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Secretaría de Salud en Chiapas registró el pasado 20 de julio de 2021, 37 contagios nuevos de COVID-19 en el estado. Cortesía: Salud Chiapas

La OMS, la ONU, empresarios “filántropos”, hablan al mundo con su voz de alarma, de miedo, incertidumbre. Cobijados otra vez como en las anteriores veces, en “una nueva variante” del virus que ha traído a la muerte de regreso desde quizá, la segunda guerra mundial, arropados por los grandes medios de comunicación y de la tecnología, por gobiernos y políticos bajo la lógica de convencer, en tomar nuevamente las medidas médicas para salvar vidas: vacunarse. Una apresurada y bien planeada campaña donde la población es sujeta a las repeticiones desde noviembre pasado, a obedecer confinamientos, cartillas de identificación obligatorias, test, revacunación.

Y como la vez pasada, el año pasado, las alertas notan una prisa por concluir un proceso acumulativo de cifras altas, dosis empleadas, contagios, de las voces autorizadas hablando, las advertencias de los y las políticas de lo que se viene será peor.

Segundo acto. Son las voces del establishment, llamados por algunos, de la oligarquía, por otros. En el primer cuadro, el dueño de Microsoft, políticos, Biden, Merkel, y otros, quienes llevan la voz cantante a todos los rincones de los hogares, trabajo, aldeas; en el segundo cuadro, toda la sociedad acumulando, miedos, deudas, vacunas, pausas, promesas, esperando el llamado para entonces, obediente ir a sus casas a, nuevamente, esperar. ¿Obedecer he dicho? Otras voces, la disidente en ciernes, invisibilizada por los monopolios del control social (diversiones, cine, series, deportes, y sobre todo, entretenimiento,) protestan contra lo que desde muchos siglos se ha gritado y oído en la Europa moderna: libertad.

Y es que cuando Europa gritó libertad, todo un viejo régimen se vino abajo dejando ver a la revolución social como presente y la edad media como historia. Primeras protestas contra las medidas disciplinarias, contra el derecho de elegir, si obedecer es parte de otro proceso de limitar las inconformidades como consecuencia directa de la pandemia, si es parte de un experimento de control masivo. Los primeros culpables empiezan a aparecer: los antivacunas. Con ello el camino a la segregación o estigmatización está a la vuelta de la esquina. No es cualquier cosa. Es un peligroso movimiento hacia las arenas movedizas que circundan la culpabilidad, la exclusión, la intolerancia hacia un escenario que podría ser aceptado de forma total. Con totalidad quiero decir, totalitarismo, como una forma de convivencia donde el poder del Estado invade, vigila, controla, amedentra, culpa y encierra, a todo ápice de disidencia, protesta, e inconformidades humanas.

La aceptación de todo lo indicado por esas voces poderosas, que, si resulta benéfico para todos y termine el miedo y la incertidumbre, será muy bien recibido; pero si no, esto es, si es todo esto un juego riesgoso por cambiar, transformar, o resetear toda la vida humana con ayuda de la tecnología hoy muy dominante y desarrollada, y lucha de las grandes potencias, entonces los ingredientes geopolíticos, geoeconómicos, empezarán a mostrar algo más del tercer acto esperado.

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