En Chiapas, solo morimos de amor y no nos basta

En medio de la pandemia más grave de este siglo, Chiapas es una isla de bienestar, reposo y contención del covid.

Nadie como los chiapanecos para enfrentar con éxito, con toda una estrategia de mañas e ingenio, al virus. Y tanto es el logro, que debiéramos ser motivo de estudio para publicarse en Lancet, esa revista de punta de la investigación médica, y mínimo, ser reconocidos por la ONU, por esta innovadora, extraña y original forma de esquivar y arrinconar al covid.

Nuestras líneas fronterizas deben tener algo mágico, un arco magnético avanzado que mata al virus invasor. A partir de Pichucalco, a partir de Arriaga, el virus se detiene, se atrofia y hasta es posible que regrese a estropear la vida de tabasqueños y oaxaqueños.

Somos unos seres resistentes para el covid o debe haber algo en nuestras montañas, en nuestros ríos, que han cantado nuestros poetas o nuestros marimbistas, para que el virus se resista a destruir el paraíso.

Aquí deberían refugiarse las personas vulnerables de otros estados. Chiapas ha sido el arca de Noé. El territorio en donde nadie muere de ese virus que paraliza actividades en Europa y Estados Unidos y pone de cabeza al mundo.

El covid le teme a los chiapanecos. Se queda en Tabasco, en donde se ha ensañado, no obstante que es la tierra del presidente de la República; se queda en Oaxaca, en la Ciudad de México, en Nuevo León que, con un número de habitantes muy similar al nuestro, ha registrado 215 mil contagios y 13 mil 774 muertes. Tan solo el 8 de enero sumó cuatro mil 679 casos, y nosotros, 12. Nos ganaron por cuatro mil 667. Una megagoleada.

Aquí, no morimos de covid. Morimos por una gripa mal cuidada (1842 decesos, según cifras oficiales en 2020), por enfermedades cardíacas (8 mil 562) o por diabetes (seis mil 16). Eso sí, tenemos un exceso de muertes, que deben ser por tanta desinformación o por espanto, que en 2020 alcanzó seis mil 945 fallecidos, según el Boletín Estadístico sobre Exceso de Mortalidad.

En este Chiapas mágico, no le tememos al Covid; el covid nos teme, se apabulla ante nuestra presencia. Algo debe haber en nuestra sangre indómita, para atacar al centro, al norte, pero no a este sur profundo, que es cápsula de protección más efectiva que cualquier vacuna.

Si usted, sus amigos o sus familiares se han contagiado de covid, deben ser los únicos, porque en Chiapas el covid no existe, y ya llevamos “68 días sin ningún deceso” por este virus, según informa a diario el boletín estatal.

Con tan buenas cifras oficiales, ómicron nos hará los mandados. Lo enviaremos, con comunicado de por medio de la Secretaría de Salud estatal, a China, que regrese a África, que se haga pijiji, porque los chiapanecos nacimos con inmunidad total. Aquí solo morimos de amor y no nos basta (Robles Sasso, dixit).

Si ve a muchas personas, en una cola interminable en Salud Digna, no se alarme. No van por una prueba de covid, van a ver si Salinas Pliego ya les depositó el millón que prometió.

Los pacientes, que se arraciman en las farmacias, nadie padece el virus. Están ahí para saludarse, para desearse mucho bienestar en este año que empieza, y brindar con algunas vitaminas.

Somos un pueblo y un estado maravilloso que apenas ha movido su alerta epidemiológica, con un Verde permanente. Si los mexicanos, tuvieran las defensas indómitas de los chiapanecos, en lugar de presumir esa cifra escalofriante de 300 mil muertos, apenas tendrían fallecidos, y hasta serían por una gripa mal cuidada o por un mal de amores que tanto se propaga en los días invernales.

 

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