Mercedes Olivera: In Memorian

Mercedes Olivera. Foto: Radio Pozol

Despuntaba la mañana del domingo 7 de agosto de 2022 al momento en que Mercedes  Olivera cerraba para siempre sus ojos. Algo supe anterior a su deceso. En el aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez, el pasado jueves 4 de agosto, nos encontramos con Mario Vázquez Olivera, su hijo, que con voz entrecortada me dijo: “Mi madre está muy mal. No pasará de este fin de semana”. Por un instante me quedé mudo, sin saber cómo reaccionar, porque la noticia me conmocionó. Acerté a decir a Mario que por favor le diera un abrazo de mi parte y nos despedimos. Gran parte del día pensé en aquel encuentro y en el momento en que recibí la noticia de la partida de Mercedes Olivera, me aboqué a escribir este texto dedicado a su memoria.

Conocí a Mercedes Olivera en mis años de estudiante en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) en la Ciudad de México. La conocí en los pasillos de la Escuela de Antropología, muy joven, jovial, risueña. Era muy amiga de Guillermo Bonfil quien descollaba como el líder de un grupo de jóvenes antropólogas y antropólogos que se distinguían por su orientación crítica, sobre todo, al analizar las políticas públicas que bajo el rublo de “indigenismo” aplicaba el Estado Nacional Mexicano buscando asimilar a las culturas originarias. Mercedes Olivera era parte de un grupo que formaban Margarita Nolasco, Guillermo Bonfil, Arturo Warman, Enrique Valencia, José Rendón. Muy cercano a ellos, sobre todo a Guillermo Bonfil, estaba Salomón Nahmad, el alumno preferido de Gonzalo Aguirre Beltrán, el antropólogo veracruzano quien era el teórico más destacado del indigenismo no sólo en México sino en América Latina. Salomon Nahmad es un defensor del orbe indígena   y por ello lo encarceló el Estado Nacional Mexicano. Mercedes Olivera se distinguía no sólo por su vivaz inteligencia sino por la emoción con la que comunicaba sus puntos de vista. Era intransigente en su análisis del llamado “sistema político mexicano” amén de que admiraba las luchas sociales en pro de la transformación de América Latina, el continente de la desigualdad social. No tuve la fortuna de que fuera mi profesora directa en el aula, pero si tuve el privilegio de conocerla, tratarla, y aprender de ella. Gracias a mi cercanía con Guillermo Bonfil, tuve acceso a las opiniones que Mercedes expresaba en las reuniones, en las fiestas incluso o en las asambleas estudiantiles a la que era invitada para exponer sus puntos de vista. La recuerdo siempre crítica, tenaz en su visión de que era posible un mundo mejor si no se cejaba en la lucha. Lo expresaba emocionada y no era raro que se le escurrieran las lágrimas cuando exponía la situación de los trabajadores, del campesinado mexicano, de los pobres en general. Por eso, no causó sorpresa su apoyo al movimiento estudiantil de 1968, al lado de sus entrañables compañeras y compañeros. Fue una estudiosa muy dedicada del México Prehispánico y escribió artículos, textos, y un libro señero, clásico, que tituló Pillis y Macehuales (Juan Pablos, Editor, 2019), que tuve el honor de prologar. También fue muy cercana a Pedro Carrasco, el importante etnohistoriador del México Antiguo, republicano español, quien fuera profesor en el Departamento de Antropología de la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook. Mercedes trabajó muy estrechamente con Carrasco y me parece que contribuyó a enriquecer el conocimiento del México Prehispánico aportando un punto de vista crítico y claramente influida por el marxismo. Es más, me atrevo a opinar que del grupo de amigos al que pertenecía, Mercedes Olivera era la más cercana al marxismo, a un pensamiento crítico sin concesiones. Léase si no, su hermosa carta a Guillermo Bonfil publicada con el título de “A 20 años. Dialogo con Guillermo Bonfil” (Revista Desacatos, Número 39, mayo-agosto 2012, pp. 176-184). Justo después del movimiento estudiantil de 1968, se publicó el libro De eso que llaman antropología mexicana, (Editorial Nuestro Tiempo, 1970) que anunció la consolidación de la llamada “Generación Crítica” de la Antropología Mexicana, libro que profundizó el análisis del indigenismo. Su cercanía a Chiapas es añeja. Mercedes Olivera siempre estuvo cerca de las comunidades indígenas chiapanecas y centroamericanas. Fue una militante por la justicia y la libertad, el destierro de la desigualdad social, el advenimiento de un mundo nuevo. Luchó con toda su inteligencia hasta el último suspiro. Es una figura destacada del movimiento feminista latinoamericano. A Mercedes Olivera la recordaremos siempre en  las luchas de los pueblos por emanciparse. Seguramente ahora está reunida con sus entrañables amigos, Guillermo Bonfil, Margarita Nolasco, Arturo Warman, Enrique Valencia, José Rendon, con quienes seguro les estará proponiendo cómo cambiar el Cielo.

Que descanse en paz Mercedes Olivera, Figura señera de la antropología mexicana, personaje inolvidable y  columna vertebral del pensamiento crítico. Mis más sentidas condolencias a su hijo Mario Vázquez Olivera, a todos sus familiares, a sus amigos y colegas, a la comunidad antropológica de México.

Ajijic, Ribera del Lago de Chapala. Domingo 7 de agosto de 2022.

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