Renacer en la vida

© Daniel Pineda Vera, 2020.

Ese amanecer del sábado fue distinto para Josefina, no había escuchado el canto de los gallos, ni el incesante barullo de los gansos, menos el ladrido de los perros que llegaban a pedir su desayuno, sino un silencio y luego un toquido en la puerta del cuarto. Era la enfermera que le llevaba sus medicamentos. Se le había olvidado que estaba en el hospital.

Tomó las pastillas y se quedó un rato contemplando el silencio en la habitación. No estaba sola, su amado compañero la acompañaba, cuidando su sueño, era quien le había dado los buenos días, un tanto adormitado. Ella cerró los ojos y se quedó pensando que no tenía idea de qué hora era, quizá como las seis de la mañana. Había perdido la noción del tiempo. No le quiso preguntar a él, mejor seguir descansando ambos otro rato.

La mente de Josefina estaba tranquila, en la tarea de asimilar el proceso de recuperación de su enfermedad. No era fácil  librar las batallas, a cada persona le toca lidiar con una batalla distinta, pensó. Se acordó de don Paquito y su esposa Sara, tenía poco que había fallecido su hijo Luis, un adolescente. Lupita, su vecina, mamá soltera que tenía enferma de asma a su hijita Rosa. Don Juvencio que había sido abandonado por sus hijos y ya  era una persona mayor. Rebeca y Jacinto que eran mamá y papá de unos gemelos y tenían meses de no conseguir trabajo.

Respiró profundo y se sintió agradecida de estar viva, aún con lo que tocara seguir. Era parte de los aprendizajes. Se sentía acompañada y fortalecida. Una de las tareas grandes era tener como aliado al tiempo para darse sus espacios y eso sería parte de la sanación que requería, no solo física sino interior. Ese día se sintió bendecida por el bello regalo de renacer en la vida.

Permaneció con los ojos cerrados. En un tercer plano escuchó el canto de un zanate, tenía la fortuna de tener cerca una ventana en el cuarto del baño, eso le recalcó que eran como las seis de la mañana. En un quinto plano escuchó cantar a una de las enfermeras, primero una de las interpretaciones de Luis Miguel… miénteme como siempre, por favor miénteme, luego una interpretación de Laura Pausini… no puedo dividirme ya entre tú y mil mares… regresó al primer plano del silencio en su cuarto y se fue quedando dormida..

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