Armando Guillén Espinosa, los recuerdos un profesor universitario jubilado

Con Armando Guillén Espinosa nos conocimos en la Facultad de Humanidades cuando impartía clases en la Licenciatura en Pedagogía, donde ingresó en 1980 y se jubiló 30 años más tarde.

            Es un hombre callado y buen lector, quien dedicó su vida a la docencia. Su padre, don José María Guillén Pinto, fue conocido en Comitán como comunista, una palabra que entonces asustaba porque era peor que ser asaltante de caminos.

            El sobrenombre lo ganó por su defensa de los indígenas y a las comunidades rurales. Fue de los viejos maestros rurales, forjados en el ideario cardenista. De los 54 años que dedicó al magisterio, más de 30 los trabajó en zonas inaccesibles; primero en Cajcam, municipio de Comitán, y después en el Progreso, La Trinitaria.

            En estos afanes, por la enseñanza conoció a la profesora Carmen Espinosa Marroquín. Se casaron y juntos emprendieron la tarea educativa por comunidades olvidadas. Ahí crecieron sus hijos, que debieron radicar en Comitán para proseguir sus estudios.

            Armando nació en Comitán el 14 de enero de 1949, pero a los pocos años lo llevaron a la comunidad donde impartían clases. Llegar a ese pueblo era una odisea a pie y a caballo, por eso lo visitaban dos veces al año.

            Debido a que las escuelas rurales no tenían todos los grados de educación básica, Armando debió radicar en Comitán para concluir el quinto y sexto grados de la primaria. Ahí también cursó la Escuela Secundaria entre 1964 y 1966.

            Para estudiar la preparatoria debió viajar a la ciudad de México. Ingresó a la Vocacional Número 7, del Instituto Politécnico Nacional.

Armando Guillén Espinosa

            En 1968 le tocó vivir la agitación estudiantil: la formación del Comité Nacional de Huelga, las marchas y protestas. También la represión policiaca. Supo entonces el verdadero sentido de ser comunista.

            Varios de sus amigos se incorporaron a la guerrilla. Su compañero de salón, Salvador Flores Bello se marchó a Guerrero a luchar con Lucio Cabañas. En 1972, fue encarcelado, acusado de conducir el coche donde perdió la vida el profesor y luchador social, Genaro Vázquez Rojas. Al paso de los años, Flores Bello fue fundador del PRD, y presidente de Tecpan de Guerrero.

            Sus padres “comunistas” siguieron laborando en el magisterio en una vida itinerante: Yajalón, La Trinitaria, Comalapa…

            Al concluir la carrera de Economía en el Poli en 1974, se hizo responsable de la política económica de sustitución de importaciones de la Secretaría de Industria y Comercio. Pero la ciudad empezó a cansarle y decidió aceptar la propuesta de convertirse en subdelegado de Fomento Industrial de esa dependencia en Chiapas.

            Era 1980. Tuxtla empezaba a transformarse con la construcción de presas hidroeléctricas y de centros educativos. A Armando Guillén le ofrecieron impartir clases en la Escuela de Humanidades, en materias relacionadas con la historia, la estadística y la economía. Aceptó.

            Traía el gusto por la docencia. Aparte de sus padres, sus abuelos José Tirso Guillén Santiago y Carmen Pinto Villatoro, se habían dedicado a la enseñanza básica.

            Sus hermanos también han sido profesores: Gonzalo, Gloria y Cuauhtémoc.

            Ahora jubilado, Armando Guillén Espinosa se dedica a leer novelas, a ver películas y a escribir sus memorias entregadas a la docencia. Aunque vive en Tuxtla, cada dos o tres meses gusta recorrer las calles de bajadas y subidas donde vivió gran parte de su infancia y adolescencia.

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