Entre derechas te verás

Miguel Ángel Zebadúa Carboney*

Tuvo que ocurrir en Francia. Los franceses decidieron arrojar al cajón de la historia a una de las más añejas tradiciones políticas: la socialdemocracia y el conservadurismo, pilares de un viejo edificio histórico, para optar ni por “socialismo” ni por “neoliberalismo” pero sí por la ultraderecha y derechas. No es que el “neoliberal” Macron se haya corrido al “centro político” porque también está alineado a la derecha.  Por eso tiene razón la portada del diario La Jornada con relación a las elecciones francesas: “derecha y ultraderecha a la segunda vuelta”. Aunque su postura centrista le dio al extrabajador de bancos y hasta 2016 miembro del equipo de Hollande, Macron, una ventaja para recoger el hartazgo bipartidista ofreciendo ni herencia de ninguno de los dos proyectos “neoliberales”, si que por ello deje de lado precisamente la herencia de Hollande, quien en una de sus últimas presentaciones tuvo que salir por una puerta trasera y evitar dar la cara a la gente y la prensa.

Entonces, hasta ahora, los franceses tampoco desean el comunismo ni el socialismo, ¿ni el neoliberalismo? La lección histórica de no votar por el bipartidismo tradicional – existente, con sus diferencias obvias, en Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, España hasta hace poco, y otros-, no hay duda de que la patente de esta decisión histórica (“no más de lo mismo”), es francesa, como lo es con la primera Revolución burguesa, la cual mandó al baúl de la historia a la monarquía. ¿Será Francia, Macron, la alternativa a los viejos modelos económicos y políticos, o será para detener el avance de Marie Le Pen? Sea lo que pase, es en la derechas donde se resolverá un futuro.

Esta tendencia de la derechización de las masas ha también tenido y tiene alcances globales. Claro, con matices propias de culturas políticas. Lo vimos en el brexit inglés, en Estados Unidos. Recientemente Trump identificó a varios periodistas como responsables de un mal periodismo solo por criticar su gobierno. Esta decisión pudo haber sido motivo de una condena porque, atenta contra la democracia y la libertad. Pero no; a esto no muchos medios masivos de comunicación le dedican tiempo. Algo parecido ocurre en algunas regiones latinoamericanas donde el fenómeno de la relación entre  enriquecimiento y corrupción total de los políticos se ha convertido en un hábito aceptado o tolerado, inducido y usado, típico de una cleptocracia pero con poca difusión.

La expresidenta de Brasil Dilma Russef al visitar México ha denominado “oligopolios”, a los medios masivos de comunicación responsables en parte de su destitución mediante un “golpe de Estado parlamentario”. Estos oligopolios hacen su trabajo, por ejemplo, en Venezuela, donde las noticias de un problema complicado son parcializadas. En México estos medios –Televisa, Tv azteca, y sus brazos subsidiarios- juegan un rol estratégico en la construcción de la mentira y del miedo, ocultando por ejemplo el caso de Obredrecht y OHL y magnificando sin límites el factor Duarte como peón antimorena. El intento de desviar la atención con la finalidad de ocultar los presuntos fraudes derivados del caso Obredecht u OHL, llega hasta nombres de niveles altos del gobierno peñista como el exdirector de PEMEX, Emilio Lozoya. ¿Quién recuerda hoy este asunto cuando la nota ha sido y es la captura de Duarte, otro capo más, o los videos contra Morena?  ¿Acaso la segunda captura del Chapo también sirvió para motivar otra percepción social?

En el gran robo que los políticos oligarcas hacen del Estado, su oportunidad para continuar con esta práctica de “vivir de la política” es arrebatarle el poder político a los gobiernos que procuran hacer justicia contra la corrupción. Quizá este sea uno de los temores de algunos políticos en México si Andrés López llegase a ser presidente e impedirlo “como sea”. En otras palabras, no quieren compartir con nadie que no sea de su “clase” esta especie de privilegios económicos, financieros y comerciales. (Los casos del expresidente peruano y del presidente argentino son ejemplos visibles de esto y los papeles de Panamá .) Sus razones se comprenden sólo en la lógica de no visibilizar precisamente sus redes de cadenas de corrupción e impunidad. Por eso su lucha política es proteger esos privilegios, mediante su desconocimiento u olvido desviando, manipulando y usando la atención como en México. Algo de esto reveló la expresidenta Russef como objetivo para su destitución: “(…) el motivo principal fue evitar que las investigaciones anticorrupción que estaban en curso llegaran a ellos. Esto es importante destacarlo, porque nunca queda claro que fueron precisamente las condiciones legales e institucionales que impulsó primero el ex presidente Lula y después yo misma para avanzar en la lucha anticorrupción.“Hoy sabemos, porque el propio señor Temer lo ha dicho, que la razón por la que me derrocaron fue una venganza, precisamente porque no impedí que avanzaran las investigaciones contra la corrupción. Tampoco las impidió el ex presidente Lula en su tiempo.“En la medida en que las investigaciones avanzaron, se reveló un entramado de corrupción gigantesco que involucra a otros actores. Pero nos siguen señalando a nosotros. A Lula, por ejemplo, el procurador lo acusa. Se le piden pruebas y él solo responde que no tiene pruebas, que no las necesita; que tiene convicciones. Y a partir de sus convicciones está decidido a impedir que Lula sea candidato.” (Cursivas mías.)

Me pregunto por qué el canciller Videgaray –miembro de la élite política- ha estado muy activo condenando al gobierno de Venezuela, pues en la OEA, también habría lugar para analizar la violenta situación mexicana: periodistas asesinados, desaparecidos, corrupción política, impunidad, amenazas, linchamientos, asaltos carreteros, ladrones de jersey…

*Politólogo

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