Rutilio Escandón, el gobernador distante

Frío, como los vientos de febrero, así es el particular modo de gobernar de Rutilio Escandón Cadenas.

La frialdad, desde luego, no define a un buen o mal gobernante. Ernesto Zedillo fue un presidente alejado de la gente. No traía el calor político en las venas, sin embargo, ha sido uno de los mejores presidentes o de los menos peores del México contemporáneo.

A veces los políticos efusivos, esos que transmiten cercanía, son pésimos gobernantes. Ahí está el caso de Juan Sabines Guerrero, el peor gobernador de Chiapas.

Pablo Salazar combinó cercanía y capacidad de gobierno. Pocos como él para apapachar, hablar y escuchar a los ciudadanos, y también de trazar una gestión organizada y notable, con buenos resultados. Naufragó, sabemos, con su heredero en quien no encontró calor recíproco.

Al gobernador actual no le interesa acercarse a la gente, dialogar con sus gobernados, sentirse querido. No es su agenda; quizá le apunte al nebuloso e ingrato juicio de la posteridad.

Su estilo pareciera fincarse en el anonimato. En llamar poco la atención. Pasar casi inadvertido en el barullo de la política. Los reflectores, parece decirnos, deben ser para el presidente, no para él.

De acuerdo con la encuestadora Mitofsky, Rutilio Escandón está en la tabla media de aprobación de los gobernantes, sin pasar del 50 por ciento de popularidad. No creo que eso le preocupe. Más bien ese ha sido su objetivo: la discrecionalidad como forma de vida y de ejercicio político.

Rutilio Escandón, gobernador de Chiapas.

El gobernador realiza giras, y trata de no perder el ritmo semanal, pero esas reuniones son asépticas y distantes, separado siempre por vallas de sus gobernantes. Emite el mismo mensaje en todos lados; replica al presidente Andrés Manuel. Habla de los excesos del pasado y de la austeridad actual. Y él mismo es austero: viaja en vuelos comerciales y se desplaza, incluso a la Sierra Madre o a la Selva, en camioneta. Ha dejado a un lado los helicópteros y los aviones particulares, a los que tan aficionados habían sido casi todos los gobernadores, a excepción de Juan Sabines, por sus temores a volar.

Aunque el gobernador inaugura de forma presencial carreteras, puentes y cuando obra pública grande o pequeña se terminen en los municipios, bien podría hacerlas vía Zoom. No le entusiasma, ni le alimenta el alma, como sucede con el presidente de la República, sentir el calor de sus seguidores.

Hay políticos que se crecen en las multitudes, que se hacen en las plazas, que calibran y satisfacen con palabras las demandas de los ciudadanos. Nuestro gobernador no pertenece a esa clase.

Su estilo es más de oficina. Más de evaluar resultados. Más de proponer. Más de pensar y dialogar en torno a un café, una estrategia que no está mal, porque la gestión pública requiere escuchar diagnósticos y tomar decisiones.

Rutilio Escandón, en ese estilo de témpano, es un gobernador disciplinado que cumple su horario de trabajo con puntualidad y que baja las persianas cuando empieza anochecer. No se desvela, ni desvela a nadie, con sus ocurrencias. No es Manuel Velasco Suárez, ni todos los gobernadores que le siguieron, que el peso del poder lo mantenía despierto hasta la madrugada.

Más allá de la distancia o la cercanía, lo verdaderamente importante son los resultados de gobierno. Aún es pronto para saberlo en el caso de nuestro gobernador. No ha habido estridencias, pero tampoco resultados llamativos. Hay, en eso también, un gobierno discreto, que no levanta polvo, ni para bien ni para mal.

 

 

 

 

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