De la marcha en defensa de la democracia representativa y del “regreso al futuro”: una democracia sin democracia

Marcha en el zócalo de la CDMX contra el Plan B al que se opone el INE. (Foto: Webcams de México)

Por María del Carmen García Aguilar

La concentración en el Zócalo de la Ciudad de México y en otras ciudades del país, el pasado 26 de febrero, se define formalmente como una marcha de la “oposición” a la reforma electoral del gobierno de Manuel López Obrador; los slogans: “Al INE no se toca” y “No al Plan B”, expresarían la defensa a la democracia representativa nacional. No obstante, a diferencia de otras concentraciones con iguales propósitos, ésta se asume defensora de lo “instituido” en materia electoral, y en contra de un gobierno que pretende violentarla, en tanto pretende la restauración del “viejo autoritarismo”. No obstante, siendo una concentración de talante democrático, sorprendió que sus oradores “magistrales” no fueran los líderes de los partidos políticos de oposición acompañados de sus respectivas militancias (PRI/PAN/PRD y otros).   Sus organizadores visibles, los altos mandos del INE, los partidos de la oposición acuerpados en la coalición “Va por México”, medios de comunicación, empresarios y una débil “sociedad civil” que intentó semejarse a la “sociedad civil” que coadyuvó al triunfo de Vicente Fox en las elecciones de 2000.

En suma, no se visibilizó ninguna militancia partidaria o gremial, ni los organizadores y promotores de la democracia de antaño: universitarios, académicos e intelectuales crítico, y organizaciones de la sociedad civil sostenidas por una identidad política democrática visible en su hacer social y público. La “clase media” se visibilizó como elemento constitutivo de una nueva “masa global”, pero sin la fuerza y arrastre tumultuoso contenida en la noción clásica de masa.  La coyuntura política, definida por el dictamen de culpabilidad -juicio y declaratoria- a García Luna, exdirector de la Agencia Federal de Investigación del gobierno de Fox Quezada, y exsecretario de Seguridad Nacional del gobierno de Calderón, en New York, y el desparrame de la información sobre las dos administraciones del PAN, bajo el epígrafe de “Narco gobiernos”, hicieron de la concentración un hecho mediático, presentista, que asume de manera verbal, la vieja confrontación de “amigo-enemigo”, oscureciendo la gravedad de la crisis de la democracia representativa mexicana, que exige como mínimo el debate y la deliberación de la tensión relacional disenso-consenso. Y el primer paso, es llamar a las cosas por su nombre, evitando hacer de las mentiras verdades.

El llenado del Zócalo, el tono de los dos discursos magistrales, y las consignas vertidas por la/os asistentes, propiciaron un escenario que perdió la centralidad del problema que la convocó para reducirse a la defensa de una institución, el INE, sustentada en la reforma electoral de 2014, una reforma que, a tono con el contexto global-neoliberal, fue certeramente objeto de críticas por académicos, intelectuales, medios críticos. Una síntesis inobjetable de ésta es la de Jaime Cárdenas[i], para quien dicha reforma hace del INE el “desdoblamiento de la oligarquía” (gobierno de pocos); sostiene la reelección y no la rendición de cuentas; deslegitima y trastoca los elementos constitutivos de la Constitución; no “incorpora la revocación del mandato ni el referéndum ni la acción popular de inconstitucionalidad”, y sostener una “planeación democrática” “deliberativa y participativa”, pero en los términos que establezca la ley”; elimina jurídicamente a las minorías parlamentarias; registra la inmunidad a las medios electrónicos y a los empresarios; y fue “moneda de cambio de la reforma energética”. En suma, la interpretación de Cárdenas, jurista del Instituto de Investigaciones de la UNAM, sostiene, como muchos otros, que la reforma electoral de 2014 fue una reforma ilegítima.

Esta reforma aprobada en el Diario Oficial del 10 de febrero de 2014 sostuvo un espléndido desarrollo en un breve tiempo. Sus impactos, además de la distancia abismal entre el ser y deber del INE y la realidad nacional, fue el desmedido triunfo en paralelo a su rotundo fracaso. Las elecciones intermedias federales y concurrentes de 2015 en la que diez partidos políticos disputaron 500 curules de la Cámara Federal de Diputados, 19 gubernaturas, y en 17 entidades federativas 641 diputados locales y 993 alcaldías, además de las 16 jefaturas delegacionales del Distrito Federal[ii], se registraron como los comicios electorales más caros en la historia mexicana, con un costo programático que ascendía a 21 mil millones 786 mil 773 de pesos, de los cuales 5,355 millones 522 mil 828 pesos[iii] destinados exclusivamente a los partidos político.

¿Sus resultados? Para los órganos responsables de las elecciones de 2025 las cifras corroboraban el cometido esperado: la participación ciudadana por debajo del 50 por ciento (48% de la lista nominal), la instalación de casillas cubrió el 99.95 del total programada, el voto nulo el 4.6 por ciento de la lista nominal (Velázquez, 2015). Los resultados sostienen el tránsito de una dinámica electoral bipolar a una multipolar, no obstante que sus resultados, favorecieron a tres partidos: el PRI con 203 curules, el PAN con 198, y el PVEM con 47 diputados. Detrás de estos resultados, están, como indica Hernández /2015: 4), las coaliciones entre los partidos dominantes y partidos “bisagras”, que minimiza la pérdida real de curules de los partidos dominantes o el sentido político de “gobierno dividido” camaral e incluso el sentido mismo de la competencia partidaria, relativizándose la alta volatilidad y la fragmentación del voto, visibles por las candidaturas independientes, pero no sólo por éstas[iv].

