La vida múltiple

Casa de citas/ 547

La vida múltiple

Héctor Cortés Mandujano

 

Leo Historia social de la literatura y el arte 1. Desde la Prehistoria hasta el Barroco (Debate, 1998), de Arnold Hauser.

Estos libros abarcadores, evidentemente no lo son tanto. Los traductores señalan en el prefacio que el autor (p. 7) “estudia al Greco, pero no cita a Velázquez ni a Goya, por ejemplo”. Pero el trabajo arduo, el conocimiento enciclopédico se nota en cada página.

En las tragedias de Sófocles y Esquilo priva la decisión de los dioses sobre la existencia de los seres humanos. Pero Eurípides, dice Hauser, introduce el tema del amor (p. 134): “Antes de él, el amor es desconocido como tema de conflicto dramático”, es decir, “los amantes ya no luchan contra dioses y demonios, sino contra el mecanismo del mundo burgués, contra padres que se oponen, rivales ricos, cartas traidoras y testamentos con cláusulas especiales”.

La cultura cortesana medieval se vuelve (p. 252) “una cultura específicamente femenina” en donde “los hombres piensan y sienten de manera femenina”; ya los poemas no buscan el beneplácito de los hombres, sino el de las mujeres y “son ellas mismas las que hablan frecuentemente por boca del poeta”. Las mujeres, antes de esta época, eran tomadas como botín, raptadas, “usadas” a la fuerza (p.255): “El hecho de que el varón sea la parte que corteja, que solicita, significa la inversión de las relaciones primitivas entre los sexos”.

Me parece brillante y explicativa la cita que Hauser hace de Giordano Bruno (p. 449): “La poesía no nace de las reglas, sino que las reglas derivan de la poesía; y así, existen tantas normas cuantos son los buenos poetas”.

 

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Ilustración: Héctor Ventura

En El ojo (Anagrama, 1986), novela breve de Vladimir Nabokov, un hombre vive sucesivas vidas (incluso, aparentemente, una muerte, un suicidio). Fue grande este ruso. Dice en su prólogo (p. 12): “Mis libros no sólo cuentan con la bendición de una ausencia absoluta de significación social, sino que además están hechos a prueba de mitos”, es decir, como Flaubert, le parece que la novela no es campo para la autobiografía ni los asuntos personales.

Matilda, cuenta en la novela el narrador, fue su primera amante (p. 19): “Matilda pronto empezó a aburrirme. Tenía un tema de conversación constante y, para mí, deprimente: su marido”.

Un apunte sobre el erotismo (p. 20): “Para mí la cumbre del acto amoroso no era más que una loma desierta con una vista despiadada. Al fin y al cabo, para vivir feliz, un hombre tiene que conocer de vez en cuando unos instantes de perfecto vacío”.

Me gusta esta descripción sobre la naturaleza humana (p. 48): “Hay personas normales y perfectamente decentes que inesperadamente resulta que tienen una pasión por coleccionar libélulas o grabados”.

A Shakespeare se le conoce como el “Cisne de Avón”, el narrador de El ojo sugiere que Goethe sea el (p. 89) “Cisne de Weimar”.

Su existencia múltiple la explica casi al final (p. 106): “No existo; lo que existe son los millares de espejos que me reflejan. Cada vez que conozco a alguien, aumenta la población de fantasmas que se parecen a mí. Viven en alguna parte, se multiplican en algún aparte. Sólo yo no existo”.

 

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Viaje a la república de las letras, I. La historia de México a través de sus fuentes literarias (Conaculta-Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, 2000), de Enrique G. Canudas Sandoval, cumple a medias con lo que propone el subtítulo, porque Canudas, doctor en historia, se olvida durante muchas páginas de la literatura y se vuelve o es nada más que un historiador.

Cita a O’Gorman sobre ese particular (p. 19): “La labor de los historiadores consiste en sacar los hechos históricos de las tumbas de los archivos para sepultarlos en las tumbas de las bibliotecas”.

Habla de pobreza que padecen los artistas, de la dificultad que tenían los escritores para hacer su labor, publicarla, difundirla. Cita a Fernández de Lizardi, el “Periquillo” (p. 57): “Y si ninguno me lee, también me basta ninguno”.

“El gobierno de las tripas” llama Cervantes a la necesidad primaria de comer, antes de cualquier otra cosa; “La panza es primero”, dijo Rius, moviendo irónicamente el planteamiento de Guerrero (“La Patria es primero”). Canudas hace una cita de Zolá sobre el mismo tema (p. 60): “En la lucha por la vida, el vientre vence; para él es toda la gloria”.

Dice (p. 180): “Si se hiciera un catálogo de los libros publicados en México durante el siglo, daría quizá como resultado que la mayor cantidad fueron religiosos; luego de derecho y legislación; después de versos, y por último los científicos. Bibliográficamente, el siglo XIX fue eminentemente devoto, poético y escasamente científico”.

Escribe sobre la poca paga que produce el trabajo intelectual (p. 187): “En pleno siglo XX, los intelectuales continuaban quejándose contra la mala retribución al mérito. Un escritor hubiera necesitado trabajar toda su vida para ganar lo que un torero sacaba en una tarde”.

 

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¿El cerebro nace o se hace? Genes y ambiente (Emse Edapp, S. L. y Editorial Salvat, 2019), de José Ramón Alonso e Irene Alonso Esquisábel es un ensayo clarificador sobre la pregunta del título.

Comentan los autores sobre el Proyecto Genoma Humano que dio sus primeros resultados en 2001 (p. 25): “Se creía que el genoma humano se revelaría como un libro básico de instrucciones, pero se ha visto que está lleno de enlaces, páginas ocultas, párrafos que saltan de sitio, fragmentos sin sentido y muchos elementos más”. Es decir, el cerebro no sólo se forma y cambia con los genes, sino también, como lo explicita el subtitulo de este libro apasionante, con el ambiente.

Dos apuntes más (p. 35): “La mayoría de las células del cerebro se forman antes del nacimiento, pero el peso del cerebro de un recién nacido es aproximadamente un 25% de su peso adulto”.

Por ello (p. 75): “Nuestro cerebro nunca está terminado, se mantiene en permanente construcción. […] Es modelado hasta el último de nuestros días por los aprendizajes, la experiencia y los retos a los que lo sometemos”.

            Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

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