Ateos y creyentes

Casa de citas/ 580

Ateos y creyentes

Héctor Cortés Mandujano

 

Amo y señor de mis palabras (Tusquets, 2015), de Fernando del Paso, tiene como contenido lo que dice el subtítulo: Artículos, discursos y otros textos sobre literatura.

En “Un siglo y dos imperios” escribe que uno de sus personajes, José Trigo (y lo cito por el juego de palabras, p. 25), “contradice a todos aquellos que predijeron que el humo de las locomotoras acabaría con los pájaros y afirma que no hubo tordo que se aturdiera, ni perdiz que se desperdigara, ni alondra que se atolondrara”.

Cita a Cabrera Infante en “Carta a Juan Rulfo” (p. 85): “Le soy fiel a mi memoria, aunque mi memoria me sea infiel”.

“Mi Buenoayres querido” es un texto celebratorio sobre Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal. Se refiere en algún momento a un aspecto de la novela, con eufemismos latinos primero, con descarnadas palabras después (p. 142): “Reflexiones profundas sobre el ars cacandi, o arte de cagar”.

 

***

 

Antes de leer los libros de Wittgenstein, decidí leer una aproximación a su vida y obra: Wittgenstein. Los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo (RBA, 2019), de Henar Lanza González, cuyo subtítulo expresa en forma general las preocupaciones filosóficas del austríaco Ludwig Wittgenstein (1889-1951).

No fue un filósofo solamente, pues sus intereses fueron muy variados y dedicó su tiempo a varias actividades, incluso por muchos años (p. 8): “constructor de cometas, ingeniero, soldado, maestro, jardinero, arquitecto, camillero, auxiliar de laboratorio y músico”. Vio a la filosofía “como una actividad, y no como una doctrina; más como una forma de resolver problemas que como una disciplina para producir hipótesis o teorías”.

Dados sus varios trabajos, se habla de un “Primer Wittgenstein”, autor de su primera obra y la única que publicó en vida, Tractatus lógico-philosophicus (1921), y del “Segundo Wittgenstein”, con todas las obras que se publicaron póstumamente, después de la Segunda Guerra Mundial.

Una de las curiosidades infantiles de su vida es que estuvo en el mismo grupo escolar de Adolf Hitler (el libro incluye la foto). En 1940 desarrolló las Investigaciones filosóficas (p. 30), “donde propuso que conocer un lenguaje es conocer la forma de vida a la que está asociado, que todo lenguaje está anclado a una praxis social y que si queremos saber qué significa una palabra o una expresión, sólo tenemos que observar cómo se usa”.

Su vida estuvo siempre cerca de la muerte (estuvo como soldado, incluso en el frente de batalla), pero tres de sus hermanos se suicidaron y varios de sus cercanos (p. 79): “En la Viena de esa época, entre las clases altas (a la que pertenecía Ludwig), el suicidio se convirtió en una epidemia”.

Otro de sus intereses fue la religión y (p. 128) “según el filósofo austríaco, ateos y creyentes tenían algo en común: ambos eran víctimas del pensamiento científico. Los primeros […]  porque no encontraban pruebas de la existencia de Dios; los segundos, cuyo caso más paradigmático, serían los teólogos, porque intentaban probarla”.

Del primero al segundo Wittgenstein hubo muchos cambios; el ejemplo básico es la idea del lenguaje. Para el primero, el lenguaje es el espejo del mundo, y para el segundo es sólo una caja de herramientas.

Se enfermó de cáncer de próstata, pero no quería morir en un hospital. Su médico y su mujer lo recibieron en su casa. Wittgenstein describió (p. 149) “su infancia como infeliz y su juventud como odiosa” y pasó “gran parte de su vida pensado en suicidarse”. Murió el 29 de abril de 1951 y sus últimas palabras, dichas a su médico, el doctor Bevan, parecen dirigirse a quienes preguntaran eventualmente sobre él (p. 148): “Dígales que he tenido una vida maravillosa”.

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz

***

 

El verso y el juicio. La poesía desde la Academia Mexicana de la Lengua (editado por la misma Academia, en 2014) compendia 18 discursos de ingreso de poetas y escritores varios.

José Gorostiza, en “Notas sobre la poesía” dice algo que yo también puedo asumir como experiencia (p. 22): “He oído a gente humilde, carente de toda cultura, repetir pensamientos de Shakespeare como propios”.

Alí Chumacero, en “Acerca del poeta y su mundo” cita las palabras del novelista inglés Thomas Love Peacock, para quien la poesía no tiene utilidad (p. 41): “En cualquier grado que se cultive la poesía, necesariamente será a costa de alguna rama útil del saber, y es lamentable observar a ciertas mentes, capaces de cumplir mejores tareas, apresurarse a sembrar en la engañosa indolencia de esas vanas e inútiles bufonerías del esfuerzo intelectual”.

Margit Frenk, en “Charla de pájaros” cita muchos versos de la canción popular donde antes había constantes referencias a pájaros, algo que ha ido desapareciendo también de la poesía, según su cita de Novo (p. 73): “No hay pájaros […] han huido de la poesía moderna”. Sus citas son a veces muy simpáticas (p. 76): “Una guacamaya pinta/ espiaba que amaneciera,/ para darse un agarrón/ con un pájaro cualquiera”. Y También (p. 78): “¡Ah, qué muchacha bonita!/ Quisiera ser tiburón/ pa tragármela enterita”.

Adolfo Castañón escribe en “Semejanza de Gabriel en voces de Mistral” que (p. 131): “Era Gabriela Mistral el primer escritor sudamericano que recibía el Nobel de Literatura, la cuarta mujer después de Selma Lagerlöf, Grazia Deledda y Pearl S. Buck”. No sabía que fue tan alta: media un metro ochenta. Apunta Castañón que (p. 140) “cuando le dieron el Premio Nobel, en rigor sólo había publicado dos libros” y también que fue “perseguida en vida y aún póstumamente por su presunto lesbianismo”. Y algo más (p. 150): “Los poemas de Gabriela Mistral hay que leerlos precisamente como poemas, es decir como objetos inexplicables y preciosos”.

Creo que podría ya hacer un libro con últimas palabras de escritores, porque aquí y allá los he encontrado y citado. Tomo de Adolfo Castañón esto que dice de Fernando Pessoa (pp. 232-233): “Había nacido el 13 de junio de 1888 bajo el signo de Géminis, y de la rata en el horóscopo chino, y había muerto en 1935, a los 47 años pidiendo –esas fueron sus últimas palabras– ‘mis lentes’ ”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Sin comentarios aún.

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Comparta su opinión. Su correo no será público y será protegido deacuerdo a nuestras políticas de privacidad.
A %d blogueros les gusta esto: