La música es un recodo del alma

Dedicado a Efraín Ascencio Cedillo

A un año de su partida

 

La música es un recodo del alma, dicen algunos. Otros, que expresa como ningún otro arte, las cosas que nosotros no podemos decir, pero sí sentir. Por eso amenizamos nuestros mejores eventos personales con un ambiente lleno de notas y decibeles afines a esas emociones en turno. Comemos, departimos y charlamos con las personas que queremos estar, con música.

 

Una de las partes mas bellas de este compartir es recordar. Suena a balada mexicana chafa, pero no está fuera de toda realidad. Porque las sonoridades también nos permiten remontarnos a escenas y sucesos pasados y nos dicen, todo el tiempo, que la vida es eso: un fortuito intercambio de imágenes que quedan grabadas en nuestra memoria. Tal vez sea muy simple, pero así es. O quizá sea más complejo de que creemos y somos eternos a partir del “irnos” con nuestras remembranzas cada vez que nos tocan una fibra sensible en nuestras personas.

 

Ayer fue aniversario de la despedida de nuestro amigo Efraín Ascencio Cedillo. Dolidos, extrañándolo y haciéndonos tanta falta en esta realidad tan loca y desquiciante, una forma en la que le rememoro es por la música.

 

Efra era tantas cosas: fotógrafo, gestor, sociólogo, académico, melómano. Quisiera escribirle desde esto último, porque fue de las primeas cosas en la que yo conecté con él.

 

Efraín sabía de jazz, y junto a Martín de la Cruz, me enseñaron algunos tips sobre el tema. Lo que conocía de esta música era lo más elemental y le rehuía, casi siempre, porque pensaba (y-así-se-me-había-dicho) que se trataba de una música “intelectual”, muy “racional”. Pero con las charlas de los dos expertos, me quedó claro. El jazz motiva una incesante hibridez y concatenación de tal cantidad de acordes y de notas, que se convierte en una espiral inacabable de percepciones. Asunto resuelto. El jazz viene también de los negros y su fuerza forma parte del irraciocinio con que se expone.

 

A cambio, en mi casa con varias amistades y más de 4 mezcales, me improvisé una exposición de la transición del “rocanrol” al “rock” que, según yo, pasa por el uso del distorsionador y daba entrada al hard rock, puro y duro, de los sesenta y setenta (y sus variantes: la psicodelia, el blues rock, después, por supuesto, el punk), en pleno auge pos-industrial de las industrias musicales. Quedó padre y con la ayuda de todo/as y de Efraín en particular, convenimos que se hiciera un curso académico, el cual sigue pendiente, no se exactamente por qué.

 

Efra era tantas cosas. Impartí cursos con él y Martín, y era un lujo porque vinculábamos los contenidos con material audiovisual que, en sus manos y la música que poníamos, la verdad estaba de lujo. Una clase así no podía ser aburrida y nos esmerábamos porque así fuera, aunque mi neurosis de profesor trataba de sabotear los tiempos y los planteamientos, pero ahí estaba el buen Ascencio para calmarnos con su calma. Eso le agradezco mucho, aunque nunca lo supo, pero ante lo avasallante que podía ser un comentario “académico”, siempre nos salvaba de esa inmensa y desértica pasión que resulta, a veces, platicar de cosas intranscendentes (los famosos “datos inútiles” que a nadie le importa), Efraín nos ponía en el lugar adecuado, sin polemizar más de las cuenta. Al final decíamos ¡salud! Y cada quien en su enfoque pensando en otro candente tema.

 

Efra era tantas cosas. Compartíamos incasablemente el esmero de hacer notar la calidad del rock clásico en toda su dimensión. Generaciones afines, no podía ser de otra manera. Pero los dos adoramos a los Pixies y a la 4AD; yo le mostré mis gustos contemporáneos por el garaje rock escandinavo y mas de una banda hard rock mexicana, como Apolo y El Ruido Rosa. Él me hablaba de Spoky Tooth y de su inescrutable gusto por los King Crimson, una de las bandas mas suyas.

 

Jaliscience al fin, su rotunda y visceral aberración a Maná siempre me sacó de onda. Desde luego, no es que sea una banda de mis convicciones, al contrario, pero siempre le dije que, como a mi el TRI no me gusta, y después del Three Souls se convirtió en una farsa de Alex Lora, no teníamos que sacarla del universo del rock. Los Hombres G, le dije un día, como Maná, son iguales, poperos hasta la infamia, pero son un tipo de rock, para un tipo de gente, no para nosotros…Está bien, asintió, pero para Maná no aplica. Y ahí vamos otra vez, tratando de conciliar sus tripas rockeras con la inclusión intercultural del arte musical y bla, bla bla.

 

Maná es la banda mexicana que llena estadios por el mundo, y su rock, facilón y accesible para quien no entendería en toda la complejidad un tipo de música como el rock (que es una forma de vida, dijeran los sabios), no entraba en la mente entrenada del master Efraín Ascencio Cedillo. Abierto sí, pero también consecuente con su forma de pensar y de sentir. Rocker universal, pero con niveles y decibeles adecuados. Rockero pero no popero.

 

Otro día tuvimos una charla sobre la poderosa y mundialmente conocida balada mexicana y sus dos grandes vertientes: la de clase media y de Televisa, y la otra, la callejera y popular. La primera, con las/os cantantes criollas y “caras bonitas”, Alejandra Guzmán, Yuri, Emmanuel, Luis Miguel, etc.; la segunda, la talachera: los Yonics, los Solitarios, Yndio, los Ángeles Negros. Coincidimos en la parte sabia de este estilo musical que partía emocionalmente en dos a México. La gente bonita y la gente naca. Efraín, güero pero también de rancho, militaba en los dos bandos. Yo también, aunque no me sonrojaba tanto como él.

 

Efra era tantas cosas. Fraterno, sabio, incansable en sus proyectos, solidario, amoroso y ácido al mismo tiempo, artista y visionario de la cultura pop universal. Pero de todas esas cualidades, la que más destaca, realmente, fue ser el mejor de los amigos, cómplice de todos los afectos posibles, hermano de toda la vida. A un año de tu partida, te extrañamos harto, quienes aún te queremos harto.

 

Un beso y una flor

 

(De Nino Bravo, cortesía de Geny Bayona a Efráin)

 

Dejaré mi tierra por ti

Dejaré mis campos y me iré

Lejos de aquí

Cruzaré llorando el jardín

Y con tus recuerdos partiré

Lejos de aquí

 

De día viviré

Pensando en tus sonrisas

De noche las estrellas me acompañarán

Serás como una luz

Que alumbre en mi camino

Me voy pero te juro que mañana volveré

 

Las penas pesan en el corazón

Más allá del mar habrá un lugar

Donde el Sol cada mañana brille más

Forjarán mi destino las piedras del camino

Lo que nos es querido siempre queda atrás

 

 

 

 

 

 

 

 

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