A 28 años, el EZLN en la diáspora del mundo

Después de aquel amanecer rebelde de hace 28 años, el EZLN se ha guarecido en el calor disminuido de sus simpatizantes de la Selva y en los rebeldes del mundo que luchan contra el titán del capitalismo. Sus coordenadas han cambiado: ya no pretende transformar el sistema político mexicano, como fue su declaración de guerra, sino el capitalismo que trastoca vidas y las sumerge en la miseria.

El subcomandante Galeano, reencarnación del finado Marcos, sigue empecinado en lo suyo, que es la de ser cronista del movimiento que más ha impactado en la epidermis política y social de nuestro país en los últimos 30 años. Y como cronista, de chispa e ironía inagotable, se dedicó el año pasado a escribir sobre la Travesía por la vida, como llamó al viaje en barco de siete zapatistas (cuatro mujeres, dos hombres y unoa otroa) por varios países europeos.

La revolución, pero sobre todo el quehacer literario, aun cuando pocos lo lean, está presente en sus comunicados, y sus personajes siguen batallando en sus apuntes: sobrevive Durito, el escarabajo de acero inoxidable, que esta vez se montó en ese barco, bautizado con posh como La Montaña, para navegar sobre la insolencia del capitalismo; está siempre el viejo Antonio, está la pipa y está el tabaco, y está la revolución hecha papel y sueños.

Y está, es innegable, una base zapatista, que menguada, persiste con coraje, en su agenda de construir un mundo diferente, un mundo en donde quepan otros mundos, como dicen con orgullo. No es fácil, por supuesto, sobrevivir y mantener la esperanza en medio de tantos embates a la embarcación.

Las bases zapatistas, al igual que sucede con otras comunidades de la selva, también viven la migración. No pueden sustraerse de la ola expulsora de migrantes en México, en donde nuestro estado ocupa un lugar protagónico.

Los migrantes son jóvenes poszapatistas, esos que nacieron después de vértigo del 94 y que se engancharon a los sueños llegados a través de un celular por un nuevo estilo de vida, con lo que se ha mermado el trabajo colectivo de las bases de apoyo. Ese nuevo estilo de vida significa contra lo que se lucha hoy: el trasvase de modelos de consumismo occidental.

El gobierno, que desde Zedillo ha puesto su palada de arena para erosionar los sueños de cambio del sistema político mexicano, ha sido efectiva, una estrategia diseñada y ejecutada por el Ejército Mexicano, califica como Guerra de Baja Intensidad, por su carácter suave de conquista a las voluntades de las comunidades con apoyos sociales y servicios diversos ofrecidos por varias dependencias.

Los propios dirigentes zapatistas han cometido errores. El comandante Germán, que apareció en los medios hace unos meses, criticó a Galeano-Marcos, por haberse juntado “con mancos intelectuales” y haber sido permisivo con cuadros desleales.

Esa suma de presión externa y división interna ha marcado los destinos del navío zapatista que, convertido en un trasatlántico de cambio en el 94, transmutó en 2021 en una pequeña embarcación empujada por velas, que sin embargo fue capaz de surcar los mares para llegar a Europa.

Ayer, que marcó el año de la irrupción en los periódicos después de la exitosa toma de San Cristóbal, ni siquiera La Jornada le dedicó una nota en portada de aquella gesta revolucionaria.

Más allá de esta erosión, hay que agradecer a los zapatistas de la selva, a esos pueblos irreverentes, solidarios y rebeldes que han experimentado nuevas formas de enfrentar el mundo a través del trabajo colectivo y la lucha por la dignidad contra el gigante capitalista que ha colonizado nuestras vidas con el consumismo como signo máximo de bienestar.

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