Los tres sexos de las hadas

Casa de citas/ 579

Los tres sexos de las hadas

Héctor Cortés Mandujano

 

Nada pasa, después de los doce años, que importe mucho

James Matthew Barrie

 

He visto muchas películas sobre Peter Pan, y he leído cómics y novelas ilustradas sobre este personaje eternamente niño. Pero no había leído el libro sin dibujos, sin más intervención que el talento imaginativo de su autor, James Matthew Barrie (1860-1937). Me encantó.

Mi ejemplar es de Editorial Tomo, 2017, con traducción de Marco A. Garibay.

Cuando describe a Peter Pan al llegar por primera vez a casa de los Darling (de donde se llevará a John, Michael y Wendy) dice (p. 21): “La cosa más deliciosa que tenía era que conservaba todos sus dientes de leche”.

Peter pan, cuando platica con Wendy Moira Ángela Darling, le dice que él no tiene mamá (p. 38): “No sólo no tenía madre, sino que no sentía el menor deseo de tener una. Le parecía que eran unas personas a las que se les había dado una importancia exagerada”.

Wendy se fascina con el hada Campanita y ésta la odia, apenas conocerse (p. 67: “La odiaba con el odio feroz de una auténtica mujer”). Dice Peter (p. 43): “Los niños de hoy en día saben tantas cosas que dejan pronto de creer en las hadas y cada vez que un niño dice: ‘No creo en las hadas’, algún hada cae muerta”.

Wendy irá con él para ser la mamá de los niños perdidos en el País de Nunca Jamás. ¿De dónde vienen esos niños? Peter lo explica (p. 45): “Son los niños que se caen de sus cochecitos cuando la niñera no está mirando. Si al cabo de siete días nadie los reclama se les envía al País de Nunca Jamás para sufragar gastos. Yo soy su capitán”.

¿Y por qué no hay niñas? Dice Peter: “Oh, no, ya sabes, las niñas son demasiado listas para caerse de sus cochecitos”.

Algo que no cuentan ni las películas ni los libros ilustrados es la violencia del Capitán Garfio y Peter Pan: los dos matan sin piedad. Smee, compinche de Garfio, llama Johnny Sacacorchos a su sable (p. 77) “porque lo retorcía en la herida. Se podrían mencionar muchos rasgos encantadores de Smee. Por ejemplo, después de matar, eran sus gafas lo primero que limpiaba en vez de su arma”.

Se habla del carácter de Garfio (p. 136): “En aquella oscura personalidad había un toque femenino, como en todos los grandes piratas y este a veces le daba intuiciones”.

Así como los niños matan a una hada con sólo decir que no creen el ellas (p. 143), “hay un dicho en el País de Nunca Jamás según el cual cada vez que uno respira muere un adulto”.

Así se describe cuando Peter Pan mata a Ed Teynte, uno de los hombres de Garfio, con la ayuda de John Darling. Tiene que hacerlo con sigilo, porque los otros piratas están en el mismo barco (pp. 189-181): “Ahora, lector, cronometra con tu reloj lo que pasó. Peter le clavó el puñal bien hondo. John tapó la boca al malhadado pirata para ahogar el gemido de agonía. Cayó hacia adelante. Cuatro chicos lo cogieron para evitar el golpe. Peter dio la señal y la carroña fue lanzada por la borda. Se oyó un chapuzón y luego silencio. ¿Cuánto ha durado?”.

Matan a muchos, porque los villanos entraron en pánico (p. 188) “y se convertían en presas fácil para las espadas ensangrentadas de los otros chichos”. ¿A cuántos mataron? A “cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once”. Muchos.

En las hadas hay tres sexos (p. 210): “Las de color malva son chicos y las de color blanco, chicas, y las de color azul, unas tontuelas que no saben bien qué son”.

Wendy y sus hermanos regresan a casa, junto con los niños perdidos, que son adoptados por los señores Darling. En Nunca Jamás volaban, pero la vida cotidiana hizo que (p. 211) “poco a poco fueran perdiendo la capacidad de volar”.

Cuando Peter Pan regresa a buscar a Wendy ésta es ya una mujer casada y no quiere ni puede volar con él. Lo hace Jane, su hija y luego Margarte, su nieta. Wendy pregunta a Peter sobre Campanita y la respuesta es brutal (p. 213): “Supongo que habrá muerto”.

Las niñas van a Nunca Jamás para ser madres de Peter y de los niños perdidos. Margaret, la nieta de Wendy, ha ido con él (p. 222): “Cuando Margaret crezca tendrá una hija, que a su vez será la madre de Peter y así seguirán las cosas, mientras los niños sean alegres, inocentes e insensibles”.

Ilustración: HCM

***

 

El número triple de la revista de teatro Tramoya (5, 6 y 7), dirigida por el maestro Emilio Carballido, correspondiente a enero-septiembre de 1986, está dedicada enteramente a la dramaturgia rusa contemporánea.

En “Una comedia pasada de moda”, de Aleksei Arbuzov, traducida por Armando Partida, la paciente dice a su médico (p. 18): “En general no se encuentran con frecuencia hombres que sean merecedores de despertar interés. Todos son tan incompletos o a todos les falta algo”.

“Tríptico para dos”, de Simion Zlotnikov, también traducida por Armando Partida, muestra el alcance del famoso libro de García Márquez. Una mujer, en la primera del tríptico, cuenta a un hombre de otro que la impresionó. Le describe su rostro y hasta (p. 68) “el tatuaje azul en la mano roja: Cien años de soledad”.

Hay varias más, pero el plato principal, según yo, es “La gata que paseaba sola”, de Nina Siepakova, basada en El libro de la selva de Rudyard Kiplin, traducida por Selma Ancira.

Los animales tienen miedo del tigre. El hombre ha descubierto el fuego, ha construido una casa en la selva y tiene una mujer y un hijo. Los animales, cuando ven que se enfrenta al tigre, quien tiene miedo del fuego, se le hincan. La gata no. Le dice al hombre (p. 128): “Tu casa es una trampa en la que se encuentran tanto tu cachorro como tú. […] Me das lástima.”, y después le dice a los demás animales (p. 129): “Sirve a muchos amos. A su familia, que lo manda de caza; a su vivienda-trampa, que no le permite alejarse; a la florecita escarlata, a la que debe alimentar constantemente”; la florecita escarlata es, obviamente, el fuego, que no debe apagársele porque quedaría a merced del miedo.

Los otros animales, que querían rendirse al hombre, ahora se rinden ante la gata; ésta dice (p. 132): “¡Pero qué aburrido! Quien no quiere someterse, quiere gobernar… y si nos ponemos a analizar, en el fondo es lo mismo”.

La mujer, con argucias, logra que los animales, antes libres, se vuelvan sus ayudantes. Así hace que el perro, el caballo y la vaca estén a su servicio. La gata, que desdeña al hombre, al tigre y a todos los demás animales, al ver lo que la mujer logra dice (p. 141): “Esta mujer es casi tan inteligente como yo”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

 

 

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