Eduardo Ramírez Aguilar, el reto por la gobernabilidad

El proceso interno de Morena, que culminó con el nombramiento de Eduardo Ramírez Aguilar (Comitán, 13 de octubre de 1977) como coordinador de los comités estatales de defensa de la 4T, estuvo lleno de incertidumbre, sobre todo por la cuestión de género.

            No había dudas de que ERA encabezaba las encuestas, incluso por un margen superior al que se dio a conocer la noche del viernes y que se cifró en 1.5 puntos por arriba de Sasil de León Villard, pero la disposición de paridad de género podía dejarlo fuera de la candidatura al gobierno de Chiapas.

            Sin embargo, desde el martes hubo visos de que él era el elegido cuando declaró, flanqueado por Mario Delgado, de que estaba, “por mucho, arriba en las encuestas”, y que solo tenía un plan para llegar al gobierno de Chiapas: “el plan A” y que ese plan estaba con Morena.

            En días posteriores, ERA recibió diferentes mensajes que le confirmaron que no solo el ganador de la encuesta sino el futuro coordinador estatal de Morena. Dos semanas antes, Sasil de León Villard era la favorita, lo mismo que Omar García Harfuch, en la Ciudad de México.

            Pero el secretario de Seguridad capitalina no terminó de encajar ni de ser aceptado por los ultras del obradorato, quienes lo atacaron por sus vínculos con Genaro García Luna. Al final, su caída benefició a Eduardo Ramírez Aguilar.

            Por supuesto que no fue un simple enroque. Fue también un balance de pérdidas y ganancias. No hay dudas de que el virtual candidato de Morena en Chiapas será de los nueve candidatos, el que más diferencia de votos a favor otorgue a Claudia Sheimbaum. No se trata solo del millón y medio que seguramente alcanzará, si no los que pueda atraer y neutralizar de la oposición.

            Su salida, en caso de que no hubiese sido nombrado, y fue algo que seguramente analizaron los dirigentes de Morena, significaba un boquete de 500 mil votos menos, los cuales irían a parar a la oposición.

            Estos dos elementos –la caída de García Harfuch, y el reconocimiento a la estructura y posicionamiento de Eduardo Ramírez–, fueron determinantes para su elección como virtual candidato al gobierno de Chiapas.

            Morena acertó al elegir al político comiteco, quien en sus veinte años de actividad pública ha logrado construir una estructura, que aceitada y potenciada, arrasará en 2024. De eso no cabe la menor duda, sobre todo ante una oposición inexistente y una población mayoritariamente dependiente de programas sociales. Del millón 222 mil familias chiapanecas, por lo menos un millón cien mil, según ha dicho el presidente de la República, se beneficia de programas sociales.

            En este escenario, su campaña puede ser solo un paseo, si así lo quiere, o puede ser algo más: una verdadera cruzada para fortalecer estructuras y para realizar un diagnóstico profesional del Chiapas profundo.

            Eduardo Ramírez conoce bastante bien el estado. Su paso por el Congreso del Estado y por la Secretaría de Gobierno le sirvieron para palpar las complicaciones de la entidad que espera gobernar, pero que en este sexenio ha revolucionado sus problemas, en especial por cuestiones de seguridad.

            Padecemos un vacío de poder institucional que ha sido aprovechado por grupos delincuenciales para erosionar la convivencia y la tranquilidad de la que tanto se enorgullecían las autoridades locales.

            Su campaña puede ser una fiesta constante de aplausos y discursos zalameros o el ejercicio que sirva para recabar inquietudes, malestares y propuestas que sirvan para diagnosticar, diseñar y proyectar un programa de gobierno realmente innovador y comprometido con el desarrollo estatal.

            Confío en que Eduardo Ramírez Aguilar se incline por esto último, de tal manera, que cuando sea investido como mandatario, eche a andar sus propuestas y logre, al paso de los años, el mejor gobierno en la historia de Chiapas, porque sus logros de gobernabilidad se traducirían en bienestar para sus habitantes, mayoritariamente pobres.

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