Diez minutos

Foto: Ángeles Mariscal/ChiapasPARALELO

La cita que tengo es a las seis de la tarde, apenas me alcanza el tiempo para llegar puntualmente al lugar indicado. Calculo que en diez minutos podré estar en el estudio donde tendré la entrevista, mi mente dice si llego, les digo a mis piernas y mis pies si llegamos, seguro que lo haremos. Observo mi silueta que se dibuja con la luz del sol que me acaricia la espalda, una sombra pinta el movimiento de mi cuerpo y mi cabello, corrijo mi postura. Me gusta mi silueta que se va combinando con el paisaje que me rodea.

Dejó de prestar atención a mi sombra y  me pongo a observar a la gente, buscó algún rostro conocido con quien yo coincida en las calles, ninguno. Veo a las personas que, al igual que yo, aún portan su cubrebocas y eso me hace recordar que tenemos un nuevo rostro cuando lo portamos correctamente. Sigo mi camino, falta más de la mitad del recorrido.

Intento conectar con la arquitectura de las calles, hay banquetas en remodelación, muchos locales comerciales que no estaban, edificios antiguos que han sido derribados. Me atrapa el cielo azul con sus detalles en tonos blancos, como una especie de pinceladas bellamente trazadas. El sol sigue acariciando mi piel, siento sus rayos tan intensos, después de una semana de paisaje en tono gris por las intensas lluvias trato de disfrutar del clima cálido. Estoy en mi tierra, mi lindo Tuxtla.

Me interno por calles que no suelo transitar, hago memoria para recordar qué anécdotas tengo de estos espacios, intento reconocer el barrio. No tardan en aflorar momentos de la adolescencia, con mi familia y amistades. De pronto, la atmósfera se convierte en esos instantes que ya he vivido, las fachadas de las casas, las viviendas con árboles que se asoman y que me saludan recordándome su presencia. Un señor de rostro amable, quien porta un sombrero y se detiene con su carrito de paletas antes de cruzar la calle, me hace reconocer este oficio que permanece. Nada más agradable que degustar una paleta de hielo en una tarde calurosa como la de hoy.

Sigo caminando, ya falta poco para llegar a mi destino, conecto con esta emoción de caminar en una tarde cálida, a un ritmo que es muy característico en mi andar, sobre todo cuando llevo prisa. Un ritmo que echaba de menos. Siento mis pasos y mi respiración agitada. Mi mirada se deleita con el colorido de los graffitis que descubro como bellos hallazgos, casi me quedó ahí observando las calles bellamente trazadas en una ventana.

Buscó la dirección a donde me dirijo, voy bien ubicada, las casas con techos de teja me siguen haciendo sentir ese aire nostálgico del Tuxtla que se esfuma. Una señora y un señor sentados afuera de sus viviendas me evocan a una calle de mi barrio, las tardes donde se solía tomar el aire fresco. Regreso la mirada buscando el número de la dirección, antes que el número descubro que ahí está Tito, quien me hará la entrevista. He llegado a mi destino. Reviso la hora, las seis de la tarde. Respiró profundo, estoy en el tiempo indicado. Sonrío, saludo a Tito, ahora viene otra travesía.

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