El breñal y el lirio

Casa de citas/ 672

El breñal y el lirio

Héctor Cortés Mandujano

 

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Rascacielos (Tifón, 2022), de Naúm Roblero, escritor chiapaneco, tiene por lo menos tres propuestas de escritura y género: cuento, poesía y ensayo, y eso llena de matices su lectura.

En la primera parte, que da título al volumen, nos hallamos de un plumazo en el centro de una época donde el mundo como lo conocemos ha terminado y en un rascacielos, de 12, se han encerrado a 600 trabajadores-esclavos. Es la voz de uno de ellos, el hombre con el número 710 tatuado en el antebrazo, quien nos cuenta cómo los soldados, por orden de un dictador, los han reclutado y los encierran para realizar trabajos cuyo sentido final desconocen.

Los breves textos no guardan un orden: son bitácora de sueños, crónica de desconsuelos, posibilidad de escritura, pues el narrador se halla, dentro de los reclusos, con un poeta, Aarón, con quien puede conversar de algo más allá que el encierro y el trabajo. Para el narrador, hallarlo es la posibilidad de usar la reclusión como materia de análisis.

 

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La segunda parte, “Desde el sótano”, la constituyen los poemas escritos por el hombre de quien sólo conocemos el apellido. Son los suyos poemas escritos sobre la barbarie de aquellos tiempos pasados o futuros (p. 43): “Iba de túnel en túnel,/ pintando rosas en la oscuridad/ donde la ciudad velaba a sus muertos/ y los semáforos lloraban a medianoche”. Y de esa desazón dan cuenta hasta los títulos: (p. 45) “Multitud encerrada en un edificio de cristal”;  (p. 54) “Multitud que se duerme en los vagones”; (p. 57) “Caballos fantasmas”; (p. 61) “Visión tras los alambres de púas”, etcétera.

Hay, sin embargo, dentro de esa desgracia, en esos días aciagos, en esas noches de insomnio e incertidumbre, algunos poemas de amor a Cecé (p. 47): “Tus ojos vienen del atardecer,/ del mar de la dicha./ Fugitivo voy por las olas/ buscando tu mirada”. Pero los poemas no están desligados de lo que se contó en los breves relatos del primer apartado; son, aunque estén pensados desde otra escritura, una visión complementaria.

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz

 

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En la tercera parte, “Anexo”, sabemos ya que el narrador se llama Emiliano Orozco, que la guerra ha terminado y que es él quien nos ha informado todo desde las páginas precedentes. Aquí nos presenta los poemas que Aarón pidió que le entregaran. Los copia, los ordena, los interpreta, los anota (p. 109): “La ciudad es un monstruo desolado,/ crece el bullicio sordo de las almas./La ciudad crece/ y se llena de vacíos./ Es un hueco girando”.

 

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Este el breve texto que escribí para la contraportada del libro, que sintetiza su propuesta: “Rascacielos, de Naúm Roblero, es una premonición que ojalá no se cumpla, es una elegía al dolor, una crónica de la soledad y una advertencia sobre uno de los filos totalitarios a los que nos puede llevar el poder omnímodo.

“También es la posibilidad de usar la narración y la poesía para hablar de los temas eternos, con una escritura que nos remite a ciertas voces clásicas (Kafka, fundamentalmente), revisadas desde el pálpito del día de hoy.

Rascacielos es, en su doble aserto, la fotografía múltiple del breñal y los miasmas, junto a la belleza serena del lirio y el olor maravilloso de la vida…”.

 

[Texto leído en la presentación del libro Rascacielos, de Naúm Roblero, el 18 de febrero de 2022, en Telar Teatro, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.]

 

***

 

Soy la escultura de mármol y su bandera que ondula oscura

por lamentos eternos en la complicidad de los necios

Osvaldo Gutiérrez Ballinas,

“En el viento negro”

 

Osvaldo Gutiérrez Ballinas, poeta chiapaneco, me hizo llegar, por mail, su libro Poemas en el viento negro…, que parecen escritos desde la soledad, el encierro, el lugar apartado desde donde ve con ironía a veces, a veces con rabia, el mundo de los escritores, los intelectuales, los maestros universitarios, la gente…

Se sabe excluido. Dice en “Ilumina esa multitud”: “A mí me desahuciaron como un exitoso escritor/ la maledicencia sobre mis creaciones fue cruel y sangrienta”. Y    más: “Me vetaron y no deje de escribir mis obras de teatro-alternativo y mis poemas bobos”. Insiste en “Este viento”: “¡Académicos burlándose te llaman terco e insolente! Analfabeto/ todo menos que poeta”.

Encerrado, acusado, relegado, olvidado… Sus sentimientos son ambivalentes: lo mismo perdona que condena a sus congéneres. No le parecen admirables los que cosechan éxitos y dinero. Asume su desolación, el estar encerrado en sus ideas, en la cárcel de la imaginación. Lo suyo, dice en varios poemas, es el infortunio, las relaciones tóxicas, el ser ignorado, el no ser escuchado.

No cree en las apariencias. Escribe en “Blanco como la nieve el alma” que no conoce a alguien con el corazón blanco, pero sí “conozco la histeria por querer aparentar santidad y calma”. Reflexiona constantemente sobre sí mismo, sobre su escritura, sobre lo que el mundo le hace sentir. Busca en la hondura de su ser. Escribe en “Ese duende pelearse por mí”: “Este es el itinerario macabro de la bestia salvaje que me acosa con sus colmillos de horas/ temblando su respiración en mi cuello y espalda./ Mi mente claustrofóbica me juega sus tretas macabras/ con serpientes negras arrastrándose hacia mi cuerpo rígido y frío/ como el mármol enamorado del averno”.

En varios momentos se le siente cerca de la estética de Poe: Muerte, destrucción, viento negro, pesadillas, monstruos, maldad… “Dentro de la oscura senda” tiende un puente hacia “El Cuervo”, por ejemplo: “Alguien llama afuera. Nadie. Sólo el recuerdo de la mujer amada.” “Con este rostro” es un resumen de sus sentimientos: “Hace tiempo que dejé de preguntar a qué horas viene el olvido/ a reclamar mi cuerpo podrido de tristeza y amarga soledad animal…”.

“Vivir solo años deshabitado” es también desolado: “¿Cómo me volví esta alma en pena? […] Conspiraron contra mí y mis acciones poéticas/ Soy un obrero del arte que se entrenó para la cámara negra”. “Pálido y triste” no da opciones: “Nací pálido y triste y no necesité un golpe en mi cuerpecito de recién nacido para llorar/ fui voluntario para el llanto/ nací llorando”. Hay pocos momentos de luz. Un rayo en “Me recuerda a ti su melancolía” da una nota alegre: “¡Es la hora del amor a todas horas!”.

Creo que había que leer a Osvaldo Gutiérrez Ballinas, que sería una forma de acompañarlo, de darle un abrazo, de hacerlo sentir menos solo…

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

 

 

 

 

 

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