Linchamientos festivos de mujeres chiapanecas

En las últimas semanas, las redes sociodigitales se han llenado de mensajes de odio hacia mujeres con encargos públicos, que no buscan la rendición de cuentas, sino el escarnio y el castigo simbólico.

            El más notable es el caso de María Eugenia Culebro, una empresaria chiapaneca que hasta hace poco se desempeñaba como secretaria de Turismo.

            Su salida del cargo, cuando cumplía una tarea oficial en España, activó mensajes para exhibirla y mostrarla como una funcionaria derrochadora, poco sensible e incapaz.

            Si la exfuncionaria cometió actos indebidos, hay que iniciarle procesos jurídicos, pero de ninguna manera afilar los dientes de la jauría ni preparar un escenario predecible para la lapidación pública.

            A todo político le llegan momentos complicados: caídas, éxitos y recaídas. Y los enemigos siempre están listos para sacar las garras.

            No es raro que las personas linchadas sean mujeres, porque ellas siguen siendo el objetivo del machismo salvaje.

            Los tiempos digitales son de la búsqueda insaciable de espectáculo, como antes lo fueron los gladiadores o los ahorcamientos, y si ahora lo protagonizan las mujeres, es porque el castigo simbólico sobre ellas resulta más rentable, al ser estos ataques más crueles, feroces y moralizantes.

            A diferencia de los hombres, a quienes se les cuestiona por actos de corrupción, a las mujeres se les critica su vida sexual, su cuerpo y su presunta incompetencia. Se les exige pureza conventual, en lugar del ejercicio eficiente de su encargo.

            Con el ajusticiamiento público a una mujer, sea diputada o secretaria, se busca disciplinar simbólicamente a todas: “Si te sales del molde establecido, te expondremos a la burla y al escarnio”, dicen entre líneas estos mensajes.

            En este disciplinamiento, hay también deseos de complacer al poder. Criticar a los enemigos es una vieja práctica para acercarse al príncipe.

            Desgraciadamente, la lealtad al poder difícilmente se hace con la expresión de ideas propias, porque no suelen ser complacientes, sino con la demostración de ferocidad para atacar a presuntos enemigos públicos.

            Hay, además, un ánimo celebratorio por los caídos, por las personas que pierden el poder. Es parte de nuestra apocada naturaleza. Pero estas muestras cortesanas deben ser condenadas en tiempos de un gobierno que se asume como humanista.

            No conozco a la exsecretaria de Turismo, pero las reacciones de menosprecio y odio que circularon en las redes sociales, son lamentables, porque no se ha criticado su quehacer público, ni sus resultados al frente de la secretaría.

            No es raro. Las redes son territorios propicios para despellejar al vecino, para subirlo a la picota de la santa inquisición y mostrar su cuerpo vapuleado. Los algoritmos premian la crueldad y el escándalo.

            En este apedreamiento contra las mujeres no se ha ejercido una crítica profesional, sino la burla y el placer de destruir. Un linchamiento digital celebratorio que hay que rechazar.

            El poder, por su parte, puede contribuir a rebajar la violencia digital con la construcción de diques contra la desmesura. Maquiavelo lo sabía: el poder no solo ejerce desde arriba, también desde abajo, y bien podría incidir en la disminución entusiasta y cruel de likes contra las mujeres.

No comments yet.

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Leave your opinion here. Please be nice. Your Email address will be kept private.