La 4T copia a Sabines

Lo que sucede en la escena nacional, con ataques a la prensa, rememora aquellos días aciagos que vivieron algunos periodistas críticos en el gobierno de Juan José Sabines Guerrero.

En aquel tiempo de escandaloso saqueo al erario, la estrategia fue un tanto diferente. No atacaba directamente el gobernador, sino la Coordinación de Radio, Televisión y Cinematografía, que realizaba campañas difamatorias de forma anónima que eran distribuidas a través de correos, Youtube, Twitter y Facebook.

Estas redes comenzaban a dar sus primeros pasos, y fueron utilizadas para presionar a los periodistas que se atrevían a criticar al poderoso gobernante chiapaneco.

Los mandatarios locales se convirtieron en esa época en virreyes dueños de un feudo en el que controlaban sin contrapeso alguno; reprimían, chantajeaban y sometían a la oposición, a periodistas y a ciudadanos incómodos. Empleaban los recursos públicos para sus fines personales.

El dinero circulaba en efectivo y servía para controlar y acallar a organizaciones, periodistas y líderes sociales manipulables. El gobierno de Sabines fue el que más billetes en pacas hizo circular para corromper a cuanta persona lo permitiera, a cambio, por supuesto, de lisonjas.

La oposición, sin opciones, quedó destruida. Sabines copó las dirigencias de los partidos políticos con sus incondicionales. Se apropió del PAN, del PRD y del PRI. Andrés Manuel López Obrador hubiese querido lo mismo, pero ha fallado en esas pretensiones, por la resistencia que ha emergido en los partidos.

En los ataques a la prensa, sin embargo, no solo ha emulado a Sabines, sino lo ha rebasado, porque el presidente encabeza diariamente las críticas y descalificaciones a periodistas que no comulgan con su parecer.

Sus señalamientos van acompañados de tuits, la mayoría desde cuentas anónimas, que insultan y denigran a periodistas. Son verdaderas jaurías que ladran, muerden y aúllan a informadores quienes, desde otra trinchera, hablan del fracaso de la llamada Cuarta Transformación.

No se esgrimen razones en los ataques comandados por el gobierno. Solo se trata de quemar al mensajero, de incendiarlo en la picota del escarnio público.

Esa práctica, de quemar al personaje rebelde, fue puesta en marcha por Sabines Guerrero, y con buenos resultados, porque apagó la crítica y sometió a sus adversarios en el silencio.

Después de ver que había sido encarcelado Pablo Salazar Mendiguchía, el mejor gobernador que ha tenido a Chiapas en lo que va de este siglo, no había político, líder social o magisterial, que alzara la voz. Era mejor arreglarse con el gobernador. Sobarle la espalda y llenarle los oídos de elogios.

Cuando Antony Flores publicó, por vez primera, sobre la deuda pública que había contraído Sabines, y que crecía mes con mes, el webmaster de su portal informativo fue encarcelado, acusado injustamente de pedofilia.

A Isaín Mandujano, Ángeles Mariscal y José López Arévalo, quienes por su trabajo periodístico empezaron a ser un incordio, fueron perseguidos, se les armó campañas de difamación –con mensajes y videos– que se distribuían en correos y en las nacientes redes sociales.

Aunque en alguna ocasión creí que la 4T podría realmente cambiar México, cuando constaté el actuar tan parecido al de Juan José Sabines Guerrero, supe que no había futuro en un camino, que lo conocíamos bastante bien, porque estaba fincado en la venganza y en el terror político. Ojalá que la estrategia cambie y que en los próximos años las observaciones hagan voltear la mirada a errores en el gobierno, susceptibles de corregir. Para eso debe servir la crítica periodística en los países democráticos.

 

 

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