La otra liberación sexual
Dos días antes de que yo me mudara al Distrito Federal, mi padre entró al cuarto para pedirme que dejara lo que estuviera haciendo en ese momento y prestara mucha atención. A la luz de mi viaje, tenía bastante claro que había llegado la hora de tener esa conversación. Papá estaba convencido de que en el DF mi vida podía desbarrancarse y, de hecho, era muy probable que se desbarrancara. Quería, con la comprimida historia de sus propios excesos, advertirme que la libertad con frecuencia se convierte en libertinaje. Me habría encantado decirle que sus consejos eran, por decir lo […]











