Diálogos por la ENAH (1)

Andrés Fábregas Puig

Animado por Leonel Durán y Elsa Hernández Pons, y en el contexto de un Programa de Discusiones de la antropología en México diseñado por quienes menciono al principio, propuse un par de conversaciones acerca de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) para examinar los años de la década de los 1950 y lo que significó el movimiento estudiantil de 1968 para el ámbito antropológico en el país. El pasado lunes 30 de mayo celebramos la primera de esas conversaciones con la participación de Leonel Durán, Carlos Navarrete, Lina Odena y Yólotl González. Fungí como comentarista general de esa Mesa. La concurrencia por la vía virtual a través del canal de you tuve del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) permite afirmar que la dicha conversación suscitó un amplio interés. Los participantes son todos muy destacados y destacadas profesionales de la antropología. Todos estudiaron en la ENAH de la década de 1950. Leonel Durán es un muy destacado etnólogo que labora en el INAH. Fue Director General del CIESAS en tiempos en que se consolidaba la fundación del CIESAS-Sureste en Chiapas. Su testimonio era y es vital para entender la participación de los estudiantes de la ENAH en movimientos como el de la Huelga del Instituto Politécnico Nacional en 1954. La participación de Lina Odena nos recordó la importancia de profesores como Pablo Martínez del Río, Wigberto Jiménez Moreno, Roberto J. Weitlaner además del liderazgo que ya ejercía un joven antropólogo en aquellos días: Guillermo Bonfil Batalla. Carlos Navarrete fue la voz de los exiliados guatemaltecos en particular y centroamericanos en general que encontraron en México la oportunidad de desarrollarse intelectual y profesionalmente. Navarrete nos recalcó la importancia de ese gran arqueólogo, republicano español del exilio, Pedro Armillas, quien innovó la práctica de la arqueología en México que de manera tan brillante continuó el propio Navarrete. En Yólotl González tenemos a la primera antropóloga mexicana que se trasladó a Asia, a la India, y vivió en una sociedad compleja completamente ajena a la mexicana. La experiencia de Yólotl González en aquel país constituye un invaluable aporte a la antropología latinoamericana. Además, Yólot González fue una de las pioneras en introducir la gastronomía de la India al abrir un restaurante de comida Hindú que funcionó varios años en el mítico Jardín de San Jacinto en la Ciudad de México. Por cierto, Armillas estuvo en Chiapas como agrimesor en los tiempos en que se preparaba la Reforma Agraria. Su estancia en poblados indígenas le despertó el interés por entender forma de vida que se veían lejanas a la propia. Esa experiencia en Chiapas más la lectura de un arqueólogo australiano, Gordon Childe, lo convenció de estudiar arqueología en la ENAH en donde fue alumno y profesor al mismo tiempo. En los años de 1972 y 1973 en los que estudié con Armillas en el Departamento de Antropología de la Universidad de Nueva York en Stony Brook, el gran arqueólogo me decía que le debía mucho a Chiapas, al mundo indígena, en la definición de su profesión.

La conversación sobre la ENAH de los 1950 fue muy ilustrativa de la manera en que influyen los contextos en los que nace y crece quien se dedica a la antropología. Es muy interesante escucharlo en las voces de quienes vivieron aquellos años en los que la antropología en México daba sus primeros pasos como profesión, con la influencia del indigenismo y del desarrollismo que caracterizó a aquellos años. Fueron los años que forjaron no sólo a un Carlos Navarrete o a un Leonel Durán, sino que impulsaron la participación de las mujeres en una profesión altamente apreciada por el Estado, como lo dejaron ver las intervenciones de Yólotl González y Lina Odena. Fueron  también los años de configuración de la llamada “generación crítica de la antropología” configurada por Guillermo Bonfil, Margarita Nolasco, Enrique Valencia, Mercedes Olivera, Arturo Warman, los mismos que en 1970 publicaron el libro De eso que llaman antropología mexicana que pasa como el “Manifiesto” de la generación crítica. Para los estudiantes actuales de antropología en general y para los que en particular estudian en la ENAH, esta memoria de aquellos años es básica para entender la trayectoria de una Escuela que fue el centro neurálgico de la formación de antropólogos en Latinoamérica. Por todo ello, he afirmado en diversas ocasiones que la ENAH es ya un Patrimonio de la Antropología en México y en América Latina. Tal es su importancia. Sugiero a los estudiantes de Ciencias Sociales en general escuchar en you tuve, en el Canal del INAH, la Grabación de esta primera Mesa. La segunda conversación se llevará a cabo el próximo 27 de junio, a partir de las 18 horas, y tratará, sobre todo, del movimiento estudiantil de 1968. Participan antropólogas señeras como Alicia Castellanos y Leticia Reina, al lado de muy destacados antropólogos como Luis Barjau (excelente poeta también), Javier Guerrero (que es una leyenda), Carlos Aguirre (que fue representante de la Asamblea Estudiantil de la ENAH ante el Consejo Nacional de Huelga, junto con Abraham Carro y Andrés Fábregas Puig). Sin duda, será una Mesa que aportará a la Memoria Oral de un recinto académico tan importante como la ENAH.

Ajijic. Ribera del Lago de Chapala. A 20 de junio de 2022.

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