Detrás de esta interpretación de positividad, la interpretación más amplia registró el desparrame del significado concreto de la reforma electoral en la que la subversión y el atraco por atraer votantes, permisibles por los órganos responsable de la custodia de la democracia representativa, desvelaron no sólo la continuidad y el reforzamiento de las prácticas tradicionales de partidos y fuerzas políticas locales, sino también un escenario electoral, con rangos severos, definidos por la  mercantilización  e intromisión del crimen organizado. El Instituto Estatal Electoral del Estado de México (IEEM), la entidad que concentra el mayor electorado del país es analizado al detalle por Barrano y otros autores, para derivar incluso en el fortalecimiento de prácticas que le son añejas: simulación, cooptación y complicidades[v]; en el extremo, Chiapas, siempre fiel al PRI, el desenfreno del PVEM, adjudicándose ser el “partido de Chiapas”, ganando, junto con el PRI, en abierta crisis local, la totalidad de las elecciones federales y la mayoría de las elecciones locales.

El revés radical de la crisis del INE ocurre en las elecciones de 2018 con el triunfo inmisericorde, por el tamaño de la votación, del partido MORENA que le da el triunfo a la Presidencia de México (2018-2024).

El electorado se deshizo del discurso futurista del INE y sencillamente vota por un partido y un candidato a la Presidencia de México, al que, por razones distintas, se le negó el triunfo en 2016. Este resultado dejó sin argumento racionales al INE y a toda la maquinaria institucional de un poder que se asumió juez y parte del orden político representativo, manifestándose en la obviedad malsana, en el acendrado desprecio de las masas “ciudadanizadas”, desprecio que se ha acrecentado en la “oposición” en los años del nuevo gobierno.

El desprecio a las masas tiene tras de sí las revelaciones de un ejercicio político-administrativo, definido por la corrupción y el enriquecimiento, con la ley en mano, de una elite cuyo poder de decisión autónomo, desvela un ejercicio distante de los objetivos del modelo democrático. El INE y el consorcio institucional que le custodia y le protege, son los actores del espectáculo mediático de nuestro presente político; se dirime en un escenario actoral que tiende a reducirse, a personalizarse o acuerparse en grupos reducidos o ampliados cuando el sentimiento del daño se comparte. Desde la lectura lacaniana, el funcionamiento de la ideología es cínico, y el sujeto cínico, indica Zizek (2016), “está al tanto de la distancia entre la máscara ideológica y la realidad social, pero pese a ello insiste en la máscara” (ibid.: 56-57). En la fórmula que propone Sloterdijk indica, sería, “ellos saben muy bien lo que hacen, pero aun lo hacen”, de manera que:

“La razón cínica ya no es ingenua, sino que es una paradoja de una falsa conciencia ilustrada: uno sabe de sobra la falsedad, está muy al tanto de que hay un interés particular oculto tras una universalidad ideológica, pero, aun así, no renuncia a ella” (Ibid.: 57, cursivas añadidas)[vi].

En aras de la objetividad disponemos del documento de la reforma electoral de 2014 y la reforma electoral -Plan B-, que deja prácticamente salvable muchos elementos y disposiciones que no permiten, como señala Cárdenas, el cometido de una democracia participativa hoy judicializada, no obstante, la arremetida al despilfarro del erario público por una elite privilegiada es sostenida. La ausencia de liderazgo político, y la falta de una propuesta sólida, más allá de la reforma de 2014, desvelan el carácter instrumental y presentista de un problema que como, el del orden político, compete a la sociedad como conjunto. Seguir en la misma tesitura, la del espectáculo, su interpretación nos exigiría reducir la rica y compleja teoría psicoanalítica lacaniana al ámbito clínico, evadiendo lo que está en juego, que es el futuro de una sociedad hoy agredida por la misma globalización neoliberal, un terreno “infernal” contenido en la sentencia que porta la democracia: “Y en el momento en que los vivos se han decido a luchar contra toda distinción vertical, no cabe hacer otra cosa que defender el infierno[vii] (cursivas añadidas).

[i] Cárdenas Gracia, Jaime. “Una crítica general a las reformas político-electorales de 2014 -constitucionales y legales- y una referencia específica a la democracia participativa que regulan”. En: Revista Mexicana de Derecho Electoral, número 6, julio-diciembre de 2014, pp. 39.72. https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/derecho-electoral/article/view/10068/12096

[ii] Instituto Nacional Electoral (INE), Calendario electoral 2015, disponible en el sitio electrónico: http://www.ine.mx/docs/IFE-v2/DECEYEC/DECEYE-procesosElectorales/Calendario-Docs/ISU_Cal-Elect-2015.pdf.

[iii] Instituto Nacional Electoral (INE), 2014. Acuerdo del Consejo General del Instituto Nacional Electoral, Presupuesto 2015, INE/CG341/2014. Disponible en el sitio: http://www2.ine.mx/archivos3/portal/histórico/contenido/interiores/detallePresupuestoIFE-id-

[iv] García Aguilar María del Carmen y Pablo Uc. 2016. Breve Prontuario de la democracia representativa en Chiapas: 1970-2015- ODEMCA-CESMECA_UNICACH. Mimeo

[v] Barranco, Bernardo (coordinador) El regreso al infierno electoral. Las elecciones de 2023 y el juicio final del PRI. México: Grijalbo.

[vi] Zizek, Slavoj (2016). El sublime objeto de la ideología. México: Siglp XXI editores.

[vii] Sloterdijk, Peter(2011). El desprecio de las masas. Ensayo sobre las luchas culturales de la sociedad moderna. Valencia: Pre-Textos.

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