Me llamo Nadie y vivo en una isla

Casa de citas/ 414

Me llamo Nadie y vivo en una isla

Héctor Cortés Mandujano

 

Julio César cuida de su seguridad y dice a Antonio cuando ve a Casio, quien se supone va a protegerlo (Julio César. Coriolano, Shakespeare, UNAM, 1992:68): “Ese Casio tiene un aspecto enteco, muerto de hambre; cavila demasiado: ¡Son peligrosos semejantes hombres!”

César, el personaje de Shakespeare, insiste sobre Casio (p. 69): “Lee mucho, es muy observador, y penetra a fondo los motivos de los otros. No gusta de espectáculos como tú, Antonio; no oye música, raramente sonríe…”

Así, como Casio, son los personajes que Roger Octavio Gómez Espinosa nos presenta en los seis cuentos de Mamá no va a llamar (Tifón, 2018).

Así es el que se sabe de memoria “Las moscas”, de Machado, quien se enamora, callado y loco, de una monja y se vuelve un asesino con cuchillo en mano;

así el fragmentado personaje de “Yo, aquí, allá”, que parece repetir en su vida los versos de “La calle”, de Octavio Paz, donde es al mismo tiempo él y otro y otros, incluido su fantasma;

así es en “Ro, niña”, Mario, quien no es malo, sino un desquiciado que no logra diferenciar la realidad de la fantasía;

así otro personaje, esquizofrénico, que vive en distintos momentos varias vidas que desembocan en un tiempo que da vueltas y vueltas, en “Tiempo justo”, que recrea con imaginación y certeza “El jardín de los senderos que se bifurcan”;

así Julia y Bob que, en “Apetito”, se enfrentan a la pesadilla que Hitchcock nos contó en Los pájaros, con el agregado de un monstruo y un perro indefenso;

así el que piensa en los rezos mientras espera la muerte en el cuento magnífico “Mamá no va a llamar”, que cierra el volumen…

 

Ilustración: Juventino Sánchez

Los personajes que ha dibujado Roger podrían llamarse Nadie y vivir en una isla. No saben de convenciones, no entienden el mundo, van a morir en el mar por no fijarse en cuestiones elementales, van a ser presas de los pájaros, están obsesionados por las moscas, viven en pesadillas eternas, son víctimas de sí mismos…

Mamá no va a llamar es parte de la colección “Pinolillo, libros chiquitos pero entretenedores”, que diseña e ilustra Juventino Sánchez (en este caso la portada corresponde a Alejandro Nudding) y es una muestra más del oficio minucioso, de la imaginación un poco mórbida de Roger Octavio, de su talento innegable.

Me parece que Gómez Espinosa es un narrador que ya tiene una obra atendible, disfrutable, admirable y que, sin duda, aquí sólo entreabre la puerta de los muchos libros con que seguramente habrá de sorprendernos. Celebro esta publicación, porque son pocos los autores con tanto presente y tanto futuro como Roger Octavio Gómez Espinosa. Léanlo. Mamá no va a llamar es un librito gigante.

 

*Texto leído el viernes 21 de diciembre de 2018, en Telar Teatro, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

 

***

 

Me gustaron mucho varios de los cuentos que reúne Ítalo Calvino en Por último, el cuervo (Siruela, 2011).

Aprendí una nueva grosería en italiano (me sé varias), en la página 101: Sticchio’e soreta y descubrí que la palabra “descuajaringada”, página 190 (“Que tiene sus partes flojas y destartaladas por el uso o el tiempo”), no es una invención de la gente que, cuando yo era niño, la usaba con frecuencia.

Binda (un nombre que me pareció femenino) es un muchacho que tiene que avisar a sus compañeros combatientes de algo crucial, en “Miedo en el sendero”. Cuando baja por la noche de la montaña, ve que el enemigo está cerca y dice Calvino algo que me encantó (p. 111): “Un animal corría por las huellas de Binda, surgido del fondo de territorios infantiles, lo seguía, rápidamente lo alcanzaría: el miedo”.

“Ahorcamiento de un juez” muestra a un juez que desprecia a los pobres y, por eso, simplifico, pese a que muchos observan su actuar, salva de la horca al rico que cometió el delito en contra de uno de los desposeídos. Los pobres, entonces, le piden que vaya con ellos (en uno de esos finales, como en el cuento “Por último, el cuervo”, donde lo mágico aparece) y el juez se deja conducir. Cito (p. 211):

“[…] Sin tocarlo lo sacaron por una puertecita al patio desierto, hasta el pie de la horca.

“—Sube a la horca –dijeron.

“El juez introdujo la cabeza en el lazo corredizo. Los otros casi no lo miraban.

“—Ahora, dale una patada al banco –dijeron y se fueron.”

 

***

 

Para adultos (Conaculta, 2014), de Francisco Toledo, es un ejercicio supongo lúdico de este gran maestro de la pintura, que usó fotos pornográficas de revistas, la mayoría explícitas (penetraciones, vaginas, penes, eyaculación…), y las llevó o las trajo a su territorio pictórico. Una vagina se convierte en un águila o en un hoyo de hormigas, una penetración anal es un murciélago viéndose a sí mismo en la imaginería de este hombre que ha explorado artísticamente la sexualidad en distintos discursos de las artes plásticas.

Naief Yehya, un especialista en pornografía, es gran compañía en el libro de mediano formato, pasta dura y cuidada edición.  Dice en el prólogo cosas muy ilustrativas. Por ejemplo que a (p. 12) “la toma de la eyaculación externa” la llaman en el argot money shot y “es la toma más valiosa del porno, de ahí que se le llame ‘del dinero’ ”.

Dice que (p. 25) “la pornografía es el territorio de la ficción en que se niegan las elipsis y en donde lo que se muestra es lo que es”; pese a esa realidad que muestra crudamente los genitales y el ejercicio sexual hay algo fantástico en el porno: (p. 17) “la pornotopia, donde las mujeres siempre son deseables, ardientes y están disponibles”.

            Contactos: hectorcortesm@gmail.com

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