Los caminos que llevan a Roma

La película Roma proyectada en el Museo de la Ciudad de Tuxtla. Foto: Sandra de los Santos.

Para este día es muy probable que alguna crítica, comentario o conversación sobre la película Roma de Alfonso Cuarón haya leído o escuchado. No se apure, no voy a intentar hacer una crítica sobre la cuestión técnica del filme porque para empezar mis conocimientos en esa área son limitados.

De Roma me ha gustado, principalmente, dos aspectos: llevó el cine a los espacios públicos e hizo visible diferentes temas.

El filme fue proyectado en pocas salas de cines, la principal plataforma de difusión fue Netflix y eso permitió que colectivos, personas a título personal, grupos culturales, familias se organizarán para ver la película en diferentes lugares, muchos de ellos espacios públicos.

La segunda vez que vi Roma fue en el Museo de la Ciudad de Tuxtla un día después que estuvo disponible en Netflix. Con gusto vi llegar a personas de diferentes edades para disfrutar la película.

Conocí de un grupo de profesores que proyectó Roma en las respectivas comunidades que dan clases. Un colectivo organizó todo para que se viera en el parque del municipio Ocozocoutla. Hace unos días en la Galería Disner en Tuxtla Gutiérrez también se proyectó el largometraje y estos son solo los casos que conozco, pero hay muchos más.

El llevar el cine a los espacios públicos permite que más personas puedan verlo y el factor económico no sea una limitante para poder acceder a una expresión artística.

El cine y la televisión nos han acostumbrado a personajes que son “buenos-buenos” o “malos-malos”. Las personas en la vida real, en la cotidianidad tenemos prácticas, unas de ellas nobles y otras cuestionables. La misma persona a lo largo de su vida y de acuerdo a su contexto puede ir de un lado a otro y  así son los personajes de Roma.

El retratar a los personajes en su amplio espectro de emociones ayuda a que reflexionemos sobre ciertos temas, que por estar en la cotidianidad se han naturalizado y vuelto invisibles.

Con Roma se ha puesto en la mesa de discusión la relación afectiva y laboral que se sostiene con las personas que se dedican al trabajo del hogar. “La facilidad” con la que los hombres abandonan su paternidad así sea en la clase alta o más baja. La forma en cómo las madres solteras se enfrentan a las separaciones sin oportunidad del duelo porque hay niños que cuidar.

Alfonso Cuarón dibuja cómo nos enfrentamos en la cotidianidad a la desigualdad social, la discriminación, la infidelidad, la injusticia, el sexismo; pero también a la solidaridad, la indignación y el amor. Es la vida misma.

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