La ENAH: Aula Latinoamericana de Antropología

Foto: ENAH

Escribo este primer texto del año para Chiapas Paralelo comentando la importancia de la Escuela Nacional de Antropología e Historia en la formación de antropólogos, no sólo en México sino en América Latina. La  fundación de esta legendaria y combativa Escuela ocurrió en un momento de vital importancia en México y en Latinoamérica, cuando los nacionalismos se afianzaban buscando la consolidación de los Estados Nacionales. En México, la ENAH se funda primero dentro de la Escuela de Biología del Instituto Politécnico Nacional (IPN), institución establecida por el General Lázaro Cárdenas para dar entrada a la educación superior a los hijos de obreros, campesinos y clases medias. Coincidía el momento con el auge del indigenismo que en México y en América Latina buscaba uniformar culturalmente a las sociedades para consolidar las comunidades nacionales y apuntalar al nacionalismo. Por supuesto, la ENAH tiene sus antecedentes en el Siglo XIX, al momento en que el Estado Nacional Mexicano surge como una entidad política soberana y requiere del nacionalismo para afianzarse. En general, la antropología y la historia serán disciplinas sociales esenciales para ese propósito. Por ello, en el propio Museo Nacional de Antropología, desde el siglo XIX, se impartían clases de historia y de antropología dirigidos a fortalecer al mestizaje y resaltar la grandeza de un pasado que se concentraba en exaltar a los pueblos de la Cuenca Lacustre del Centro de México, excluyendo a todos los demás. Esa es una historia que necesita reflexionarse con detalle. El caso es que en 1911, Porfirio Díaz mismo, en presencia de todo su gabinete, fortalece esa orientación que venía del siglo XIX e inaugura la Escuela Internacional de Etnología y Arqueología Americanas, precisamente en los locales del Museo Nacional de Antropología situado en aquellos años en las Calles de Moneda, a un costado del Palacio Nacional. Y es nada menos que Franz Boas, quizá el antropólogo de mayor prestigio mundial en ese momento quien  dirigirá los primeros destinos de la Escuela. Así, desde su fundación, la Escuela tuvo vocación latinoamericanista. En esa Escuela se formó Manuel Gamio, quien sería también Director de la Misma. Esa vinculación de la ENAH con el Museo y con el nacionalismo continuó en los años cardenistas y posteriores. Todavía entes de terminar el sexenio del General Cárdenas, en 1939, se fundó el Instituto Nacional de Antropología e Historia, institución que en 1942, siendo Alfonso Caso su Director General, acogió a la Escuela, que tomó el nombre actual de Escuela Nacional de Antropología e Historia. Al mismo tiempo, a través de un convenio, el IPN cedió todos los derechos sobre la Escuela al INAH y también la UNAM cerró sus cursos de antropología que se dictaban en la Facultad de Filosofía y Letras, para que sólo la ENAH estuviera autorizada a ello como institución pública. Así, la ENAH surgió como un modelo de enseñanza de la antropología vinculada a los propósitos nacionalistas del Estado Nacional Mexicano, pero también con vocación Latinoamericana. Es cierto que los  antropólogos profesionales que trabajarían en el indigenismo, concretamente en el Instituto Nacional Indigenista inaugurado el año de 1941, egresarían de la ENAH, también es cierto que la Escuela tiene una trayectoria de luchas que incluyen la crítica al propio indigenismo. De dónde si no de sus aulas surgieron Guillermo Bonfil, Margarita Nolasco, Mercedes Olivera, Enrique Valencia, José Rendón, Salomón Nahmad, misma generación que apoyó la gran huelga nacional del IPN, invadido por el Ejército Nacional en 1956. Mi propia generación ingresada a la Escuela en 1965, se educó en medio de las contradicciones emanadas de regímenes autoritarios en el Estado Nacional, y un contexto de conflictividad internacional enmarcado en la Guerra Fría, expresado en el Movimiento Estudiantil de 1968. La ENAH ha pasado por diferentes etapas, incluyendo la expulsión de aquel grupo legendario conocido como Los Magníficos, lo que dio pie a una estrategia que venía del propio Estado Nacional para ridiculizar al pensamiento crítico y hacer de la Escuela un centro estéril. Pero la institución superó los obstáculos y está en pie. La ENAH es el recinto en donde se formaron generaciones de antropólogos y antropólogas que después difundieron o fundaron escuelas en sus propios países. Ello incluye a personajes como Claudio Esteva-Fabregat, Pedro Carrasco,  Pedro Armillas, Ángel Palerm, Carlos H. Aguilar, Miguel Acosta Saignes, José Matos Mar y tantos más. Es la ENAH en la que enseñaron figuras señeras de la antropología como Johanna Faulhaber, Barbro Dhalgren, Rosa Camelo, Concepción Muedra, Paul Kirchhhoff, José Luis Lorenzo. Es la Escuela que forjo a Carlos Navarrete, a Eduarto Matos Moctezuma y al propio Director Actual del INAH, el etnólogo Diego Prieto. Y por supuesto muchas personas más, antropólogas y antropólogos que han contribuido a hacer antropologías críticas no sólo en México sino en América Latina. Por eso he opinado que la ENAH es un patrimonio de la Antropología. Creo que hacer un gran Ciclo de Homenaje a la Institución como tal, en cuyo marco y hasta donde eso sea posible, se cuente la trayectoria de cada generación desde su fundación, sería no sólo un acto de reivindicación de la memoria de cómo se ha ido forjando la antropología en un país como México, sus influencias, sus aciertos y sus descalabros, sino una manera de poner al día una trayectoria institucional tan importante.

Ajijic. Ribera del Lago de Chapala. A 10 de enero de 2022.

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