L.E.A

Luis Echeverría Álvarez.
Foto: Cortesía/Twitter @LuisJacomeG

Primera parte

Son las iniciales del expresidente fallecido: Luis Echeverría Álvarez. “Arriba y adelante” fue su lema. Sucesor de GDO (Gustavo Díaz Ordaz), continuó una larga cadena autoritaria y represiva, violencia, desaparecidos, levantados, torturados, espiados, resumido como   “terrorismo de Estado”, una especie de guerra interna -sucia- llevada a cabo por policías, agentes de seguridad, militares, paramilitares, grupos de choque, contra un supuesto “enemigo interno”, justificada durante los años de otra guerra -la fría- y la paranoia anticomunista después de la segunda guerra mundial -¿limpia?

A LEA la historia le reclama estos señalamientos desde que dejó de ser presidente de un país donde convertirse en esto es sinónimo de real poder político. Lo es desde que el presidente Venustiano Carranza cerró filas en torno a ese personaje, que en el imaginario social suele ser una especie de tlatoani, virrey, un presidente, la balanza de un sistema político presidencialista, sin peso aparente del Congreso o del otro Poder, el Judicial.

Este Poder, dicho sea de paso, tiene la pelota lanzada desde UIF (Unidad de Inteligencia Financiera) para supuestamente investigar al expresidente EPN (Enrique Peña Nieto). Veremos entonces el segundo acto de una obra inédita, pues, por un lado, el papel principal lo tiene ahora la FGR (Fiscalía General de la República), por aquello de mostrar su autonomía; y por otro, el papel no secundario, de llamar a cuentas nada más y nada menos, a un expresidente. Por lo pronto, el fin del segundo acto está en manos de titular de FGR, abogado excolaborador de otro expresidente, sólo que prianista: VFQ (Vicente Fox Quezada).

A LEA también en su momento se le pidió rendir cuentas frente a la historia, pero no ante  las instituciones de “procuración de la justicia”. La jueza seguirá siendo la historia. El problema es que en este país nunca se ha enjuicidado a un expresidente y, menos a un presidente en funciones, como ha ocurrido, por ejemplo, en Perú, o en nuestro vecino sureño, Guatemala. Si tomamos como experiencia que el presidente en México tiene mucho poder como precandidato, durante y fuera de ese puesto, LEA no hizo nada con GDO, VFQ con EZ (Ernesto Zedillo). VFQ, el primer presidente de la “oposición”, se atrevió, precisamente con LEA, con una efímera Comisión para que las “instituciones de procuración de la justicia”, investigara su pasado; sin embargo, todo quedó en una historia. ¿Se Procederá ahora con EPN?

Esas “instituciones”, a las que hizo referencia, por cierto, EPN, fueron creadas en el viejo régimen; asimismo, el encargado de la “procuración de la justicia” es un fiscal nombrado por el presidente en turno. Así ha sido por muchos años, incluso antes de 1970. Puede ser que muchas cosas han cambiado en el sistema político mexicano desde este año. ¿También el poder presidencial? ¿No es la oposición la que acusa falsa y desesperadamente al gobierno de una mayor concentración de aquél?

Dos expresidentes priístas fueron noticia. Uno, reclamado aún por la historia: 1968 -Tlatelolco- y 1971 -jueves de corpus-; el otro, descobijado por la venganza política, para aclarar dudas desde palacio nacional que entre un ex y un presidente, no hay acuerdos. ¿Será?

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