Las vicisitudes del contribuyente

No soy especialista en los temas hacendarios, aunque como historiador he conocido el papel de la contribución, de los impuestos, en distintos momentos del pasado en varios continentes. Ello permite saber que la carga impositiva recae casi siempre sobre las personas más alejadas del poder y que tienen, por su condición social y económica, menos posibilidades para escapar de ella.

Las teorías políticas y económicas que se mueven en espacios donde el mercado prevalece tienen en los impuestos un tema recurrente, tanto para el funcionamiento de las instituciones públicas como para pensar en sociedades más justas y equitativas a través de una imposición hacendaria distribuida según los ingresos percibidos por los contribuyentes. Como es lógico, las dispares propuestas no contentan a todos, ni siempre se cree justo el pago de personas y empresas. Sin embargo, lo que resulta evidente es que en el Estado moderno, que es el marco organizativo actual del mundo, los impuestos representan un necesario mal para la supuesta o real redistribución de servicios como la sanidad, la educación o las comunicaciones públicas. En definitiva, se esté de acuerdo o no con el modelo impositivo de los gobiernos en distintos países, resulta imprescindible recaudar para que las maquinarias estatales funcionen.

Todos pagamos impuestos indirectos a través de nuestras compras o transacciones, pero los lectores que son o serán contribuyentes de impuestos directos a la hacienda pública, como yo lo soy en México, saben que las políticas contributivas cambian continuamente. En la actualidad ello se ha producido de nuevo. No entraré en si es correcta o positiva, porque mis conocimientos como ya dije no son suficientes para emitir algún juicio, pero como contribuyente sí debo decir que los nuevos trámites exigidos no parece que se puedan cumplir con facilidad. Me explico. Se ha pedido registrar o actualizar una firma electrónica en las oficinas de la dependencia hacendaria mediante una cita electrónica. Una acción sencilla pero que se ha convertido en una imposibilidad dada la saturación de personas que deben realizar el mismo trámite. Así, la necesidad de ese registro para hacer efectivos los trámites del contribuyente resultan inviables.

Ser buen ciudadano depende, entonces, de la suerte, si no es que la página se encuentra bloqueada por la propia ineficiencia del sistema. En definitiva, no se puede lograr cumplir con las obligaciones ciudadanas si no te lo permiten, aunque como siempre y en todos los lugares del mundo, el contribuyente de a pie será el responsable de algo que no puede resolver. Un pescado que se muerde la cola para recordar que el surrealismo forma parte de nuestra cotidianidad. Ojalá se tenga, también, “paciencia” con los contribuyentes. Mientras tanto recrearse en alguna frase, en este caso de Woody Allen, puede servir para hacer menos tediosa la espera al mismo tiempo que recuerde ese surrealismo sempiterno: “No solo no existe Dios; intenta encontrar un fontanero durante el fin de semana”.

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