Cumbre

Cumbre latinoamericana.
Foto: ElioRguezP

No sabemos hasta estos momentos de vida planetaria a cuál “democracia” se refieren los anfitriones de la Cumbre latinoamericana, como para otorgarse el derecho de privilegiar su ingreso y impidiendo el acceso a otros que no son o no practican esa forma de gobierno. Es como si yo, y sólo yo, decido quién va a mi fiesta, cuando en realidad la pluralidad a debería ser el pan de cada día para los pocos demócratas habidos en la tierra. Es que presumir “nosotros somos los demócratas y ustedes no”, sólo porque no asumes mis valores –“democráticos”, of course−, es estar más cerca de negarse a dialogar, y hasta  mandar a volar todo lo que no es o deseo que sea, como ejemplo de “civilización”… occidental. Probablemente el inglés partidario de la burguesía, John Locke, o el aristócrata Hamilton, estarían seguramente frunciendo el cejo ante esta sala de privilegios… O tal vez no. No cité primero a los viejos Marx y Engels, porque entonces sí se carcajearían ante esta especie de “aburguesamiento” de la palabra, de quienes presumen y la colonizan.

Si el anfitrión,  intereses, lobbys, especuladores, “gusanos” o mafias, girando en torno a ese atrevimiento para intentar excluir a Venezuela, Nicaragua, y, claro, Cuba, deberíamos ponernos a pensar igualmente en la democracia norteña. Bueno, en el papel podrían decirme sí es una democracia; pero en su historia, fundación, desarrollo y práctica, podría dejar mucho que pensar, pese a que su funcionamiento ha sido un ejemplo, si se compara con las europeas, más acotadas. Ya el crítico social (sí, crítico, una palabra hoy escurridiza, ausente, que espanta porque afecta susceptibilidades académicas, laborales, amistades) C. W. Mills analizó y conceptualizó el fenómeno allí como “la élite del poder”, quien es la que domina la vida política social, militar. Es que en los hechos son dos partidos políticos, maquinarias electorales adineradas, de especulación, y de control y orden social, quienes juegan cada cuatro años su turno. Uno demócrata, otro republicano. Sí hay otros, me dirán. Sólo que esos no encabezan las preferencias electorales. Compiten sí, pero no son parte de “sistema”. Y como sabemos o deberíamos saber, decirlo o plantearlo, por lo menos, estos dos partidos son parecidos. (No escribí “muy parecidos”, porque no lo son; sin embargo, en ocasiones, los demócratas parecieran comportarse como “republicanos”.)

No permitir, si en el presidente Biden descansa la decisión, que todos acudan a la cumbre, sea la ideología o forma de gobierno que sea, es ver que el pasado sigue siendo presente: un muro o pretexto ideológico frente a todo aquel osado que haga u oriente sus políticas fuera de las del Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional, u otros organismos surgidos del mundo de la posguerra −como Rusia hoy en el fondo reclama, lo que el fundador del Foro Davos (enclave de la plutocracia mundial precisamente a favor de esta forma de vida que pretendió ser global en inglés, con Hollywood, Wald Disney, Netflix…), dijo estar en puerta “un nuevo orden mundial”.

Frente al empuje de otras formas distintas desde abajo en la región, opciones cuestionadoras de políticas desiguales, explotadoras y coloniales, hoy, el centro hegemónico no ve con buenos ojos estas nuevas irrupciones que van desde México, Honduras y quizá, Colombia, No sabemos por qué algunos usan a la democracia cerrando puertas, por lo menos, el diálogo, e intercambio, partes básicas de la democracia.

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