de tejido muerto. Al tallarlas continuamente se pierden casi 10 billones. La mayor parte del polvo de tu casa es de estas hojuelas de piel muerta”.

El libro tiene incluso juegos y test para, se supone, quien lo lea se conozca más. Toca lo que somos por fuera y también por dentro (p. 48): “Todos tenemos la sensación de un ser interno en el cerebro. Ese es tu verdadero ser, pues tiene tus pensamientos y sentimientos, ve el mundo a través de tus ojos y se desvanece cuando duermes”.

Mural: Héctor Ventura. Foto: Linda Esquinca

***

 

Pero si la vida es corta,

la acción de la verdad se extiende a un largo futuro:

Digamos la verdad

Schopenhauer

 

He leído, creo, muchos libros de filosofía y no hay ninguno que tenga un inicio tan rotundo como el de El mundo como voluntad y representación (se publicó originalmente en 1818; mi ejemplar es de Editorial Porrúa, 1987, con traducción de Eduardo Ovejero y Maury).

Dice Arthur Schopenhauer en la primera línea (p. 19): “La vida es mi representación; esta verdad es aplicable a todo ser que vive y conoce, aunque sólo al hombre le sea dado tener conciencia de ella; llegar a conocerla es poseer el sentido filosófico”. Un poco más adelante dice, categórico, sobre el ser humano (p. 20): “Con el mismo derecho que dice. ‘el mundo es mi representación’, puede también decir: ‘el mundo es mi voluntad’ ”.

El mundo, pues, está separado de nosotros, sucede fuera y tiene reglas que no somos capaces de comprender a cabalidad, por completo. Por eso, nos lo representamos de la manera que nos da nuestro entendimiento, porque no es posible que entendamos la simultaneidad con que ocurre todo y (p. 24) “la verdadera esencia de la realidad es precisamente la simultaneidad”. El universo se está moviendo y nosotros sólo podemos ver y representar un fragmento de ello, aunque (p. 25) “toda realidad no existe más que por el entendimiento, y por él y en él”.

Lo dice literariamente (p. 29): “La vida y los ensueños son hojas de un mismo libro. Su lectura en conjunto se llama vida real. […] También nuestra vida es una hoja suelta en el libro del universo”.

Lo que hago, por supuesto, son citas de este libro fundamental, que espero darán idea de lo mucho que abarca (p. 43): “El animal sólo conoce la muerte cuando muere; el hombre tiene conciencia de ella en cada momento de su vida”, pero los conceptos “muerte” y “vida”, como todos los conceptos (p. 46) “son representaciones de representaciones”.

Enojarse porque algo no se hizo conforme a nuestro gusto o alegrarse por lo contrario es no conocer “el mundo, la vida”, porque no tenemos control de la realidad y ésta ocurre sin tomarnos parecer (p. 82): “lo que de nosotros depende es simplemente la voluntad”.

Nuestro cuerpo es una representación del concepto “vida” y nuestra voluntad (p. 90) “revela el sentido”, el mecanismo interior de nuestro ser, su acción y sus movimientos. Más claro (p. 91): “La acción del cuerpo no es otra cosa que el acto de voluntad objetivado”.

A veces hace aforismos, en el río de sus pensamientos (p. 132): “La culpa no está en el querer, sino en el querer consciente”.

Nos da, cada tanto, ramalazos de pesimismo (p. 160): “Todo querer nace de una necesidad, por consiguiente, de una carencia, y, por lo tanto, de un sufrimiento. […] Ningún objeto de la voluntad puede dar lugar a una satisfacción duradera, sino que se parece a la limosna que se arroja al mendigo y que sólo sirve para prolongar sus tormentos”.

Schopenhauer era no sólo un filósofo, sino un escritor inspirado (p. 162): “De las cosas creadas, la más hermosa de todas es la luz”.

Resume (p. 172): “El individuo, como manifestación de la Idea, es siempre materia. Al mismo tiempo, cada cualidad de la materia es siempre manifestación de una Idea”.

Cita a Byron (p. 200): “No vivo en mí mismo, sino que me convierto en parte de lo que me circunda, y para mí las altas montañas son un sentimiento”.

El hombre decide lo que quiere ser, aunque haya conocimientos que ignora y que podrían dirigir mejor sus acciones (p. 215): “Tan insensato sería pedir a los sistemas de moral que hicieran hombres virtuosos, nobles y santos, como pretender que los libros de estética crearan poetas, escultores y músicos”, es decir (p. 231): “Cada hombre es lo que es, por su voluntad […] la voluntad es la base de su ser”.

Habla del sexo (p. 219): “El placer de la cópula es el bienestar que produce el sentimiento de la vida en su máxima concentración”.

Schopenhauer dice que cuando nos conocemos verdaderamente, a partir de un análisis personal y profundo, nos liberamos (p. 241) “del más amargo de los dolores, del disgusto de nosotros mismos, resultado inevitable de la ignorancia de nuestro carácter o de la falsa opinión que de nosotros tenemos y de la presunción consiguiente”.

Hay, dentro de su discurso frases lapidarias (p. 243): “El genio es el que más padece”; “Toda vida es dolor”; (p. 253): “No hay hombre en el mundo que no haya deseado más de una vez no despertar al día siguiente”; (p. 283): “La súplica ‘no me dejes caer en la tentación’ significa ‘no me hagas ver lo que soy’ ”.

De los tres grandes extremos de la vida (una gran pasión, la inteligencia que concibe Ideas, el aburrimiento total) el común de la humanidad (p. 251) “rara vez llega a ellos”, y cuando ve dolor y maldad no entiende que (p. 273) “no son sino los dos lados del fenómeno único de la voluntad de vivir, le parecen cosas contrarias”.

Schopenhauer dice que una de nuestras desgracias es no comprender que nuestra voluntad y la de los demás es la misma: vivir. Yo soy el otro, no hay diferencia, somos la misma Idea (p. 310): “El lobo hambriento clava sus colmillos en la carne de su víctima, sin que su entendimiento puede comprender que el degollador y el degollado son idénticos. La necesidad es el reino de la naturaleza; la libertad, el reino de la gracia”.

Sobre la misma idea, cita a Empédocles (p. 314): “Lo semejante sólo es conocido por lo semejante” y declara, en la misma página: “Nuestra voluntad no es otra cosa que la voluntad de vivir, esencia del hombre y del universo”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

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