En la parada del Conejobús

Cuando desapareció el Conejobús, hace 28 meses, lo menos que esperaba Silvestre Mayorga Toledo era que no le regresaran su concesión de la ruta 2 del transporte colectivo que obtuvo hace más de 40 años en Tuxtla Gutiérrez.

Fue el gobernador Juan Sabines Gutiérrez quien, a inicios de los ochenta, le entregó a él y a seis socios más una concesión para que administraran una unidad que empezó a dar servicio por toda la Calle Central, desde el Libramiento Sur hasta la 13 Norte.

Para entonces, Silvestre Mayorga, quien nació en el barrio de San Roque el 27 de marzo de 1951, era un veterano en el volante, al haberse iniciado en el servicio público a los 13 años, en el gobierno de José Castillo Tielemans, cuando Romeo Gout, era director de Tránsito del Estado.

Su padre, que también se llamaba Silvestre, pero con los apellidos Mayorga Ruiz, tenía las placas número 1 para el servicio de taxi en Tuxtla y pueblos aledaños. En las horas de descanso de su padre, empezó a hacer pequeños viajes por los barrios de la tranquila ciudad de Tuxtla que apenas rebasaba los 40 mil habitantes. Era 1964. El coche era un Dodge Dart Seneca 1960.

Desde entonces se quedó en el volante de una unidad de transporte público. Se casó. Tuvo dos hijos, que ahora son abogados. Dejó San Roque, su colonia de la infancia; se fue a vivir al barrio de Guadalupe, y ya casado, compró una casa en la Pensil. Vio transfigurarse la ciudad. La vio crecer, sobre todo con la construcción de la presa hidroeléctrica de Chicoasén, que trajo a ingenieros, obreros y a especialista de otras partes del país, y que echaron raíces en la ciudad.

Silvestre Mayorga, socio del Conejobús.

En los ochenta, cuando consiguió la concesión de servicio urbano que recorría toda la calle central, Tuxtla albergaba 131 mil personas. La población se había multiplicado por tres, y aquellas colonias, surgidas aprisa, requerían de transporte público. Ahí apareció él, que junto a seis socios más, administraban un vehículo que recorría 35 cuadras de la Calle Central, desde la 13 Norte hasta la 22 Sur.

Después, en calles del demonio, estrechas y llenas de hoyancos, ampliaron la ruta: por el Potrero Mirador, por la Popular, por la Ideal. Tuxtla seguía creciendo: el censo de 1990 indicó que en la capital vivían 289 mil personas, más esa población flotante que llegaba durante el día de Berriozábal, de San Fernando, de Chiapa de Corzo y de Suchiapa.

Aparecieron nuevas rutas: la 3, que recorría la 5 Norte hasta la 9 Sur, por el Mercado de los Ancianos.

Hoy, con 578 mil habitantes según el censo de 2020, Tuxtla es una maraña de rutas –más de 140, dicen los números oficiales– que se disputan el pasaje, que invaden zonas, que juegan a los carros chocones, y que mueven a miles de pasajeros, dinero e intereses.

En el gobierno de Juan Sabines Guerrero, Silvestre Mayorga recibió la propuesta, como los otros socios, de convertirse en accionista del Conejobús, que se esperaba fuera un referente del transporte moderno en México.

Aceptó. Y aquellas unidades, alimentadas supuestamente con combustible orgánico, empezaron a dar su servicio de pasajes en Tuxtla en enero de 2010. Los primeros años fueron buenos. A los socios se les pagaba a tiempo.

En el gobierno de Manuel Velasco, si bien se deterioró el servicio, los pagos como socio los recibió con puntualidad.

El Conejobús, que ya venía con saltos trastabillantes, se estampó con el gobierno de la 4T. Las unidades fueron remolcadas a un corralón y los socios, marginados del esquema. Y lo peor, no se les regresó el derecho de administrar las concesiones de que son titulares.

Desde fines de 2019, Silvestre Mayorga, al igual que las 135 familias que dependían del Conejobús en las rutas 1 y 2, no percibe los 11 mil pesos mensuales que le corresponden como socio. Con diabetes y sostenido con un bastón y los recuerdos de sus años al volante, resiste. Este domingo cumplió 72 años, y 41 días de establecerse en plantón frente a Palacio de Gobierno de Chiapas. Su propósito es claro: que le paguen los 28 meses de ingresos que le adeudan como socio del Conejobús y que le regresen la concesión de una unidad de la ruta número 2, la que corre sobre la Calle Central de Tuxtla Gutiérrez, de la que es titular.

 

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