Lo que piensan las mujeres

Casa de citas/ 668

Lo que piensan las mujeres

Ilustración: HCM

Héctor Cortés Mandujano

 

Escrito en el tiempo (Era, 1985), de Bárbara Jacobs, está constituido por 53 cartas no enviadas a la revista Life. Jacobs leyó los 53 números que la revista publicó en 1984 y escribió sobre aquello que en cada uno llamó su atención.

Escribe sobre una reseña que R. Z. Sheppard hace sobre Leaving the Land, de Douglas Unger (p. 22): “Sheppard transcribe un pasaje en que Unger retrata a unos pavos en el momento en que, tras advertir que eso que picotean no eran insectos sino gotitas de agua, alzan el cuello, echan la cabeza hacia atrás, abren el pico en toda su amplitud y, de frente al cielo, beben la lluvia que les cae y se dejan ahogar y morir”.

Se pregunta si en general las creaciones parten de la realidad, y si hay creaciones puras; usa como ejemplo, entre otros, para inclinarse por la primera vía, a Dorothy Wordsworth –hermana de William, el célebre poeta a quien se nombra casi siempre sólo con su apellido–, quien asienta en su diario (p. 50): “ ‘Esta mañana vi a un petirrojo perseguir a una mariposa escarlata’. Y al día siguiente, el 18 de abril: ‘Hoy William escribió el poema ‘The Robin and the Buterfly’ (El petirrojo y la mariposa)”.

Samuel Butler, dice Jacobs, afirmaba que (p. 70) “quien quiere ser escritor debe llevar un diario. […] Un escritor fotografía lo que le va gustando de un viaje en forma de anotación en su diario, el diario de un escritor es un álbum fotográfico: en sus páginas va pegando una al lado de la otra las imágenes no sólo de lo que le va gustando de un viaje sino de lo que le va disgustando de la vida”.

Habla del pintor Modigliani (p. 81): “Como buen artista, era susceptible, impulsivo, rebelde, práctico, irracional, iluso, arriesgado, descocado, inseguro, exhibicionista, sabio, melancólico y tonto”.

Cuenta (p. 85): “El otro día leí que las ballenas, desorientadas después de dar a luz, se estancan en la orilla de ciertas playas, en aguas poco profundas, hasta que gradualmente mueren, vacías, incapaces de encontrar su camino…”.

Reflexiona acerca de un libro que habla sobre las mujeres en siglo XVII en Inglaterra (p. 98): “La mujer de cualquier época y de cualquier lugar que ha querido hacer algo en su vida, lo ha hecho. Cuenta  –igual que el hombre– con la única arma infalible que vence, al derrotarlo o esquivarlo, todo posible e imaginable obstáculo: el ingenio”.

Traduce el fragmento de un poema de Jaroslav Seifert, quien ganó ese año el Premio Nobel de Literatura (p. 107):

 

            Rara vez averiguas

            lo que las mujeres de veras

                        están pensando.

            Sus pequeños pensamientos te eluden

como los pájaros pequeños que apenas tocan

la voz humana

cuando sus patas se aferran

a los cables de las líneas de los teléfonos.

 

Habla de los sombreros, el pelo, la cabeza, a partir de una fotografía (p. 119): “Muy pocas mujeres son bellas de veras, y menos sin pelo, y menos sin ideas. El pelo no sólo cubre y protege el cráneo y lo que el cráneo contiene –o no contiene–, sino que contrarresta los defectos de las caras que no son perfectas. Al contrarrestar, embellece. […] De los cinco sentidos, la cabeza contiene cuatro”.

Y (p. 129): “Quizá porque nadie lo escucha, el escritor acepta que lo entrevisten: necesita hacerse la ilusión de que hay alguien por lo menos que lo busca para escucharlo”.

 

***

 

He leído constantemente a Rubén Darío. Regalo de mi amiga Linda Esquinca leo ahora sus Poesías escogidas (Editorial Pax México, 1962), que es prácticamente releerlo. Darío siempre supone sorpresas, porque es un conocedor absoluto del lenguaje, de la tradición y de las formas poéticas.

En “Mientras tenéis…” confronta a los “negros corazones, conciliábulos de odio y de miseria” con su posibilidad de tener dentro el amor que “riega sus sones”; es decir, nos empeñamos en lo malo, aunque tenemos mucho bueno. Cómo pueden usarse las limitaciones para hacer maravillas lo dice en un verso genial que hermana a dos majestades literarias (p. 18): “¡oh Shakespeare pobre, y oh Cervantes manco!”.

En “Los cisnes” habla de la continuidad de los tiempos, de la vida reproduciéndose sin muchos cambios (p. 21): “Yo te saludo ahora como en versos latinos/ te saludara antaño Publio Ovidio Nasón./ Los mismos ruiseñores cantan los mismos trinos,/ y en diferentes lenguas es la misma canción”. Más adelante dice, con ironía (p. 22): “A falta de laureles son muy dulces las rosas,/ y a falta de victorias busquemos los halagos”.

En “Filosofía” escribe (p. 36): “El peludo cangrejo tiene espinas de rosa/ y los moluscos reminiscencias de mujeres”, y en “Ay, triste del que un día…” dice abatido (p. 42): “Dos dioses hay, y son Ignorancia y Olvido”.

De “Amo, amas” extraigo los versos primero y tercero (p. 50): “Amar, amar, amar, amar siempre, con todo/ […] con lo claro del sol y lo oscuro del lodo”.

En “Lo fatal” hay también filosofía (p. 57): “Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,/ y más la piedra dura porque esa ya no siente,/ pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,/ ni mayor pesadumbre que la vida consciente”.

“Líbranos señor” dice en su inicio (p. 89): “El verso sutil que pasa o se posa/ sobre la mujer o sobre la rosa,/ beso puede ser, o ser mariposa”.

En su largo poema “A Mariano Miguel de Val” habla constantemente de la muerte, advierte sin césar sobre la rapidez de la vida (p. 102): “Gozad de la carne, ese bien/ que hoy nos hechiza/ y después se tornará en/ polvo y ceniza”; y más (p. 103): “Gozad de la dulce armonía/ que a Apolo invoca;/ gozad del canto, porque un día/ no tendréis boca”.

“Versos del año nuevo” tiene como personaje central a Puck, duende juguetón de Sueño de una noche de verano, de Shakespeare, quien sale a la pradera para conseguir regalos. Aquí, de manera más obvia, se nota el conocimiento de la obra del bardo inglés, de los personajes, de la botánica, del campo; el saber enciclopédico de Darío es muy notorio; además, versifica todo como si fuera tan sencillo, como mover las manos. Dice (p. 118): “De una paloma pretende/ los zapatitos Luis-Quince;/ pero la paloma es lince/ no los vende”.

En “Pequeño poema infantil” escribe (p. 122): “Y esa hada era muy fea,/ como son/ feos toda mala idea/ y todo mal corazón”, y en “Sum…” (p. 136): “Cuatro horizontes de abismo/ tiene mi razonamiento;/ el abismo que más siento/ es el que siento en mí mismo”.

En “Caso”, luego de exponer una historia donde dudan si sacar o no el acero de un hombre herido (moriría si se lo dejan; lo sacan y muere) remata (p. 142): “Yo soy el herido, ingrata/ y tu amor es el acero./ ¡Si me lo quitas me muero! ¡Si me lo dejas me mata!”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

 

 

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