Riesgos bélicos

Cortesía: Joe Biden

Es cierto: el lenguaje del presidente Biden no ayuda. Pareciera una provocación. Jalar al presidente Putin a otro terreno: al de la confrontación verbal. En otro momento estas declaraciones hubiesen sido motivo de llamar al embajador ruso a consultas. El adjetivo usado por el norteamericano contra el ruso deja de lado el otro terreno: el diplomático y el de la negociación. ¿Acaso se han olvidado de esta estrategia usada desde hace mucho tiempo, sobre todo, posterior a la Segunda Guerra Mundial, donde, por ejemplo, un anticomunista -Winston Churchil- tuvo que sentarse con un anticapitalista -Josef Stalin?

Sí, una cumbre como la de Yalta era y –es– necesaria. Sobre todo ahora que las palabras suben de tono, pero el problema, acaso el principal, es que “la amenaza soviética” antes, y rusa ahora, no ha dejado de ser parte de la política exterior estadounidense. Durante la llamada guerra fría ese “enemigo rojo” -como en su momento lo fueron los japoneses, alemanes-, justificó rearme -como hoy-, paranoia, golpes de Estado, terrorismo de Estado… La imagen del enemigo, es necesaria para replantear y defender el “mundo libre” del “totalitarismo”.

Como antes, esa estrategia antirusa es hoy lanzada al mundo través de los medios afines a Estados Unidos, inaugurando otra forma más de censura de Occidente contra Oriente desde la lucha contra “el terrorismo”. Varios son los ejemplos históricos donde se muestra es incómoda presencia que significó para los líderes de Occidente tener que lidiar con una potencia vencedora como fue la URSS posterior a la segunda guerra mundial. No obstante, esto esos líderes políticos enemigos ideológicamente se sentaron a dialogar, negociar y repartir el pastel mundial, aunque bajo la batuta de la pax americana.

Hoy eso no ha ocurrido. Una cumbre triple -China, Rusia y Estados Unidos- pudo replantear el mundo postpandemia. ¿Nuevas zonas de influencia? ¿Mar de China, Eurasia, Venezuela, Nicaragua? No sabemos bien del por qué no hubo una negociación con Rusia. Pero si la hegemonía norteamericana está en juego, no aceptando compartirla con otros, pasar de una bipolar a una relación tripolar, entonces tenemos una causa. Pareciera vemos una escena de un poder terco en no aceptar compartir zonas, rutas comerciales, moneda, territorios, aliados, en un mundo que ya no será igual, aunque el peligro nuclear no se haya desaparecido.

Lo que sí se aprecia como un territorio estratégico para los planes militares de Estados Unidos es Polonia. La sintonía del presidente Biden con esta nación expresado en su discurso cercano a la frontera rusa, es parte del nuevo proceso largo del que hay que prepararse, dijo. Poner atención allí, es prioridad debido a la cercanía con la zona de influencia rusa. El sentimiento antiruso del gobierno polaco es ahora aprovechado por Estados Unidos, al grado de ayudar a su aliado en la OTAN. Ayudar a Ucrania con armas sólo aumentará más la tensión de al parecer, una decisión tomada de escalamiento bélico, además del rearme de varios países, presentan una escenario con olor a muerte. Polonia es una ficha clave importante porque declaraciones como esta: “… muy preocupante  que Rusia ha llevado a  cabo algunas operaciones específicas incómodamente cerca de la frontera Polaca (sic) Este es el peligro de errores de cálculo (…) que pueden conducir rápidamente a una guerra catasfrófica”, dijo el senador republicano Marco Rubio.

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