New order

Foto: Roberto Ortiz

Algunas pequeños negocios de la economía casera se ven más en las calles de Tuxtla. No estaban antes de la llegada del covid19. Se trata de comida hecha en casa, que si bien ya se ofrecía, no era muy visible como ahora, posiblemente lo es debido a que las necesidades económicas han aumentado inesperadamente, como la pérdida del empleo, deudas. Empobrecimiento en los niveles medios hacia abajo de forma más severa. He oído la palabra “proletarización de la clase media”. Quizá es la adecuada. Otros, como neveros, afiladores, paleteros, eloteros, fruteros, continúan sus movimientos como si los impactos de la crisis del capitalismo no ha hecho daño sus economías. Pero en hoteleros, turismo, fábricas, bancos, sí. Calles de barrios empiezan a ocuparse. No de protestas. De anuncios ofertando comida casera. La bicicleta del nevero parece ir sin preocuparle el anunciado abismo hacia donde se dirige la economía capitalista, acaso muy profundo que el crac de 1929 se quedaría corto. Eso parece estar en juego: un nuevo orden económico debe surgir porque el de Bretton Woods ha llegado a su fin. La pandemia ha afectado a ese viejo orden acordado entre Estados Unidos y sus aliados, en el cual otros se asumen los herederos del nuevo. Es un pleito entre ricos ya presenciado antes de la primera guerra mundial, donde el dinero, los recursos naturales –agua, petróleo, gas, aire- y el control total de la tecnología digital, son los fines. El medio no es, ahora, el conflicto; porque anteriormente fue la guerra, precedida por una tenaz geopolítica de las naciones europeas del último conflicto mundial, cuyo costo fue incluir a Alemania, Japón e italia en el club de los ricos, algo que Inglaterra lo vio como una natural e inevitable competencia capitalista. Ha sido el covid-19.

En ese pleito otros desean ingresar y ser protagonistas, económica y militarmente. Es el caso de China, Rusia, y tal vez India, una nación curiosamente muy afectada por la bacteria, como Estados Unidos, Italia y España en su momento, y México, con un promedio de 5 mil nuevos contagios y casi mil muertos diariamente y un total 500 mil contagiados. Es mucho.

La otra cuestión es que los límites del capitalismo están a la vista. Al menos es dicen los expertos. Se necesita entonces otro “orden mundial”. En el curso, las protestas sociales también se ven en las calles. Baste que un policía asesine a un negro para que los enemigos de Trump –grupo de millonarios filántropos y los monopolios de la tecnología digital, aprovechen echar paja al incendio racial visto ya, asimismo, en otros países. Lo ha dicho la ONU, la OMS: falta aún lo peor por venir. Se refieren a la otra fase: la económica. Entonces como dice un analista, si el Titanic que ya chocó con el hielo, el hundimiento será inevitable.

Su desenlace no está claro. Para algunos es urgente la vacuna y detener ya la bacteria. Para otros parecería les conviene prolongarla. Cabe aquí principalmente la voz principal: la OMS, quien duda de la vacuna descubierta en Oriente y quien no hace equipo con Trump. Con quién sí, es con el presidente de México. Mientras tanto, el miedo se ha ido. Los bozales y el confinamiento ya no son tan disciplinarios. En realidad, para muchos nunca lo fue, porque continuaron trabajando. Pandemia clasista, dicen. Pobres sí, ricos no; viejos sí, jóvenes no.

También es inducida. “No nos hagamos ilusiones, estamos ante una operación planificada cuidadosamente”, dijo Michel Chussodosky. Sin un Keynes a la vista, una salida es el nuevo pacto social Rusia-China-EU. La otra, la guerra. Pero esta es una apuesta muy arriesgada porque la economía ya ha hecho su parte.

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