Jueves Corpus, 1971

El 10 de junio de 1971, hará exactamente cincuenta años, ocurrió la represión del jueves de corpus conocida como “El Halconazo” debido a la actuación represora de un grupo para militar conocido como “Los Halcones”. En la película ROMA existen varias referencias a este grupo a través de escenas alusivas a su entrenamiento y acción. Recordemos que la rebelión juvenil de 1968 aún estaba muy reciente en la memoria de la sociedad y sobre todo, del mundo universitario. La Presidencia del País la ejercía en ese momento Luis Echeverría Álvarez, quien había fungido como Secretario de Gobernación en el régimen de Gustavo Díaz Ordaz. Ese día, los organizadores de la marcha en solidaridad con las demandas de los estudiantes de Monterrey además de la petición de libertad a los presos políticos, habían citado a los contingentes estudiantiles de la Ciudad de México, a las 4 de la tarde, en el Casco de Santo Tomás, sede del Instituto Politécnico Nacional. Por supuesto, aún se sentía muy cercana la matanza del 2 de octubre de 1968 ocurrida en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. Las cárceles, en el año de 1971, aún mantenían en prisión a no pocos estudiantes y a presos políticos de diversas organizaciones. Para esas fechas, me encontraba en los inicios de mis estudios de posgrado con vistas a obtener el grado de Doctor en Antropología Social, inscrito en la Escuela de Graduados de la Universidad Iberoamericana (UIA), fundada por Ángel Palerm y dirigida por él mismo. La agitación estudiantil había sido tema de reflexión en varias reuniones de quienes estudiábamos en esa recordada y espléndida Escuela de Graduados de la UIA y teniendo noticia de la convocatoria para marchar por las calles del añorado D.F. el 10 de junio de 1971, el jueves de corpus, los estudiantes del Doctorado decidimos que, de acuerdo con la convicción de cada uno, se asistiría o no a la marcha, uniéndose a los contingentes de las Escuelas de Antropología y Sociología de la propia UIA.  Por supuesto, nos recorría el temor de la repetición de la masacre de Tlatelolco, aunque el cambio en la Presidencia del país parecía garantizar la seguridad de los contingentes estudiantiles. Ese jueves de corpus acordamos con mi maestro Guillermo Bonfil Batalla, encontrarnos para comer en el departamento de unos amigos comunes. Durante el transcurso de la comida, se comentó lo que pasaría esa tarde y sobre todo, hubo consenso entre los comensales que era el momento propicio para urgir a los círculos de poder la plena manifestación de la democracia en México, ausente desde los lejanos días del General Lázaro Cárdenas. La comida transcurría en medio de una animada conversación cuando Bonfil y yo caímos en cuenta que estábamos apenas a tiempo para llegar a la Plaza del Carrillón en el Casco de Santo Tomás y emprendimos la marcha, dejando a nuestros amigos en vilo. En el “Vocho” eterno que poseía Bonfil emprendimos la marcha hacia la calzada México-Tacubaya para unirnos a los contingentes de la Ibero. Cerca del punto en donde pretendíamos ingresar a la manifestación, estacionamos el “Vocho” y seguimos a pie. Estábamos muy próximos al Cine Cosmos que, por cierto, había iniciado la función vespertina exhibiendo la película “24 Horas de Fuego”, que, como si fuese una premonición, anunciaba desde la marquesina, lo que sucedería minutos después. En efecto, vimos la cabecera de la marcha y nos dirigíamos a la misma al momento en que un grupo de jóvenes salía de las calles aledañas gritando “Che, Che, Che Guevara” y blandiendo unos bastones aterrorizantes. Bonfil me gritó: “A correr Andrés. Son fuerzas para militares”. No se apagaba aún el grito de advertencia del etnólogo mexicano, cuando escuchamos los primeros balazos y los gritos de los estudiantes confundidos con los insultos de los Halcones. Bonfil me gritaba, “no dejes de correr” mientras llegamos al Monumento a la Revolución, que lucía tétrico en aquella tarde de balas y gritos. Nos metimos a la primera cafetería que distinguimos y que milagrosamente mantenía abierto el local. Los primeros minutos, sentados en la mesa alrededor de una taza de café, Bonfil y yo no éramos capaces de proferir palabra. La represión se repetía. Por nuestras mentes pasaban las preguntas: ¿cuántos muertos habría? ¿cuántos heridos y prisioneros? ¿quién era el responsable de manejar a los Halcones? La democracia había sido enterrada una vez más en México. Después supimos a través de las asambleas celebradas en la Ibero que los muertos se calculaban en más de 120, jóvenes entre 14 y 22 años de edad. ¿Por qué esa saña del Estado Mexicano contra los jóvenes? Era una pregunta que recorría los pasillos universitarios. Pocos días después de estos terribles sucesos, renunciaron a sus cargos el Regente de la Ciudad de México, Alfonso Martínez Domínguez a quien desde esa fecha se conoció como “Don Halconzo”. Junto a él, renunció también el jefe de la policía de la Ciudad, Rogelio Flores Curiel. Nadie se responsabilizó de los hechos y por supuesto, menos el propio Presidente Echeverría. Es un crimen más que está impune en el país. Años después, en 1992, el cineasta Gabriel Retes dirigió la película “El Bulto”, que recuerda aquel jueves de corpus a través de la supuesta vida de un reportero que fue testigo de la represión y que a resultas de un golpe en la cabeza propinado por un halcón, quedó en coma 20 años, para despertar en un México que aún no conocía la democracia. Alfonso Cuarón, el cineasta mexicano que ha cosechado triunfos internacionales notables en ese difícil mundo del cine, también recordó aquellos sucesos en la mencionada película Roma. A medio siglo de aquél terrible jueves de corpus de 1971, aún está impune el crimen contra los jóvenes muertos y/o heridos. ¿Habrá justicia algún día?

Ajijic, Ribera del Lago de Chapala. A 5 de junio, 2021.

P.D. El domingo pasado, 6 de junio, se llevaron a cabo las elecciones más grandes ocurridas hasta hoy en México. A las 10 de la mañana, con los rayos del sol rebotando en el Lago de Chapala, salimos con mi esposa a votar. Al llegar al sitio indicado nos sorprendió agradablemente la cantidad de votantes y pronto comprobamos la excelente organización que permitió sufragar en sólo 15 minutos. Por cierto, en ningún momento vimos personal armado, ni de la guardia nacional ni de las policías municipales. Decidimos recorrer varios de los poblados de la Ribera de Chapala para observar qué pasaba. Todo tranquilo y votación copiosa, durante el transcurso de la mañana. Por la noche, nos llega la noticia del incendio de un restaurant en Ajijic que parece relacionado con los resultados de las elecciones. Los anuncios del Presidente del INE son alentadores. No hubo violencia en las elecciones, el Gobierno actual seguirá teniendo un respaldo mayoritario y se reitera la importancia de comprender las configuraciones regionales de México para entender los resultados regionales.

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