El boxeador gitano recuperado por Dario Fo

Johan Trollmann, con toda certeza, no es un nombre muy conocido, ni siquiera para los amantes del boxeo. Trollmann fue un púgil gitano alemán que pudo convertirse, si las circunstancias políticas de su país hubieran sido otras, en el antecedente del mucho más famoso Cassius Clay o Muhammad Alí, este último nombre adquirido cuando se convirtió al Islam. Predecesor por la forma de enfrentar los combates encima de un ring, moviéndose constantemente, bailando, como después se hizo común a través de la forma de pelear de Alí.

Conocer más de su vida es una posibilidad que ofrece la lectura de la última novela del dramaturgo italiano Dario Fo, quien fue reconocido con el Premio Nobel de Literatura en 1997. El campeón prohibido (2017) es el título de la novela que en castellano se puede encontrar en la editorial Siruela. Un breve e intenso relato que sigue la vida pugilística y personal de Johan Trollmann hasta sus últimos días.

No es el primer caso de novelas y reportajes que narran la vida de distintos deportistas, en especial de aquellos que, además de sus actividades físicas, vivieron o intervinieron en la sociedad que les tocó vivir de una forma inesperada para la imagen del deportista de élite que hoy se publicita, o que ellos mismos se encargan de mostrar con sus actitudes. Ese es el caso del ciclista Gino Bartali o del atleta Emil Zatopek, por citar dos ejemplos novelados. Lo mismo puede decirse de reportajes convertidos en narraciones ejemplares, como la que realizó Norman Mailer con su libro El combate. Texto que rememora uno de los enfrentamientos pugilísticos más recordados en la historia, el que enfrentó a Muhammad Alí y George Foreman en lo que actualmente es la República Democrática del Congo en el año 1974.

Sin tantos reflectores como los del último combate mencionado, la existencia de Johan Trollmann es la de un gitano en su país de nacimiento, Alemania, antes del arribo al poder de Adolf Hitler. De hecho, su condición de gitano no parece que tuviera una trascendencia especial hasta que determinó su realidad vital.

El adolescente Trollmann se acercó por casualidad al boxeo hasta convertirse, primero en una promesa y, poco después, en una realidad del deporte alemán. Carrera deportiva en ascenso truncada, paulatinamente, por las medidas del régimen nazi que antes de iniciar el exterminio de seres humanos, por todos conocido, realizó controles sobre la población considerada impura a través de censos y árboles genealógicos que determinaban su condición aria o todo lo contrario. Proceso al que le siguieron las prohibiciones de abandonar el país y las esterilizaciones en los Centros para la Higiene y la Raza.

Desde esa lógica racista que caracterizó al Tercer Reich, un gitano como Johan Trollmann no podía más que resultar una anomalía si se convertía, como lo hizo, en campeón alemán. Así, su vida, junto a la de sus familiares y la de muchos gitanos, se transformó en el infierno vivido por un sinnúmero de seres humanos en Alemania y los territorios ocupados durante la Segunda Guerra Mundial.

 “<<¡Vamos! ¡Vamos! ¡Cerdos inmundos! ¡Perros inmundos!>>” (p. 160). Estos insultos, recreados por Dario Fo, recuerdan que uno de las formas para deshumanizar a nuestros semejantes es convertirlos o equipararlos a los animales. Ese fue el destino de Trollmann en su país, el que lo condujo del campeonato nacional del peso semipesado a los campos de concentración. Como Dario Fo pone en boca del boxeador: había “perdido incluso mi identidad” (p. 173) en prácticamente diez años. Johan Trollmann perdió, por supuesto, más que la identidad porque, como tantos otros seres humanos, su vida se malogró en uno de esos campos de exterminio que, junto a los judíos, destruyó a gitanos, gays, comunistas y anarquistas, prisioneros de guerra…Triste realidad de un mundo contemporáneo que olvida o maquilla con facilidad los peores actos de la historia humana.

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