María de la Luz Velasco Jiménez, la mujer que llevó los Acuerdos de San Andrés al tojolabal

María de la Luz Velasco Jiménez, la mujer que llevó los Acuerdos de San Andrés al tojolabal

Historia de lucha, lengua y palabra desde Las Margaritas

 

Hablar su lengua con orgullo, trasmitir los derechos de los pueblos indígenas e inspirar a otras mujeres a estudiar y participar en la vida pública son algunas de las enseñanzas que deja la historia de María de la Luz Velasco Jimenez, mujer tojolabal originaria de Gabriel Leiva Velázquez, Las Margaritas, Chiapas.

Su vida es testimonio de cómo la educación, la persistencia y la palabra pueden abrir caminos incluso cuando las condiciones parecen cerrarlos.

A sus 51 años, su trayectoria está marcada por una participación histórica, interpretar al tojolabal los contenidos de los Acuerdos de San Andrés, el documento surgido del diálogo entre el gobierno federal y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional tras el levantamiento armado de 1994.

Pero su historia va más allá de la política o la traducción, también es la historia de una mujer que desafió el destino que durante mucho tiempo se asignó a muchas niñas de pueblos originarios, casarse temprano, quedarse en casa y abandonar la escuela.

“Por ser mujer y por la falta de recursos económicos, no tuve la oportunidad de estudiar cuando debía”, recuerda.

María de la Luz fue la última de doce hermanos, durante su infancia logró terminar la primaria (nivel básico), pero cuando quiso continuar sus estudios se encontró con una barrera común en muchas comunidades rurales. La decisión final la tenía el padre.

“En ese tiempo yo pedí salir a estudiar, pero mi papá me dijo que no. Antes no se podía contradecir al papá”.

A pesar de esa negativa, encontró la manera de seguir aprendiendo, estudió la secundaria abierta, viajando desde su comunidad hasta la cabecera municipal para asistir a asesorías y comprar los libros del entonces Instituto de Educación para Adultos.

“En ese tiempo los libros se compraban. No era como ahora que los jóvenes los reciben gratuitos y muchos ya no quieren estudiar”, comenta.

A los 22 años decidió salir de su comunidad para trabajar y continuar con su formación; Ingresó al Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE) como instructora comunitaria, lo que le permitió obtener un ingreso mientras seguía estudiando.

“Trabajaba y estudiaba. Siempre fue mi deseo seguir aprendiendo y tener más conocimientos”, dice.

Con el tiempo se trasladó a San Cristóbal de Las Casas, donde combinó trabajo y estudios hasta concluir en 2011 la licenciatura en Ciencias de la Educación con especialidad en Psicología Educativa.

Actualmente trabaja como locutora en una radio comunitaria La Voz de la Frontera Sur, desde donde continúa promoviendo la lengua y la cultura indígena.

Uno de los momentos más importantes de su vida llegó cuando participó en Centro Estatal de Lenguas, Arte y Literatura Indígenas (Celali), en el proceso de traducción al tojolabal de los Acuerdos de San Andrés, firmados en 1996 en San Andrés Larráinzar.

El documento recogía las demandas de los pueblos indígenas en temas como autonomía, derechos colectivos, cultura y participación política.

Para ella, ese trabajo implicaba mucho más que traducir palabras, “Primero tuve que entender el origen del movimiento de 1994 y qué significaba realmente para los pueblos indígenas. Solo así podía bajar esa información a mi lengua”, explica.

“El reto no fue sencillo, conceptos como: autonomía, libre determinación o pronunciamiento no tienen equivalentes directos en tojolabal, por lo que el proceso implicó buscar referencias dentro de la propia organización comunitaria”.

El proceso también generaba debates entre los propios traductores. Cuando encontraba términos difíciles, consultaba a su comunidad, su padre, con autoridades comunitarias y con otros hablantes de tojolabal.

“Tenía que pensar cómo se dice en las asambleas, cómo hablan las autoridades, cómo se organiza la comunidad”.

Participar en ese proceso fue también una escuela política para ella. “Mi mente cambió mucho después de ese trabajo”, afirma.

Antes, no tenía claro que como mujer indígena tenía derechos “hablar mi lengua y que no tengo por qué sentirme menos que nadie”.

Sin embargo, reconoce que muchas de las demandas plasmadas en ese documento siguen pendientes.

En su opinión, las mujeres indígenas enfrentan tres formas de discriminación al mismo tiempo: por ser mujeres, por ser indígenas y por vivir en comunidades marginadas.

 

María de la Luz Velasco Jiménez, la mujer que llevó los Acuerdos de San Andrés al tojolabal

Aunque hoy existen más mujeres con estudios y cargos públicos, considera que en muchas comunidades la participación femenina sigue siendo limitada.

“Las mujeres que hemos podido salir y estudiar aún somos pocas”.

En algunos lugares, explica, todavía resulta difícil que una mujer sea agente municipal o comisariada ejidal, y muchas ni siquiera se sienten con libertad para asistir a reuniones comunitarias, menos para tomar la palabra.

Uno de los grandes retos, señala, es llevar información sobre derechos a las comunidades. Durante su trabajo en medios comunitarios y talleres de capacitación ha intentado hablar con mujeres sobre estos temas, aunque reconoce que no siempre es sencillo.

“A veces si llegamos diciendo que queremos hablar de derechos de las mujeres, no nos dejan entrar”.

Otro aspecto que le preocupa es que muchas personas en las propias comunidades no conocen el contenido de los Acuerdos de San Andrés. Incluso algunos promotores culturales, dice, tienen solo una idea parcial del documento.

“Este documento debería conocerse en todas partes”, afirma.

Considera que su difusión debería fortalecerse en universidades, organizaciones e instituciones educativas.

Si los acuerdos se aplicaran plenamente, asegura, Chiapas sería distinto.

“Habría más organización, pero no para pelear contra el gobierno, sino para defender nuestros derechos y mejorar nuestras vidas en comunidad y cuidar el medio ambiente”.

Recordó a uno de sus mentores, André Aubry, quien dijo a los traductores que los Acuerdos de San Andrés eran “un documento nacido de la guerra”, pero que el siguiente paso no sería con armas, sino con palabras; para ella, ese mensaje sigue plenamente vigente.

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