El Mario Gómez que conocí

A Mario Gómez, el compañero periodista que hoy cumple tres semanas de haber sido asesinado lo conocí en la universidad. No éramos de la misma generación, pero coincidíamos en las actividades del consejo estudiantil: las marchas, las caravanas zapatistas, las reuniones del consejo político.

En una ocasión –de tantas- marchamos en contra del aumento del pasaje. Una comisión de estudiantes entramos a palacio de gobierno a presentar nuestro pliego petitorio con algún subsecretario de gobierno. Al salir todos nuestros compañeros se habían ido. Solo nos quedamos los de la comisión que entramos a negociar que no éramos más de 10, los policías que resguardaban el palacio empezaron a acercarse a nosotros de manera peligrosa así que hicimos lo que cualquier joven con espíritu revolucionario, pero con muchas ganas de llegar a dormir a su casa, pudiera haber hecho: corrimos.

Hubo un momento en que nos cansamos y nos paramos por unos segundos. Mario nos dijo que él era capaz de quedarse y si lo agarraban que nosotros pidiéramos su libertad. La propuesta medio la escuchamos y varios –estoy segura que yo entre ellas-  le dijimos: “ahí te quedas” y echamos a correr de nuevo cuando vimos que los policías continuaban persiguiéndonos. Mario se arrepintió de su idea de ofrecerse en sacrificio y agarró ánimo para correr de nuevo junto con nosotros. Cuando por fin llegamos a puerto seguro nos reclamó que sin más lo dejamos solo. La anécdota pronto se convirtió en chiste, el “ahí te quedas, Mario” se repetía con frecuencia en broma.

Con Mario tanto en nuestra etapa como estudiantes, como la de  periodistas tuvimos diferencias, discutíamos de manera acalorada cuestiones ideológicas –ya saben porque feminista- y dentro de cualquier movimiento una tiene que hacer otro movimiento, pero con todo y todo sabíamos que caminábamos del mismo lado. Cuando coincidíamos me hablaba de su pueblo –Yajalón- con el pecho levantado, pero en los últimos años se encorvaba y decía preocupado que la situación estaba más difícil “cuando vayan a ir, me avisan para que los acompañé porque está peligroso” se ofrecía.

Al otro día de su asesinato, marchamos las y los periodistas de Chiapas por la principal avenida de Tuxtla. Cuando hice mi pancarta lo único que pude poner fue: “Por estas mismas calles  te manifestaste, Mario. Justicia”. En todo el recorrido me llegaba su imagen con su playera roja del Ché Guevara, que tanto lo molestábamos que no se la quitaba.

No era la primera vez que marchaba por el asesinato de algún periodista. Lamentablemente, en este país de la impunidad, nos obligan a salir a las calles para exigir justicia para nuestros compañeros y compañeras. En está ocasión fue diferente. Ya no era un periodista del  norte del país, de aquel lugar lejano donde el crimen organizado ha tomado las riendas. Era uno de los nuestros.  No era nadie lejano. No era el crimen organizado que dibujan las narcoseries, era el real, el que está convirtiendo a Yajalón en una zona de nadie. En donde, ahora, matan a personas de bien como Mario o como el profesor Martín de Jesús Gómez López.

Hasta ahora solo una de las dos personas que acribillaron a Mario ha sido detenida. ¿Y los autores intelectuales? Hay una falsa percepción de que el caso  fue atendido con celeridad y está resuelto. No es cierto.

Desde que mataron a Mario, las y los periodistas de Chiapas hemos realizado cinco movilizaciones y hoy hacemos una más de manera virtual y así seguiremos, encontrando nuevas formas de movilizarnos porque nos resistimos a empezar a contar nuestros muertos, porque no habrá un “ahí te quedas, Mario”, porque no nos vamos a echar a correr, porque no nos vamos a cansar, porque a quien se llevaron fue a uno de los nuestros. ¡Justicia para Mario Gómez!

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