Fray Bartolomé de Las Casas y Don Francisco Tenamaxtle: Un diálogo actual

Uno de los aspectos más relevantes de discutir en estos días-y más con el mes que se avecina-en México y en América Latina (incluyo al Caribe) es qué pasará con los nacionalismos si se opera la transformación del Estado Nacional en Pluri Nacional. Aún no sabemos bien a bien qué sucede con ello en Ecuador o en Bolivia, pero sin duda si ese proceso de pasar de Nacional a Pluri Nacional de los actuales Estados se consolida en nuestros países, la reflexión sobre el nacionalismo será un aspecto de la mayor importancia. Mientras eso sucede o no, en estos días en México se discute sobre la “Conquista de México”, la llamada “Resistencia Indígena”,  “La Invasión”, “La Caída de la Gran Tenochtitlán” y aspectos relacionados. Por supuesto, los textos y discusiones acerca de esos temas se intensificarán en el próximo mes de septiembre con la discusión de la Independencia y todo lo relacionado con el surgimiento del Estado Nacional Mexicano en el siglo XIX. Como es de esperarse-no justificarse-en un país tan centralizado como México, los aspectos mencionados sólo se discuten en referencia a los sucesos que pasaron en los que hoy se llama Valle de México que en realidad es una cuenca lacustre que los nahuas llamaban Anáhuac, el “Mundo”. Es decir, este país está situado en un territorio centralizado desde que aparecieron las ciudades, las clases sociales, el manejo político de la economía y el Estado, en lo que hoy es México. Lo que se ha dado en llamar “la Antigüedad Mexicana”. Recordemos la frase inscrita en el Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México: “Cem Anáhuac Tenochca Tlalpan”, “El Mundo es Tierra Tenochca”. Sin embargo, existen varias historias que fueron modelando ese pasado y que se relacionan con la implantación del régimen colonial y las luchas de los pueblos originarios por revertirlas. Por supuesto, el tema es de lo más complejo porque en los iniciales avances de Hernán Cortés, una vez desembarcado en lo que hoy son las costas de Veracruz y haber instalado el primer Ayuntamiento para nombrarse Primer Regidor y eludir así la autoridad de Diego Velázquez, Gobernador de Cuba, los aliados indígenas entendían que de lo que se trataba era de derrotar a la Gran Tenochtilán y terminar con el predominio de los Tenochca. Recordemos que los ejércitos Mexicas estaban ya en los bordes de lo que es hoy Guatemala y se preparaban para avanzar hacia las profundidades del Sur, al momento en que se avistaron las naves capitaneados por Hernán Cortés. La caída de la Gran Tenochtitlán, le significó a los castellanos la toma del control de gran parte de la Cuenca Lacustre, sin contar con las alianzas logradas con varios pueblos originales, enemigos de los Tenochca. Pero faltaba un inmenso territorio de controlar, tanto hacia el sur como hacia al norte. Había comenzado la implantación de un régimen colonial que duraría 300 años. Justo en ese primer movimiento en tierra continental de lo que actualmente es América, para correr la frontera, los castellanos se encontraron con la férrea resistencia de los grupos Nómadas, la miríada de pueblos que se nombraban Chichimecas. La resistencia que estos opusieron se prolongó a lo largo del período colonial, amagando las rutas de comunicación,  atacando a los transportes que trasladaban el oro y la plata desde las  zonas mineras a los puertos de embarque, asediando a las primeras ciudades, amenazando misiones y presidios (los llamados “fuertes” en Estados Unidos). Es una historia en la que los Chichimecas son los protagonistas de la resistencia más persistente y  organizada a la que se enfrentaron los castellanos. Los pueblos nómadas tuvieron un líder de notable inteligencia militar y estratégica: Don Francisco Tenamaxtle, caxcán, hijo del Señor de Nochistlán en la actual Zacatecas y el líder principal que diseñó y puso en práctica la llamada Guerra del Mixtón de 1541-1542, y de la que hablaré en un texto siguiente. Existe en la Plaza de Nochistlán un monumento en memoria de este notable líder indígena que llevó la guerra a los actuales estados de Nayarit, Jalisco y Zacatecas, es decir, la antigua jurisdicción de la Audiencia de la Nueva Galicia. Derrotadas las huestes de Tenamaxtle y engañado este por varios sacerdotes que lo convencieron de salir de su escondite para pactar la paz, fue hecho prisionero y enviado a España, a Valladolid, que era en donde se encontraban las Cortes Reales en aquellos días y se llevaba a cabo a discusión, precisamente, sobre la llamada “Guerra Justa”, discusión protagonizada por una parte por Fray Bartolomé de Las Casas, Obispo de Ciudad Real, Chiapas y su oponente Ginés de Sepúlveda. La llamada “Discusión de los Naturales” se llevó a cabo en Valladolid entre 1550 y 1551, convocada por Carlos V de Alemania y I de España, para decidir el destino de los pueblos vencidos. Justo cuando se llevaba a cabo esta célebre reunión, llegó Don Francisco Tenamaxtle y presto fue confinado en una mazmorra, de lo que se enteró Fray Bartolomé de Las Casas. El Obispo que impulsó las Nuevas Leyes de Indias, buscó a aquel personaje y entabló con él un diálogo que aún necesitamos conocer en toda su extensión. Ha de haber sido un diálogo intenso entre un Obispo Humanista y un Líder de los pueblos en resistencia en la Nueva España. No sabemos a ciencia cierta cuánto de los argumentos del líder cazcán fue utilizado por Fray Bartolomé de Las Casas en su firme oposición a Ginés de Sepúlveda, partidario de la “Guerra a Sangre y Fuego” contra los pueblos originales. La conversación entre Tenamaxtle y Fray Bartolomé es, quizá, el primer diálogo profundo examinando las causas del colonialismo, su sin razón, su atentado contra el derecho de los pueblos a decidir sus destinos. Es quizá, uno de los primeros alegatos en contra del racismo y la discriminación y a favor de la pluralidad cultural. Se tocaron allí en ese diálogo, las experiencias de Fray Bartolomé en Chiapas y los puntos de vista de Tenamaxtle, para oponer al obtuso Ginés de Sepúlveda un alegato humanista para evitar la “Destrucción de las Indias” que decía el Frayle Dominico. Explorar ese diálogo es sin duda un ejercicio vital para entender qué pasó en aquellos días, cómo se configuró el colonialismo, cómo resistieron los pueblos a los que precisamente se tenía-y aún se tiene-como desprovistos de visiones y ausentes en la configuración de la Nación actual que es México. Ese diálogo reivindica la memoria de los pueblos nómadas y su papel central en la resistencia al régimen colonial y su lucha por  reafirmar los principios básicos del derecho de los pueblos a decidir sus caminos.

