El misterio de su nombre

Casa de citas/ 600

El misterio de su nombre

Héctor Cortés Mandujano

 

Lector, lectora, empecé a escribir Casa de citas en 2010, hace más de 12 años, y con ésta hemos llegado juntos a la número 600. Seguiremos. Mil gracias por acompañarme. Te abrazo.

 

***

 

 

Todas aquellas estatuas lanzaban un mismo grito,

que resonaba en la ciudad entera

En “El evangelio armenio de la infancia”

 

Leo los Evangelios apócrifos (Conaculta, 1991), en la versión al castellano de Edmundo González Blanco. En alguna otra Casa de citas hablé de por qué la iglesia católica sólo aceptó los cuatro que se incorporaron a la Biblia, pero se escribieron cientos, muchísimos.

Los apócrifos no significan falsos, sino, como lo explica González Blanco en la presentación, la palabra apócrifo significa etimológicamente (p. 9) “escondido, oculto”.

Son de tres clases (p. 10): los de “tipo sinóptico”, que son muy parecidos a los canónicos; los “suplementarios” que tocan la infancia de Jesús y su familia, y muestran otros datos de la pasión y la resurrección, y los “sectarios” que son más heterodoxos, más imaginativos.

En “El protoevangelio de Santiago” se habla, como en varios otros, de la pureza de María, que permaneció virgen, dentro de la iglesia, aunque eso (ser mujer y estar en la iglesia) no se debía permitir en aquel tiempo (p. 14): “Allí permanece, como una paloma, recibiendo alimento de manos de un ángel”.

“El evangelio del seudo Mateo” habla de la vida de Joaquín y Ana, los padres de María, y también cuenta la historia de la virgen, claro. Joaquín también hablaba con los ángeles; invita a comer a uno y él le responde (p. 39): “Mi comida es invisible, y mi bebida lo es también, para los mortales”. De María, a los tres años, se dice que (p. 41) “su semblante resplandecía como la nieve, hasta el extremo de que apenas podía mirársela”. Cuando Jesús  es un niño, y José y María escapan para que Herodes no lo mate, de una gruta salió (p. 51) “una multitud de dragones… […] Jesús se puso en pie delante de los dragones, y éstos lo adoraron, y se fueron”. Como se repite en muchos evangelios, Jesús hace volar a unos pájaros de barro, y cura o mata, según su humor, a niños y adultos.

En “El evangelio de la natividad de María” se cuenta muy bien el asunto de los gorriones de barro, cuando (p. 78) “Jesús, dando una palmada, y dirigiéndose a los gorriones, exclamó: Volad. Y los pájaros abrieron sus alas, y volaron, piando con estruendo”. [Aquí recordé las varias flores que tengo en casa, que tienen referencia bíblica: Vara de San José, Cuna de Moisés, Corona de Cristo…]

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz

“El evangelio árabe de la infancia” es una derivación obvia de Las mil y una noches, con el protagonismo de un Jesús mago. El episodio de “El joven convertido en mulo” es un ejemplo. Las hermanas llevan un mulo, que resulta ser su hermano, al que (p. 111) “algunas perversas mujeres dadas a la hechicería, lanzaron sobre él un sortilegio”. Jesús es un niño y, por supuesto, lo devuelve a la figura humana. Azrami, en otra aventura, por celos, avienta a Jesús a un horno en llamas, que se apaga de inmediato cuando el niño milagroso cae en él; Azrami se enreda en las cuerdas de un pozo y la hallan muerta, como castigo de su insolencia, (p. 117) “con la cabeza triturada y los huesos rotos”. Un demonio, disfrazado de dragón, trata de dañar a una joven; a ella le dio María un pañal de Jesús que enseña al dragón; del pañal sale fuego (p. 121) “que lo hirió en la cabeza, en los ojos y en la faz, haciéndolo aullar y dar alaridos terribles”. Jesús ordena a una serpiente que ha mordido a un niño que chupe su veneno; la serpiente lo hace (p. 126) “Y Jesús la maldijo y la serpiente reventó”.

“El evangelio armenio de la infancia” dice que cuando el embarazo de Ana, la mamá de María (p. 139), “alcanzó los doscientos diez días, lo que hace siete meses, súbitamente, a la hora séptima, Ana tajo al mundo a su santa hija”. Es muy gráfico el ángel que le informa a María de los designios divinos (p. 147): “No concebirás de una criatura, ni de un marido, ni de la voluntad de un hombre, sino del poder y de la gracia del Espíritu Santo, que habitará en ti, y que hará de ti lo que le plazca”. No le hace nada violento (p. 150): “El Verbo divino penetró en ella por la oreja. […] Y, en el mismo momento, comenzó el embarazo”. Acusan a Jesús de matar a Zenón, hijo del rey; lo revive y el niño dice que no fue Jesús el responsable de su muerte; se disculpan ante el niño milagroso; éste dice a Zenón (p. 222): “vuelve a tu lecho, duerme y reposa”, es decir, muere nuevamente, y ya no lo resucita, pese a las súplicas del padre. Hace lo mismo con otra acusación falsa: revive al niño y luego lo vuelve a “dormir”.

En “El evangelio de la venganza del salvador” se cuenta, entre otras cosas, el arrepentimiento y muerte de Poncio Pilatos. Se mató con un cuchillo y su cadáver fue arrojado al Tíber (p. 315) “y los espíritus malos e impuros, gozándose en aquel cuerpo impuro y malo, se agitaban en el agua, y producían tempestades y truenos, y grandes trastornos en los aires, con lo que el pueblo era presa de pavor”.

Hay un evangelio llamado “Historia árabe de José el carpintero” y otro llamado “Tránsito de la bienaventurada virgen María” y en éste María  (p. 388) salva barcos y tripulaciones, hiere a ladrones, saca a niños del pozo y mata dragones.

En el “Fragmento del evangelio de san Bernabé”, Judas es tomado por Jesús y crucificado en su lugar. La semejanza física entre los dos era tanta que (p. 401) “la misma virgen María y los mismos apósteles fueron engañados por ella”.

El que me pareció más raro es “El evangelio de Valentino” (el nombre de esta columna lo tomé de allí), que se separa por completo de la lógica de los otros. Dice, por ejemplo (p. 507): “Cuando resucitó de entre los muertos, Jesús pasó once años hablando con sus discípulos” y les explica los 24 misterios. Este evangelio sólo toma como referencia los hechos relatados en los otros y se inventa una serie de enseñanzas, de conceptos, de hechos que más parecen una novela de ciencia ficción galáctica que un evangelio. Para alcanzar “los misterios de la luz” Jesús pide varias renuncias (p. 677): “Renunciad a la obediencia, para que seáis librados del ardor de la boca del can; renunciad al juramento, para que seáis dignos de los misterios de la luz, y para que seáis librados de los suplicios de Ariel”; también explica Jesús sobre el “gran dragón de las tinieblas exteriores” (p. 689): “Los doce nombres del dragón están inscritos en las puertas de las distintas divisiones” y sus tormentos son (p. 690) “los mayores que existen”; son “siete veces más terribles que el fuego de los tormentos de los arcontes del medio”. Jesús dice que antes de que él viniera a la tierra (p. 693) “ningún alma había llegado a la luz. Y ahora que yo he venido, he abierto los caminos de la luz, y los que sean dignos de los misterios recibirán el misterio para llegar a la luz”.

            Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

 

 

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