Emprender el vuelo

«Paisaje rojo», mixta sobre tela. 80 x 100 cms. 2013. De Manuel Cunjamá

La tarde de verano era lluviosa, con tintes de nostalgia, o al menos así lo percibía Rosaura quien observó con atención mientras Ernesto se perdía en el andén número 8  para abordar el autobús que lo llevaría a su nuevo destino. Antes de subir volvió la vista hacia Rosaura y Joaquín, su  mamá  y su papá, les dijo adiós moviendo la mano derecha y enviándoles un  beso. Rosaura sintió que el corazón se le estremecía y se le hicieron nudos en la garganta, sin poder evitar sollozar. Joaquín la abrazó al tiempo que le decía con los ojos llenos de lágrimas,

—Nuestro muchacho estará bien, ten en cuenta que ha decidido cambiar de ruta para iniciar su camino profesional.

Rosaura no pudo hablar, solo asintió mientras dejaba que fluyera el llanto.

Al llegar a casa hubo un silencio prolongado por parte de Joaquín y Rosaura, el ambiente era de nostalgia ante la ausencia de Ernesto. Se echaban de menos las noches con música de rock  alternativo, jazz, blues o reggae, algunos de los géneros que solía escuchar su hijo. Neska, su gata, rompió el silencio, llegaba no solo a saludar sino a recordarles que era hora de su cena.

Rosaura la abrazó y colocó en su regazo para acariciarla, mientras Joaquín iba por el alimento. En cuanto Neska se dio cuenta que ya tenía su cena, saltó de inmediato para ir en busca de ella. Joaquín le volvió la vista a Rosaura y sonrieron. También era hora de cenar para ellos.

—¿Qué te parece si hoy preparamos crepas dulces para la cena? Aún hay mermelada de guayaba que preparé —comentó Rosaura.

—Muy buena idea y la acompañamos con un té chai con leche —señaló Joaquín.

Rosaura prendió la computadora, buscó música de jazz latino y la dejó como fondo. No pudo evitar que los recuerdos asomaran a su mente, Ernesto en sus distintos momentos, siempre optimista y con entusiasmo para llevar cabo sus actividades y proyectos, alegrándoles cada momento.

Comenzaron a preparar la cena, la sirvieron y se sentaron a degustarla. Neska, por su parte, estaba ya en su cojín, aplicando aquello de ‘barriga llena, corazón contento’.

Joaquín y Rosaura hicieron varios brindis, por el nuevo proyecto de vida de Ernesto, para que le fuera muy bien, la separación les daba tristeza pero a la vez era una alegría que tuviera la oportunidad de emprender el vuelo para iniciar su carrera profesional. Un brindis por la vida que les permitía estar juntos y disfrutar esta nueva etapa en pareja y otro más por la compañía de Neska quien les recordaba que la vida continúa y que en familia se disfruta más. De fondo sonaba una pieza de bossa nova arrullando la noche, como augurio del inicio de una nueva etapa en la vida.

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