Ajijic, Ribera del Lago de Chapala. A 22 de agosto de 2021.

P.D. El primer historiador que dio noticia de este diálogo singular entre Tenamaxtle y Fray Bartolomé de las Casas es Miguel León-Portilla, en un libró brillante titulado La flecha en el Blanco, publicado en 1995. Después hay una segunda edición con el título Francisco  Tenamaxtle. Primer en Guerrillero en América,publicado en 2005. Dos obras imprescindibles sobre estos temas son: Fray Guillermo de Santa María, O.S.A. Guerra de los Chichimecas, El Colegio de Michoacán, Universidad de Guadalajara y El Colegio de San Luis, México, 2003. Con un Preámbulo de Pedro Tomé. Esta edición de la importante obra de Santa María se debe al importante historiador michoacano Alberto Carrillo Cázares, a quien se debe la paleografía del original, un estudio introductorio y las notas. También de Alberto Carrillo Cázares, El debate sobre la Guerra Chichimeca. 1531-1585, El Colegio de Michoacán/El Colegio de San Luis, México, 2000.

Otra lectura interesante es: Tomás de la Torre, De Salamanca, España, a Ciudad Real, Chiapas (1544-1546). Edición de Pedro Tomé y Andrés Fábregas, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, España/Universidad Intercultural de Chiapas, México. 2011.

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