El fin del mundo, el fin del libro

Casa de citas/ 650

El fin del mundo, el fin del libro

Héctor Cortés Mandujano

 

La vida [misma] no se narra, se vive

Paul Ricoeur

 

En Tiempo y narración II, configuración del tiempo en el relato de ficción (Siglo XXI, 1995), de Paul Ricoeur (ya he hablado en una columna anterior del volumen I), habla en un principio del flujo de conciencia, es decir, de lo que piensan los personajes en las novelas de Virginia Woolf (pp. 387-388): “La noción de trama aparece aquí desacreditada definitivamente. ¿Se puede hablar aún de trama cuando la exploración de los abismos de la conciencia parece revelar la importancia del propio lenguaje para estructurarse y tomar forma?”.

En contra de la idea de que las novelas cuentan la “realidad”, Ricoeur dice (p. 394, la numeración de páginas suponen que los volúmenes I y II son un mismo libro): “El arte de la ficción se manifiesta entonces como arte de la ilusión. En lo sucesivo, la conciencia del artificio minará desde dentro la motivación realista, hasta volverse en contra de ella y destruirla”.

El apocalipsis bíblico, dentro de un libro, propone simpáticamente Ricoeur (p. 409) “ha podido significar así a la vez el fin del mundo y el fin del libro”.

La novela convencional, a la que le importaba el tiempo cronológico, está fuera de las preocupaciones actuales (p. 418): “Quizá también la novela está muriendo como narración. Nada, en efecto, permite excluir que esté herida de muerte la experiencia acumulativa, que, al menos en el área cultural de Occidente, ha ofrecido un estilo histórico identificable”. Incluso (p. 419): “Ignoramos totalmente lo que sería una cultura en la que ya no se supiera lo que significa narrar”.

Hace la distinción entre enunciación y enunciado, entre la narración y lo narrado (p. 469): “Se ha llegado a decir que narrar es ya ‘reflexionar sobre’ los acontecimientos narrados”, lo que parece lógico porque la narración casi siempre es producto de la reflexión o de las ideas previas a la escritura. Lo aclara más (p. 494): “El hecho de ‘narrar’ y la cosa ‘narrada’ se distinguen precisamente en ese acto de hacer presente. Distinción fenomenológica, pues, que hace que cualquier narración es narrar algo que no es la propia narración. De esta distinción elemental se deriva precisamente la posibilidad de distinguir dos tiempos: el empleado en narrar y el narrado”. Pongo un ejemplo muy simple para que quede claro lo dicho por este célebre filósofo y antropólogo francés: Yo puedo tardarme menos de un minuto en escribir “Pasó un siglo”.

Narrar es (p. 495) “según una expresión tomada de Thomas Mann […] elegir y excluir a la vez”.

El asunto del tiempo en la narración es central en su estudio (p. 483): “El arte de la historia reside en este dominio de las alternancias del tiempo”, pues en las novelas, que allí asienta el objeto de su estudio, es muy difícil que se cuente algo sin tener variaciones temporales que rompan la lógica del tiempo “real”, convencional, cronológico; es decir (p. 488), “las transiciones de un tiempo a otro sirven de guía para las transformaciones de una situación inicial en otra terminal: en esto consiste cualquier trama”.

Ilustración: Alejandro Nudding

Toma la idea de Günther Müller para explicar los (p. 501) “tres tiempos: el del acto de narrar, el que es narrado y el de la vida”. El primero, el de narrar, es el cronológico, que es el que usamos para la lectura y la escritura, “se cuenta en número de páginas y de líneas”; el tiempo narrado “se cuenta en años, meses, días y, eventualmente, fechado en la misma obra”. La vida no está en el libro, más que como un reflejo.

La parte final le sirve a Ricoeur para analizar el tiempo en tres novelas: La señora Dalloway, de Virginia Woolf; La montaña mágica, de Thomas Mann, y la saga de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.

La Señora Dalloway había sido titulada por su autora como Las horas hasta antes de su publicación. En su Diario, Woolf escribió (p. 539): “Tendría mucho que hablar sobre The Hours y mi descubrimiento: cómo excavaba hermosas cavernas detrás de mis personajes. Creo que eso proporciona exactamente lo que necesito: humanismo, humor, hondura. La idea es que las cavernas se conecten y cada una venga a la luz del día en el momento presente”. La nota deja en claro que lo suyo no era estar interesada en narrar desde un tiempo lineal.

Nadie tan entregado a la lectura y la escritura como Proust. Lo escribió en muchas partes, pero la cita de Ricoeur es ideal para entenderlo (p. 615): “La verdadera vida, la vida al fin descubierta y dilucidada, la única vida, por lo tanto, realmente vivida es la literatura; esa vida que, en cierto sentido, habita cada instante en todos los hombres tanto como en el artista. Pero no la ven, porque no intentan esclarecerla”.

El autor dice, con razón, que la idea aquí planteada es más radical que la famosa apología del libro de Mallarme (“Todo en el mundo está hecho para terminar en un libro”), y confunde lo que ha aclarado Ricoeur en sus reflexiones: la vida no es la literatura; la literatura recorta una parte de la realidad y la reacomoda en otro tiempo, con palabras y líneas, y la vida, como titula una de sus famosas novelas Milan Kundera, está en otra parte.

 

***

 

¿Quién me puso un día

en un barquito sin velas

en mitad del río?

Javier Espinosa Mandujano,

en “Electrones”

 

Don Javier Espinosa Mandujano me hizo llegar, de obsequio, su más reciente libro: Poesía alacena (Unicach et al, 2022), que reúne algunos ensayos sobre la escritura de poesía, algunos poemas de otros y varios poemas suyos. Incluye, también, “Odas al barquero”, una pequeña publicación anterior que tiene, incluso, un texto mío. Gracias.

En el ensayo “Sobre el ‘fluido misterioso’ de Darío, refiere una conversación que tuvo con Jaime Sabines y Daniel Robles Sasso, dice don Javier que dijo acerca de la poesía de Sabines lo que escribe aquí (p. 16): “No hay elucubración ni criptografías de ninguna naturaleza, el amor es el amor, la luna es la luna y la muerte es la muerte”.

En su poema “Amadas luces y sombras” escribe (p. 51): “¿Puedes sentir el misterio del candil/ ardiendo en el corazón/ de las casas del pueblo?”.

            Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

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