¿Volverá el Indigenismo?

Cortesía: Alianza De Mujeres Indígenas

Invitado por la Revista Pueblos y Fronteras que dirige con éxito Miguel Lisbona para el CIMSUR-Chiapas, al frente del cual esta Efraín Ascencio, hablé acerca del Indigenismo en América Latina, cuyo tema he tratado en un libro que lleva ese título (Colegio de México, 2021, Colección Historia Mínima). Al final de la charla, varias personas hicieron comentarios y preguntas, que me sirven de estímulo para escribir el presente texto.

El Indigenismo como política de Estado en América Laina buscó la asimilación de las culturas originarias en pro de la configuración y consolidación de una cultura nacional concebida por los emergentes círculos de poder en el siglo XIX Latinoamericano, como base para la construcción y consolidación de un Estado Nacional. Fue una política característica de América Latina, incluyendo a El Caribe. En ninguna otra parte del mundo se aplicó como tal más que en la mayoría de los Estados Nacionales Latinoamericanos. El antecedente del Indigenismo  como una práctica de asimilación desde el poder, lo encontramos en el establecimiento del orden colonial, usándose a la evangelización como medio para lograr la asimilación de las culturas originarias. Incluso ese destino asignado desde el poder a los pueblos y sus culturas bajo el dominio colonial, fue discutido por sectores de la sociedad colonialista, como lo observamos en la llamada “Discusión de los Naturales” entablada entre Fray Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda en el marco de las Cortes de España reunidas en Valladolid, España, desde 1551 a 1552. Allí, Fray Bartolomé, defendió el punto de vista de que debía continuarse con la evangelización pero sin violencia ni coacción, dejando al libre escogimiento de los individuos el asimilarse o no al cristianismo. Ginés de Sepúlveda por su parte defendía el supuesto derecho de la España cristiana a desatar una “guerra a sangre a fuego” contra todos los infieles e implantar el cristianismo lo más pronto posible a través de la fuerza. La discusión fue prolija en argumentos de una y otra parte. Incluso, por un incidente del destino, Fray Bartolomé tuvo la oportunidad de conversar con Francisco Tenamaxtle, el líder cascán (chichimeca) de la llamada Guerra del Mixtón, prisionero en las mazmorras de Valladolid. Ha sido Miguel León Portilla quien recupera una parte de esa importante conversación en sendos libros titulados, el primero, La Flecha en el Blanco y Tenamaxtle. Primer Guerrillero en América, el segundo. Al final, de esa discusión se modificaron las Leyes de Indias y se reconoció a los indígenas como “súbditos del Rey” es decir, ciudadanos del Reino Español. Para el lector interesado en este importante tema sugiero la consulta de la obra del historiador Michoacano Alberto Carrillo Cáceres, la autoridad reconocida en estos temas. Durante el período colonial sin embargo, se mantuvo constante la evangelización buscándose la asimilación de las culturas dominadas. Casi al final del siglo XVIII, otro Fraile, Matías Antonio Córdova Ordóñez, conocido como Fray Matías de Córdova, escribirá un ensayo seminal titulado Utilidades de que todos los indios y  ladinos se vistan y calcen  a la española y medios de conseguirlo sin violencia, coacción ni mandato. En ese texto, Matías de Córdova pugna por el cambio de indumentaria de los “indios” forzándolos a usar la vestimenta a la española y a calzarse igualmente, dejando a las fuerzas del mercado la tarea de asimilar a las culturas originarias sin imprimir la violencia de las armas. Con todo ello, queda abierto un amplio escenario para la investigación de cómo la búsqueda consciente de la asimilación de todos los pueblos originarios de lo que hoy se nombra Abya Yala (“Tierra en Florecimiento” en la lengua de los Kuna)), fue un resultado del orden colonial, como lo propuso Guillermo Bonfil al escribir que Indio era una categoría de la situación colonial. Con ello, Bonfil sugirió que la condición colonial se perpetuaba en América Latina y El Caribe mientras se siguiera forzando a las culturas originarias a abandonar su histórico ser cultural y asimilarse a las llamadas culturas mestizas. La posición de Bonfil debe colocarse al lado de la teoría del Colonialismo Interno propuesta por Pablo González Casanova y Rodolfo Stavenhagen.

Al consumarse la Independencia en las colonias como la Nueva España y surgir en este caso el Estado Nacional Mexicano, los círculos de poder no abandonaron la idea de asimilar a las culturas originales, manteniendo el supuesto de que sólo una Cultura Nacional completamente homogénea, podría ser el sostén ideológico de los nuevos Estados Nacionales. A la pare de ello surgió la antropología como una disciplina cuyos objetivos fueron trazados desde el Estado Nacional y que estaban encaminados a coadyubar en la asimilación de las culturas originales. Este planteamiento se adoptó como una política oficial de Estado en toda la América Latina y El Caribe, a partir del Primer Congreso Indigenista Interamericano de Pátzcuaro, Michoacán, celebrado en 1940, durante el mes de abril, a unos meses de que el General Lázaro Cárdenas del Río cumpliera su mandato presidencial de seis años, el primer sexenio de la Revolución Mexicana. Me parece que, para comprender el armado del Indigenismo como una política continental, se debe entender al período de Cárdenas como básico en la configuración del indigenismo interamericano. Es, además, el período (1934-1940) en el que la llamada Antropología Mexicana adquiere su mayor influencia en toda América Latina y El Caribe. La Escuela Nacional de Antropología e Historia pasó a ser el centro de la formación de antropólogos en América Latina y El Caribe, con la orientación indigenista dominante. Queda abierta la investigación para entender las aplicaciones y los resultados del indigenismo a niveles regionales y el uso que se dio a los sistemas educativos en ese contexto. Importante también fue la cuestión lingüística que incluyó la operación del llamado Instituto Lingüístico de Verano, una organización misionera evangélica fundada por William Cameron Towsend.

A la vista está que el indigenismo fracasó, pero dejó secuelas importantes. Merece la pena como tarea de la antropología, identificar esas secuelas y sus consecuencias. Además, los movimientos sociales de los propios indígenas han avanzado de tal manera, que llevan en sus demandas la necesaria transformación de los órdenes políticos en América Latina y El Caribe. ¿Serán transformados los Estados Nacionales en otro tipo de entidad política? ¿Es eso posible en el contexto de las estructuras sociales desiguales que caracterizan a América Latina?  ¿Hacia dónde apuntan los movimientos sociales de los pueblos originarios? Me parece importante además suponer que el indigenismo como lo conocemos no volverá en América Latina y El Caribe gracias a la acción de los pueblos mismos y del ejercicio del pensamiento crítico. Pero la pregunta es entonces, ¿se desechará de una vez por todas el planteamiento de asimilar a las culturas originarias? ¿se aceptará que la Nación bien puede constituirse como una unidad política pluricutural? Esas son las preocupaciones que, creo, destacan en el examen de la trayectoria del indigenismo como una política de Estado.

Ajijic. Ribera del Lago de Chapala, A 14 de agosto, 2022

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