Fredy López Arévalo, la voz silenciada por la violencia

Fredy López Arévalo fue acallado por unas balas disparadas desde la oscuridad, el pasado 28 de octubre. Su muerte deja un vacío en la comunidad de periodistas de Chiapas, y siembra la preocupación por la seguridad de los informadores en esta parte del país.

Originario de Yajalón, en donde nació hace 57 años, Fredy encontró en el periodismo su vocación. Su vida la dedicó al oficio informativo sin escalas y sin pausas. Fui amigo de su hermano Pepe, y en la celebración de esa amistad inolvidable, coincidimos varias veces.

Después, con la muerte de Pepe, dejamos de vernos, aunque lo seguí leyendo, porque su brújula informativa era valiosa para comprender Chiapas y, en especial, Los Altos de Chiapas.

Su muerte, dolorosa y preocupante para el gremio periodístico, nos habla de la inseguridad en que se ve envuelto el país y la vulnerabilidad en la que viven los informadores.

En lugar de aclarar alguna información que podría haber estado equivocada, sus asesinos decidieron corregirle su texto con sangre.

Conocí a Fredy en el Semanario Ámbar, que fue un proyecto renovador del periodismo en Chiapas a inicios de los noventa. Me pareció desde entonces un comunicador profesional y capaz de cumplir cualquier acontecimiento con absoluta solvencia. Estaba informado, era un gran escritor, era audaz y tenía una inmensa seguridad en sus cualidades como periodista.

Fredy López Arévalo

Por aquellos años, conocí al gran Roberto Mancilla Herrera, una voz apagada también por la violencia. Era gratificante escucharlo cuando rememoraba sus años estudiantiles en Veracruz y la pasión cuando disertaba sobre los escritores que admiraba y que se desplegaban por todos los rincones del mundo.

Días antes de su muerte me invitó a desayunar en su casa, en donde conocí a su esposa, la maestra Martha Mendoza. Días antes, lo había acompañado a comer unas botanas en la Mojarra Biónica y a escuchar a su hijo Jorge o Roberto, ya no recuerdo de quién de los dos se trataba, que con su banda ofrecía un concierto en el Teatro al Aire Libre Bonampak. Su muerte me llenó de tristeza y de confusión.

Tuvimos cinco lustros sin agresiones sangrientas a los periodistas chiapanecos, hasta que el 21 de septiembre de 2018, cuando unos sicarios mataron en Yajalón a Mario Leonel Gómez Sánchez, corresponsal de El Heraldo de Chiapas y egresado de la Licenciatura en Comunicación de la Unach.

Su voz también fue silenciada por las balas. Los asesinos, sabedores de que vivimos en un país en donde es difícil encontrar a los culpables, decidieron la suerte de un periodista honrado y profesional.

Tres años después de ese hecho sangriento, ha ocurrido otro asesinato de un informador. Este hecho debería preocupar y poner en alerta a los ciudadanos porque la agresión en contra de un periodista es un agravio para toda la sociedad.

No se ha informado hasta el momento de algún avance sobre la muerte de Fredy. Esperamos, y lo ha exigido el gremio de periodistas chiapanecos, que pronto se localice y castigue a los culpables. Es un asunto pendiente de las autoridades.

Mi solidaridad con la familia de Fredy, con su esposa Gaby, con sus hermanos, a quienes conozco desde hace años, y con su madre, doña Blanca.

 

 

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