Captura del Estado y Reconfiguración de la Gobernanza
Por Gerardo González Figueroa
Parto de la idea de que el narcotráfico ha ido permeando a la sociedad y al Estado, en esa lectura el llamado conflicto o guerra contra y entre el narco tiene tres ejes para el análisis: la necro política que es la más dura, la captura del Estado y el Conflicto Armado No Internacional (CANI).
La captura no es solo soborno; es la sustitución de la autoridad. Para ello el narcotráfico hace Captura de Gobiernos Locales: En varios municipios de la Sierra y la Frontera, pero no solo, podemos verlo en varios municipios de todas las regiones de Chiapas, el crimen organizado no solo decide quién gana las elecciones, sino que designa a los titulares de seguridad y obras públicas. El presupuesto municipal se convierte en una caja chica para el esfuerzo de guerra (combustible, alimentos, salarios de halcones).
La Justicia como Arma: Cuando hay captura, el sistema judicial se usa para perseguir a los rivales o a los defensores de derechos humanos que denuncian el conflicto, mientras se garantiza impunidad total para el grupo dominante. Las instituciones del Estado que procuran justicia, en realidad son amenazadas, compradas o cooptadas por el narco o llamado crimen organizado.
Se observa el uso de bases sociales para gestionar apoyos gubernamentales, condicionándolos a la participación en bloqueos o manifestaciones a favor del grupo criminal (uso de la población como «escudos humanos»). O, incluso las organizaciones sociales presionan y obtienen recursos públicos lo que empodera y alía a los grupos delincuenciales, así vemos el ejemplo del llamado MAIZ de Frontera Comalapa, o quienes dan proteccion, como es el caso de San Cristóbal de Las Casas.
Dinámica del CANI: El Control Territorial Militarizado
Bajo el marco del CANI, el territorio no se «administra», se «ocupa». Las Soberanías en Disputa que significa el control de los corredores fronterizos y la Sierra Madre de Chiapas o los de las fronteras interiores hacia el istmo o el Golfo, no es solo por el tráfico, sino para establecer zonas de retaguardia segura. La captura de la policía municipal permite que estos grupos se muevan con total libertad, usando uniformes o vehículos oficiales para tareas logísticas del cartel. La instalación de retenes con tecnología de vigilancia y el control de los suministros básicos (gasolina, gas, tortilla) son indicadores de una gobernanza criminal total. El desabasto inducido es una táctica de guerra para doblegar la resistencia comunitaria.
Se “levantan” a las personas, que significa desaparación, familias enteras que son llevadas y que nos hace preguntar: ¿a dónde y qué hacen con las miles de personas desaparecidas?
Despliegue de Fuerzas y el Dilema de la Colusión, desde el eje de Captura del Estado, la presencia militar adquiere una dimensión ambivalente: Inmovilidad Táctica, la percepción de que las fuerzas federales «solo miran» puede interpretarse como un síntoma de captura institucional a niveles medios o altos, donde la orden es no confrontar para no alterar el equilibrio de fuerzas o favorecer pasivamente a un bando sobre otro. Son muchas las denuncias de retenes que solo observan, pero no pasa nada.
Las Fuerzas Locales (FRIP/Pakales) que, bajo este modelo, estas fuerzas corren el riesgo de ser «ejércitos privados» con presupuesto público, utilizados para la limpieza social o el control de insurgencias comunitarias que se oponen al control criminal. La Desarticulación de Las policías estatales y municipales no están «debilitadas», están asimiladas. En un CANI con captura de estado, la policía local funciona como el primer anillo de inteligencia para el actor armado no estatal.
Por último, la Judicialización y Victimización en un Estado Capturado, en donde encontramos Patrones de Violencia Letal como Los homicidios y desapariciones que no son solo «ajustes de cuentas» aislados; son operaciones de limpieza territorial. Las víctimas son frecuentemente líderes comunitarios que mantienen la cohesión social, ya que una comunidad organizada es el mayor obstáculo para la captura del estado. El Sistema de Justicia como Barrera ya que el reto no es la capacidad técnica de los jueces, sino la integridad sistémica. La captura judicial implica que no hay denuncias porque la fiscalía es vista como una extensión del grupo criminal, sin dejar de mencionar que las víctimas son Jóvenes reclutados forzosamente (carne de cañón), migrantes (fuente de financiamiento) y defensores del territorio (obstáculo político).
Entonces en esta perspectiva, el narcotráfico en su fase de narcopolítica se genera en tiempos de la hegemonía priísta, continua y cambia de escenario con el PAN y explota en cuanto a niveles de violencia en tiempos de MORENA, Chiapas es el mejor ejemplo.
La alcaldesa de Uruapan responde a una pregunta si ella ha tenido contacto con el narcotráfico: “no”, es rotunda su respuesta, siendo víctima -la de su esposo- de lo que parece un asesinato perpetrado por el narcotráfico. Es el tipo de cooptación o captura que hace el crimen organizado. Antes se movía entre las sombras, en complicidad de policías, judiciales y autoridades judiciales, a partir de sus luchas por el control de los territorios y la distribución de drogas. Esto tiene muchos años, demasiados.
En la disputa política, en la polaridad política, las víctimas, la misma sociedad quedan al margen, porque la captura del Estado no es solo a las instituciones de este; también la narrativa, todo es problema de quien tiene el poder político cuando el crimen organizado requiere del consumo, del traslado, de la venta ¡de la exportación! Es decir, de lo local y de lo global.
Ayer fue el cartel de Guadalajara, después la Federación, siguieron los territorios: Tijuana, Sinaloa, Chihuahua, Tamaulipas, hasta llegar a un actor global, en donde aeropuertos, puertos, lavado de dinero, gobiernos, mostrataron la cara del poder, y de las redes que son quienes devoran a las personas, pues la guerra del narcotráfico tiene sus víctimas: secuestrados, levantados, desaparecidos, miles de fosas, miles de vidas cegadas por un poder producto del capital.
Son amplios los negocios, por ejemplo, industria farmacéutica, pero la movilización de tantos recursos y dinero, que implican al contrabando de armas y diversas redes de explotación de niños y mujeres.
Si dejamos solo el asunto como un problema de personas gobernando, nada va a cambiar. Es la hora de la sociedad, quitarles el peso a las familias de las víctimas de esta guerra, de esta captura, de esta barbarie.
Chiapas es una simulación de medallas, de humanismo. Es el momento de que se empiece a poner un alto, ya son demasiadas las víctimas.







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